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Número 568
17 de agosto de 2018

EL DISEÑADOR GRÁFICO DEBE RETOMAR LAS VIEJAS PRÁCTICAS DE TRABAJO

*El proceso laboral de estos profesionales se enriquece en el diálogo para lograr resultados creativos

 

Para ser un diseñador gráfico se debe saber trabajar con los procesos de antaño, con los materiales que se utilizaban antes como papel, tijeras, tintas, pegamento, y en todo caso después digitalizarlos, aseguró el diseñador y artista Germán Montalvo, en un conversatorio en el que presentó su más reciente libro El cartel va a la conquista del espacio en la Galería del Sur de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

 

Vestida de una exposición de carteles del propio autor y de otros diseñadores, la Galería del Sur albergó a estudiantes de la División de Ciencias y Artes para el Diseño que participaron en forma dinámica con los ponentes para conocer las formas de trabajo que se llevaban a cabo en la segunda mitad del siglo XX.

 

Dicha muestra es reflejo de la pasión que experimentaban los diseñadores en aquellos años por el trabajo que se llevaba a cabo en la Imprenta Madero, donde se realizaron los carteles.

 

Para abrir el diálogo, la maestra Catalina Durán McKinster, coordinadora de Extensión Universitaria en esa sede académica, sostuvo que Montalvo es uno de los mejores diseñadores gráficos de México, que cuenta con una gran maestría en el uso de la síntesis y el color, así como con un inteligente sentido del humor en la composición de sus obras.

 

El diseñador trabajó durante 10 años en Imprenta Madero junto al maestro Vicente Rojo y ahí aprendió la disciplina y la importancia de las artes gráficas, al involucrarse en el diseño gráfico, la edición de libros y publicaciones culturales a través del cartel, que en las décadas de 1970 y 1980 tenía una fuerte presencia en librerías, recintos académicos y centros culturales.

 

El escritor Rafael Vargas, compañero de trabajo y amigo de Montalvo por muchos años, refirió que ha sido muy grato ver la evolución que como diseñador ha tenido y su versatilidad como artista, en este caso como escritor que está presentando este nuevo texto.

 

En este trabajo hay una vena humorística, desde su propio título El cartel va a la conquista del espacio existe, “que es un rasgo de Montalvo y de la gente inteligente, el humor; André Breton, poeta surrealista francés, decía que aquél es la inteligencia de la inteligencia y es cierto pues para pescar la agudeza de algo hay que ser inteligentes”.

 

El escritor también destacó el gran amor de Montalvo por la tipografía, por la forma de la letra, elemento central en el diseño de un cartel o de la portada de un libro, ya que en la elección de la fuente se proyecta el intelecto de quien diseña, que con el uso de determinado tipo de letra interpreta el contenido de la obra.

 

En la segunda mitad del siglo XX, Imprenta Madero contaba con un grupo de diseñadores e impresores bajo la dirección artística de Vicente Rojo que trabajaba colectivamente para dar al entonces incipiente diseño gráfico mayores posibilidades expresivas: barridos de color, fotografías en alto contraste y desarrollo de nuevas tipografías, y con el intercambio de experiencias individuales y la solución de problemas en forma conjunta dio lugar a un novedoso y destacado estilo con propuestas de lenguaje expresivo en la composición de imágenes.

 

El maestro Montalvo narró que en Imprenta Madero él no diseñó tantos libros como carteles, pero aseguró que tenían algo inigualable, que era el ejercicio de la libertad “ni de los editores ni de nuestro jefe, Vicente Rojo, recibimos nunca una imposición, si acaso alguna sugerencia”.

 

Para todos los que trabajaron en aquel lugar fue una gran experiencia, pues había un vínculo con grandes intelectuales que les dejó enormes enseñanzas, recordó.

 

Las instalaciones en Imprenta Madero resultaban ser todo un centro cultural, un galerón donde los ductos de aire acondicionado habían sido ornamentados por Manuel Felguérez y se imprimían algunas de las revistas culturales de la época más importantes y una gran cantidad de libros.

 

“Cuando entrabas al sitio te envolvía una cantidad sorprendente de pintura contemporánea, como si entraras a una especie de galería, además había un ambiente de camaradería fantástico y un lugar muy agradable para trabajar; fue una gran escuela de diseño –sin serlo propiamente– de ese periodo, un espacio lleno de creatividad para la imagen impresa”, rememoró Montalvo.

 

Vargas exhortó a los estudiantes a crear un espacio dentro de la universidad con características como las que describieron en Imprenta Madero y trabajar las artes gráficas en compañía, pues el proceso de trabajo de un diseñador gráfico se enriquece en el diálogo para lograr resultados creativos en los que se invierte imaginación.