Número 512
6 de septiembre de 2022
LA FRAGILIDAD DE LA HUMANIDAD ESTÁ PRESENTE EN LA OBRA DE JEANNE SALIS
*La obra de la creadora estadounidense se exhibe en la Sala Gilberto Aceves Navarro de la Unidad Xochimilco
Una meditación sobre la fragilidad de la humanidad y su naturaleza está presente en las pinturas de Jeanne Salis, artista plástica, fotógrafa y educadora nacida en Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos, quien ha vivido en México desde hace dos décadas.
Su obra se exhibe a la comunidad universitaria como parte de ¡Al menos flores, al menos cantos!, la cual está dispuesta hasta el jueves 6 de octubre en la Sala Gilberto Aceves Navarro de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
El título de la muestra evoca una estrofa del poema In xochitl, in cuicatl (Las flores y los campos) de Ayocuan Cuetzpaltzin, poeta nacido en la región de Tecamachalco en la segunda mitad del siglo XV, también conocido como “el Sabio, Águila Blanca”.
El poema se encuentra también en el libro Quince poetas del mundo náhuatl de Miguel León-Portilla, en el que se ofrece una meditación sobre la mortalidad y el encuentro de consuelo por medio de las flores y las canciones.
Salis –reconocida por sus coloridos óleos en los que se abraza a la vida y la naturaleza por medio de la abstracción lírica– muestra una serie de cuadros que dialogan con otros motivos creativos y fuentes de inspiración.
Entre ellos están un fragmento del poema Somewhere a seed de Rebecca Armstrong; la canción La Vie En Rose de Édith Piaf, y un trozo del Lamento de Dido en la ópera Dido y Eneas, efectuada en tres actos con música de Henry Purcell.
El trabajo de la artista egresada de la Universidad de Pensilvania, parte del arte abstracto a través de un proceso de llamada y respuesta, al colocar una marca de color sobre el lienzo y reaccionar a ella, en una sucesión de trazos y pinceladas.
En una fiel reminiscencia a su infancia, la creadora toma los jardines como su fuente de inspiración y como un camino de descubrimiento, pues para ella las flores continúan siendo compañeras en su camino y metáforas del ciclo de la vida.
Tal como se lee en su biografía, su trabajo está inspirado en México y esta serie evoca al poema en náhuatl grabado sobre el portal del Museo Nacional de Antropología e Historia, que resuena con más fuerza luego de la reciente pandemia y sus graves consecuencias.
“Yo también encuentro consuelo en la belleza de las flores y las canciones, las de tono púrpura en la jacaranda fuera de mi ventana; la manzana roja oscura en mi mano; las vibrantes ‘sinfonías’ de Kandinsky; la profundidad de color de Rothko; un violín altísimo; la poesía en palabras. Abrazo la vida”, agrega la artista en su pronunciamiento.
Además de discurrir por la muerte y reconocer su propia fragilidad, con estas piezas también le dice sí a la vida, pues mediante el color y el movimiento sus pinturas capturan la alegría, los matices, los momentos y los pasajes de la existencia humana.
Esto puede verse en obras como Elegía, La caída de la noche y Remember me, oleos sobre lienzo en los que presenta un degradé de morados, púrpuras y violáceos: horizontes llenos de vida en los que juega con la emoción del color y refleja la tradición estadounidense de la expresión abstracta.
Salis ha participado en múltiples exposiciones tanto individuales como colectivas, nacionales e internacionales. Ha recibido diversas becas incluyendo las del Consejo de las Artes del Estado de Illinois, el Departamento de Cultura de la Ciudad de Chicago y la Fundación Ragdale, y figura en el libro Who´s Who in American Women.