Número 541
16 de septiembre de 2022
NECESARIO HALLAR CAUSALES DE LOS DESASTRES, MÁS ALLÁ DEL CONCEPTO DE RESILIENCIA
*Jesús Manuel Macías Medrano habla sobre otras vías de comprensión del fenómeno riesgo-desastre
*En su artículo titulado El incremento de desastres y el rol del concepto de resiliencia
En los últimos años, la revitalización del concepto de resiliencia obedece también a la necesidad de justificar políticas y acciones para reducir desastres, pues esa no es sólo una finalidad humanitaria y noble, sino una obligación de las autoridades gubernamentales, refirió el doctor Jesús Manuel Macías Medrano, investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.
En el artículo El incremento de desastres y el rol del concepto de resiliencia, el geógrafo refiere que muchas veces la utilización de éste permite demostrar que se actúa en sentido positivo, aunque con ello se eluden las razones de fondo y fenómenos sociales complejos.
Entre ellos puede hablarse de pobreza, desigualdad, explotación del hombre por el hombre y la apropiación de recursos colectivos por intereses privados, por lo que advierte que la expansión sin un límite preciso, puede convertirlo en un término de uso regular y desprovisto de sentido.
“El desastre, entendido como proceso social, tiene una dimensión temporal de diferentes periodicidades, que suman la inclusión de relaciones sociales y productivas expresando procesos que involucran relaciones espaciales de su sociedad a diferentes escalas”.
El académico señala que según la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (UNISDR) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el concepto de resiliencia se refiere a la capacidad de un sistema, comunidad o sociedad para resistir o cambiar para obtener un nivel aceptable en su funcionamiento y estructura.
“Esto es determinado por el grado en que el sistema social es capaz de organizarse a sí mismo y la habilidad de aumentar su capacidad de aprendizaje y adaptación, incluyendo la capacidad para recuperarse de un desastre”.
Explica que como lo han señalado diversos teóricos sociales, la imposición de un término también impone formas de concebir la realidad, con la intervención en los asuntos internos de los países y una sutil inducción de paradigmas, acuerdos normativos y compromisos de acción, como los realizados en las convenciones internacionales.
“Para aplicar esos filtros se han ensayado modificaciones de orden, por ejemplo, en primer lugar se ha creado un enemigo común (el desastre) para el que se genera un “paradigma” científico que lo combatirá (reducción del riesgo de desastre) y que sirve de base para otros filtros”.
Entre ellos están el control de acceso de enfoques disidentes a medios convencionales, la publicidad o difusión de las ideas que se pretende fomentar y el control de las fuentes que alimentan los medios difusores con financiamientos nacionales e internacionales.
En el libro Resistencias sociales y alternativas de sustentabilidad. Un análisis multidimensional, editado por la División de Ciencias Sociales y Humanidades de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana, explica que pese a los aparentes avances, los resultados cualitativos de diferentes estudios muestran que siguen aumentando las pérdidas materiales y humanas por desastres, amenazas naturales y antropogénicas.
“Debe llegar el momento en que el crecimiento de desastres, fallecimientos y pérdidas encuentre sus causales claras y sus factores de continuidad, y con ello las explicaciones de falsas guías de acción como la que se atribuye aquí al concepto de “resiliencia””.
Por lo que su contribución ha querido llamar la atención para mostrar otras vías de comprensión del fenómeno riesgo-desastre, que al mismo tiempo que son críticas también son un deslinde de las formas de reproducción y perpetuación de los males sociales.