Número 613
15 de diciembre de 2023
Casa del Tiempo, un espacio para crear en colectivo
*El recinto celebra 25 años de trabajo y reconoce la labor del personal que ha hecho esto posible
*Se ha consolidado como uno de los lugares culturales importantes de la zona poniente de la Ciudad
Ángela Anzo Escobar
Al poniente de la ciudad se encuentra uno de los recintos culturales más hermosos de nuestra comunidad, con gran historia y relevancia cultural en el panorama de la metrópoli: el Centro Cultural Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
El inmueble de arquitectura porfiriana fue hogar de Concepción Lombardo, viuda del general y presidente de México Manuel Miramón, ejecutado por orden de Benito Juárez al lado del emperador Maximiliano de Habsburgo; posteriormente perteneció al secretario de Estado y diplomático del régimen revolucionario Ezequiel Padilla Peñaloza.
Consciente de su valor edilicio, cultural e histórico, en 1996 es adquirida por el doctor Julio Rubio Oca, entonces rector general de la UAM, e inaugurada el 8 de abril de 1997 como un espacio que refrendara parte de las funciones sustantivas de la Institución.
Este año se celebran de manera simbólica los 25 años de la Casa y se reconoce la labor del personal que ha estado a partir de que abrió sus puertas, así lo refirió en entrevista la maestra Cynthia Martínez Benavidez, jefa administrativa del recinto.
“Nosotros la habitamos y por eso es significativo reconocer a los trabajadores que estuvieron aquí desde que abrió sus puertas. Esta es una manera de agradecerles el tiempo que le han dado, su compromiso y su cariño hacia la sede en la que han laborado tantos años. Son un equipo muy comprometido, muchos se están jubilando y todo ese cariño tiene que trascender”.
Martínez Benavidez indicó que como universidad pública, autónoma y metropolitana existe un compromiso social muy importante y la idea de tener estos centros –del Tiempo, Rafael Galván, de la Primera Imprenta de América– es la de vincular a la Institución con la comunidad y que todo lo que produce la UAM esté al alcance del público en general.
“Esta Casa es como un umbral del tiempo y es muy bonito que le hayan puesto ese nombre, se pensó con esas características de ser un lugar que definitivamente tiene identidad universitaria. Ahora más que nunca es relevante que estos sitios sirvan para articular la vida de la Institución y funcionen como un cinturón que rodea la ciudad”.
Señaló que desde su gestión ha buscado crear entornos dignos, seguros, amables y hospitalarios, para que la colectividad pueda disfrutarlos, hacerlos suyos y regresar a ellos, en medio de ambientes tan hostiles como los que muchas veces se viven en el exterior.
“Las casas son como una puerta porque la escala es más pequeña y pueden ser laboratorios de convivencia de proyectos muy interesantes que la Institución está construyendo. Tenemos vínculo con el barrio, con los creadores y las creadoras, pero sobre todo con nuestra comunidad universitaria y es algo que valoro mucho”.
Reconoció que estos espacios han permitido a la institución estar siempre cerca de las necesidades y las problemáticas sociales, siendo por ejemplo pionera en los estudios de género y de otros movimientos sociales.
“Soy conscientes de que nos toca ser una generación bisagra, en donde hubo generaciones anteriores que abrieron caminos que tenemos que saber que existen, tenemos que ser respetuosos del trabajo que costó abrirlos y estar conscientes de que hay cambios generacionales muy fuertes, sobre todo en las formas en las que dialogamos”.
Por ello, refirió, que una de las tareas al frente de este espacio es la de facilitar la comunicación intergeneracional para que todos los saberes quepan en la casa de estudios y se incluyan todas las voces.
“La universidad debe tener una membrana que permee, en donde los valores de la UAM como el pensamiento crítico, la libertad de expresión, la autonomía, la responsabilidad social impacten hacia el exterior y la comunidad sepa que tienen estos pilares que constituyen su labor”.
Agregó que no sólo la institución tiene que salir, sino además la calle debe entrar a la UAM, abrazar su ser público y con ello construir un diálogo con la sociedad, y la casa tiene posibilidad de hacerlo, dignificar todo y ser un lugar de colectividad.
“El recinto tiene una iluminación y unas proporciones muy hermosas, es un umbral en el que la gente que entra se siente bien, aunque se han abordado temas terribles; es tan cálido que la gente tiene ganas de regresar. Se trata de ir propiciando células de bienestar, espacios de escucha, seguros y afectivos para trabajar sobre los pendientes que tenemos como sociedad”.
Sobre el trabajo y los desafíos a futuro apuntó que “uno de ellos es poder construir un relato transformador y que armonice las distintas maneras de pensar, ante los tiempos difíciles que vivimos después de la pandemia”.
La Casa abierta al tiempo cumple 50 años “debemos pensar qué es lo que deseamos aportar, tenemos muchos retos y recursos, creo que es preciso pensar en colectivo y saber que contamos con una universidad hermosísima y generosa, confiar en que estamos en un gran lugar y saber cuál es el regalo que le queremos dar a la sociedad por este aniversario”.
Conmovida y agradecida por esta celebración, finalmente invitó a la comunidad de la UAM y al público a visitar y hacer suyo este espacio: “Esta casa es UAM, les queremos, no estamos lejos, nos encanta tener aquí a todos”.