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Número 625

27 de diciembre de 2023

 La historia del campo uruguayo a través de la sociología rural

 

*El investigador de la Universidad de la República participó en la Semana Internacional Sociología Rural 

*La actividad fue organizada por el Departamento de Sociología de la Unidad Azcapotzalco de la UAM


Cecilia Perezgasga Ciscomani

 

En un país como Uruguay, cuya economía se basa en gran medida en la ganadería, la agricultura y la forestación, la Sociología Rural resulta una disciplina necesaria para entender las formas de organización social que conviven en sus territorios.

 

El doctor Diego Enrique Piñeiro Pagliere, profesor emérito de la Facultad de Ciencias Sociales en la Universidad de la República, fue invitado a hablar sobre el tema en la Semana Internacional Sociología Rural. Homenaje a la Dra. Paz Trigueros Legarreta, organizada por el Departamento de Sociología de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

 

En 1968 se creó la licenciatura en Sociología Rural en Uruguay, pero en 1973 a causa de la dictadura militar, fue cerrada. Tuvieron que transcurrir 12 años para que se reestableciera su enseñanza. En 1989 se instituyó la Facultad de Ciencias Sociales y ahí se reubicó la carrera de Sociología, donde se desarrolla la enseñanza e investigación en el ramo, puntualizó el académico.

 

Uruguay es un país pequeño, con una población de 3 millones 200 mil habitantes; la capital, Montevideo, tiene una población de 2 millones y medio, y la población rural es de alrededor del 5 por ciento, pues muchos viven en ciudades y trabajan en el campo. La superficie agrícola utilizable es de 15 millones de hectáreas.  

 

Sus terrenos son una planicie suavemente ondulada con pocos accidentes orográficos, con suelos profundos, algunos de los cuales son utilizados para la agricultura y otros solamente para la ganadería, que es la práctica predominante en el país, señaló el doctor en Sociología por el Programa de Postgraduación en Ciencias Sociales del Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad Federal de Río Grande del Sur, Brasil.

 

En Uruguay existen tres tipos sociales agrarios: los empresarios capitalistas y sus grandes corporaciones, los productores familiares y los trabajadores asalariados, sujetos del estudio de la Sociología Rural. Los primeros han acaparado una gran cantidad de tierras recientemente, ya sea como propietarios y como arrendatarios, y contratan trabajo asalariado.

 

Dentro de la categoría de los empresarios, pueden distinguirse dos tipos sociales, uno al que llaman estanciero dedicado a la ganadería, que hace un uso extensivo de los recursos naturales, con una baja inversión, baja productividad y que funda sus ganancias en poseer muchas tierras.

 

El otro tipo social es el empresario agropecuario que realiza inversiones sobre la tierra, utiliza paquetes tecnológicos avanzados, hace fuertes inversiones de capital en riego, pasturas y maquinaria para mejorar la productividad de la tierra; su ganancia se basa en la innovación tecnológica y en el trabajo asalariado.

 

Piñeiro Pagliere afirmó que una segunda categoría de sujeto rural es el de los productores familiares, que tienen extensiones de tierras más reducidas y que utilizan sobre todo mano de obra familiar, un sector equiparable al campesinado mexicano.

 

Agregó que practican todos los rubros de producción y están diseminados por todo el país, aunque con mayor presencia en el sur y en los alrededores de las capitales departamentales, pues mucho de su objetivo de producción es el abastecimiento del mercado interno. 

 

Hay estudios que sostienen que este sector agrícola está desapareciendo gradualmente y una de las hipótesis plantea que es porque han ascendido a la categoría de productores empresariales que utilizan más el trabajo asalariado como un proceso de ascenso social, indicó.

 

La naturaleza de los trabajadores asalariados rurales encuentra una jerarquización que distingue al peón permanente de la estancia ganadera que trabaja a caballo en faenas con el ganado del peón más calificado que hace agricultura, maneja un tractor y prepara una siembra. La tendencia de contratación de este sector es tener pocos trabajadores permanentes calificados y no calificados por jornales o en forma eventual para atender los picos laborales.

 

En la primera mitad del siglo XX había una fuerte presencia en la cría y el engorde del ganado vacuno y lanar, y la agricultura extensiva estaba compuesta por cereales y oleaginosos. En la segunda mitad del siglo XX y lo que va del siglo XXI se agregan otros rubros de producción, como el arroz, los cítricos, la lechería y, más recientemente, y con gran desarrollo, la deforestación, sobre todo de pino y eucalipto, para alimentar tres grandes fábricas productoras de celulosa que se han instalado en territorio uruguayo.

 

El autor del libro Trabajo Precario en el Campo Uruguayo manifestó que al iniciar el siglo XXI se dio un proceso de acaparamiento de tierras que transformó la estructura agraria. Esto obedeció a cambios legislativos que permitieron el arrendamiento de tierras por uno o más años, en lugar del plazo forzoso de 10 años, así como una ley que subsidiaba las plantaciones forestales o una legislación que anula la prohibición de las sociedades anónimas a poseer tierras. 

 

Estos cambios legislativos produjeron una entrada masiva de capitales extranjeros, argentinos, brasileños y europeos, lo que hizo crecer la demanda sobre la tierra e hizo subir su precio. Hoy día existen enormes establecimientos agropecuarios, en su mayoría de sociedades anónimas de capitales extranjeros; los productores uruguayos, pequeños, medianos y grandes, han sido desplazados por esos empresarios que acaparan buena parte de las tierras del Uruguay. 

 

Se estima que alrededor de un tercio de la superficie agrícola del país está hoy en manos de ese capital extranjero, finalizó.