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Número 586
28 de noviembre de 2017

BUSCA INVESTIGACIÓN ENTENDER LAS ENTRAÑAS DE LA ACTIVIDAD EMPRESARIAL EN TORNO A LA CULTURA

*Los conceptos de industria creativa y sector cultural demandan conocimiento y promoción

 

Una empresa cultural es una unidad económica que se desempeña en forma legal basada en bienes, servicios o mercancías constituidos por un componente creativo en su cadena de elaboración y el cual está protegido por la ley, explicó el licenciado Eduardo Cruz Vázquez, coordinador del Centro de Difusión Cultural Casa Rafael Galván de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

 

De esta manera son colocados en circulación valores simbólicos para la sociedad que no necesariamente tienen una manufactura masiva ligada a corporativos nacionales y/o extranjeros para cubrir mercados locales y globales.

 

Al presentar los resultados del estudio Retablo de empresas culturales, un acercamiento a la realidad empresarial del sector cultural de México, cuyo propósito es entender las entrañas de la actividad comercial en dicho ámbito y fue realizado por el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU), Cruz Vázquez explicó que dichas compañías comercian bienes, servicios, mercancías y artículos como resultado de la transformación del proceso creativo y median en el mercado con el propósito de colocarlos a disposición de diversos consumidores o clientes y obtener ganancias.

 

La definición de empresa cultural incluye a quienes trabajan bajo el régimen de honorarios profesionales; personas físicas con actividad empresarial; distintas formas jurídicas de micro, pequeñas, medianas y grandes empresas, así como a fundaciones, fideicomisos, asociaciones y sociedades civiles, entre otras figuras que de algún modo intervienen en el ámbito cultural.

 

La investigación efectuada por el GRECU reveló que sólo 52 por ciento de las corporaciones que integran el sector cultural se considera parte de éste, lo que significa que los conceptos de sector y empresa culturales requieren de promoción en la realidad productiva del ramo.

 

El estudio comprendió un sondeo que planteó una representatividad nacional con al menos una unidad económica por entidad federativa, con el fin de obtener información para proyectarla y generar reacciones, señaló.

 

El cuestionario –realizado entre octubre de 2015 y septiembre de 2017– enviado a 350 empresas y respondido por 93, consistió en solicitar información básica: nombre, entidad, figura jurídica, infraestructura, tipo de actividad, número de empleados y condiciones de contratación, entre otros datos.

 

Además de las características y la percepción del sector, por ejemplo, razones por las que se decide emprender un negocio, si se realizó un estudio y un plan previo, descripción del clima de oferta y demanda en la entidad y datos sobre la operación.

 

Al exponer algunos de sus hallazgos, Cruz Vázquez refirió que las denominaciones de industrias creativa y cultural demandan conocimiento y arraigo en ese ámbito, ya que 68 por ciento de los comercios no tomó en cuenta tales conceptos para realizar el emprendimiento.

 

Resulta fundamental promover definiciones adecuadas y accesibles de sector y empresa culturales e incorporarlas a la nomenclatura legal en el contexto de la economía mexicana en los ámbitos, federal, estatal y municipal, pues de los encuestados 91 por ciento aceptó que no existe reconocimiento en cualquier sentido y nivel para las firmas del rubro.

 

Además debe promoverse de manera intensiva el conocimiento y el uso de la cuenta satélite de cultura, así como las herramientas de que dispone el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) para el estudio del sector, pues 68 por ciento de los establecimientos no ha sido censado por dicho organismo.

 

La investigación permitió conocer que los entrevistados no tienen una perspectiva financiera arraigada y carecen de instrumental adecuado para el desarrollo de sus empresas, como lo demuestra el hecho de que 58 por ciento de ellos no realizó estudios de mercado para su operación.

 

El retablo generó un piso de 36 indicadores y cumplió con su objetivo de sentar un precedente al acercarse a la realidad del sector en México y “al hacerlo señala rutas que tanto periodística como académicamente son vitales para aportar conocimientos científicos”.

 

Si la cultura quiere ser un motor de desarrollo, demanda una gran cantidad de análisis y de políticas para que la economía en ese ámbito sea una realidad en el país, finalizó.


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