Encabezado
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Número 573

19 de noviembre de 2021

EL VÍNCULO MÁS POTENTE ENTRE ARTE Y POLÍTICA ES RENARRAR

LAS PEDAGOGÍAS DE UNA NACIÓN  

*Especialistas participaron en el Foro Internacional Procesos Creativos e Inclusión

Renarrar las pedagogías de una nación, en este caso Cuba, parece ser el signo necesario y el vínculo más potente entre arte y política, pues con ello “podremos refundar las distintas conmemoraciones y ejercitar la construcción de irreverentes pluralidades que aluden a nuestras memorias sociales”, señaló la doctora Yissel Arce Padrón, coordinadora general de Difusión de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), durante el cierre del Foro Internacional de Procesos Creativos e Inclusión.
 
La historiadora del arte, egresada de la Universidad de La Habana, hizo fuertes críticas contra el Estado cubano por dogmatizar sus principios de soberanía e imponer férreos castigos contra sus artistas, quienes desde hace décadas se oponen a las políticas restrictivas contra las disidencias, mientras se abren a diversas marcas de ropa y diseño que se mantienen lejos del alcance de la ciudadanía, provocando una fuerte contradicción en sus políticas públicas. 
 
Tal es el caso del desfile de Chanel a principios del mes de mayo de 2018 en el Paseo del Prado, el cual sirvió para visibilizar las contradicciones pedagógicas de un nacionalismo que ha sabido cultivar políticamente sus enunciados triunfalistas, aunque sólo radique en su férrea impulsividad. Esta actividad generó polémicas, porque la vestimenta está fuera del alcance de la mayoría de los cubanos de a pie e incluso de la gran mayoría de la población del planeta, dijo al participar en la mesa Procesos de inclusión en el arte: visibilizar lo invisible.
 
De igual forma provocó revuelo el espectacular rodaje de la película Rápido y Furioso que colapsó las calles de La Habana al llenarse de estrellas hollywoodenses que se pasearon en autos de la década de 1950 mientras se trasladaban hasta el Paseo del Prado, con un cerco de varias calles a la redonda, que no permitieron a la población cubana ver el desfile, dijo la profesora del posgrado en Comunicación y Política.
 
En abril de 2017 el empresario italiano Gucci inauguraba una boutique de lujo en el Hotel Manzana Kempinski en La Habana, mientras el artista Luis Manuel Otero Alcántara acudía para curiosear las vidrieras atestadas de objetos imposibles para la precaria economía de los cubanos y en una actuación performativa se travistió de Julio Antonio Mella, fundador el Partido Comunista Cubano, pues la escultura del héroe que durante los años gloriosos de la revolución figuraba en el patio central del aquel hotel, había desaparecido ante el peso del arribo arquitectónico del capitalismo Gucciano.
 
¿Dónde está Meya? Preguntaba Otero Alcántara en este acto de disputa por el espacio público, al poner en cuestionamiento los discursos inamovibles del Estado. Sus actuaciones políticas de carácter efímero, emplazados en el espacio público sin el consentimiento de las autoridades, resultaron en todo momento intervenidas por la censura estatal.
 
La maestra Celia González, antropóloga y artista visual, habló de su interés por la relación entre arte y antropología como la posibilidad de entender los procesos metodológicos de los creadores y cómo se han producido y tenido que encargarse de dialogar con el Estado.
 
Hay artistas que han sido invisibilizados por su posición frente al Estado cubano como Juan-Si González y Jorge Crespo, dos de los primeros creadores que relacionan el arte y el derecho (Art-De) en los años de 1980 movidos por la emancipación del espacio cívico.
 
Fundadores de Art-De realizaron diferentes performance en torno a la censura, cuyas consecuencias lo condujeron en repetidas ocasiones a ser encarcelados. Finalmente pidieron tener un espacio de diálogo dentro de las instalaciones de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) con representantes del Estado. 
 
Aquella tarde los Art-De colocaron un gran espejo en la sala de reunión, poco a poco los funcionarios llenaron el recinto y en la bocinas de escuchó el himno del Partido Comunista Cubano. Con toda la solemnidad, los funcionarios se pusieron de pie y casi al término del canto, los Art-De hicieron estallar el vidrio que los reflejaba a todos y ante la conmoción intentaron salir del salón, pero para su sorpresa habían sido encerrados, al cabo de unos minutos lograron salir al patio donde los esperaba un césped lleno de carteles que decían prohibido pisar el pasto o serán apresados.
 
Este performance les significó varias órdenes de aprehensión, Crespo fue detenido pero González logró exiliarse en Costa Rica, sin embargo 30 años más tarde cuando regresó a Cuba nuevamente se giró una orden de aprensión en su contra. 
 
De esta manera Arce y González reflexionan sobre la invisibilidad de los derechos y la falta de libertad de expresión que se mantiene en algunos Estados del mundo, mientras aseguran que el Estado cubano ha tachado de arte capitalista a ésta y otras expresiones libertarias, irreverentes y socialmente activas, criticando una y otra vez los intereses medulares de los intelectuales enfocados en una producción disruptiva que apuestan por una práctica social y comprometida, sobre todo aquella obra donde el artista pone el cuerpo y demanda participación.
 
Cuba es un gran símbolo, pero cuando se trata de proponer un espacio de emancipación cívica ha llegado a ser un peligro para quienes intentan formular un espacio anti estatal dentro del socialismo.