Número 503
1 de septiembre de 2022
PROYECTO PIEDAD ENTUBADA, UN EJERCICIO DE RESPONSABILIDAD ARTÍSTICA
*El investigador César Martínez habló sobre este megaproyecto en el Foro Arte y Naturaleza,
organizado por la UAM
Hace dos décadas el sarcófago del río Piedad en México fue intervenido por un grupo de artistas, quienes plasmaron en poco más de ocho kilómetros el cauce de un río invisible con el objetivo de crear conciencia sobre el uso del agua a nivel urbano.
Para hablar de ello, el doctor César Martínez Silva, docente del Departamento de Evaluación del Diseño en el Tiempo de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), participó en el Foro Arte y Naturaleza: Diseñando un futuro preferible, organizado por la UAM, What Design Can Do México, VOCES A. C. y el Congreso de la Ciudad de México.
Al dictar la conferencia Piedad Entubada, Ecología Visual Amplificada, el artista compartió su experiencia al liderar este megaproyecto, el cual formó parte de Agua-Wasser, una comisión de intervención urbana en la que cooperaron creadores de México y Alemania.
Martínez Silva recordó que esta tarea partió de establecer un compromiso social con deseos de visualizar lo invisibilizado: “una colaboración para revelar de manera imaginaria no una naturaleza muerta, sino una perdida que permanecía oculta como una vía urbana-urinaria”.
La mística fue poder generar en un espacio público un elemento gráfico alternativo a los mensajes publicitarios, “que sólo nos indican qué consumir y no generan ningún tipo de bienestar social”.
Para él y su equipo representó una odisea, pues detalló que comprendió ocho kilómetros de extensión, más de cuatro meses de trabajo nocturno y sólo dos años de vida, pero aunque se ha ido borrando con el tiempo, sus cicatrices siguen siendo visibles luego de dos décadas.
El investigador comentó que fueron meses de labor intensa, por la magnitud de la obra y las maniobras necesarias para el bloqueo de los carriles de alta velocidad, ya que esta vía sólo había sido cerrada para el paso de los presidentes mexicanos y del papa Juan Pablo II.
Por lo anterior, requirió de mucho esfuerzo de organización y gestión burocrática, aspectos que lograron sortear con el apoyo de la Dirección General de Obras y Recursos Hidráulicos del entonces Distrito Federal, la UAM, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Goethe-Institut Mexiko, el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) y Comex Group.
También participaron el diseñador industrial Gustavo Barrientos, encargado de la realización de la maqueta; Mauricio Gómez Morín, quien les asesoró sobre la ejecución, y Ricardo Espinosa, responsable de tomar fotografías con una cámara panorámica.
Martínez Silva explicó que se valieron de los programas Macromedia FreeHand, Illustrator y Photoshop y de un proyector de cuerpos opacos que dibujaba los formas sobre los muros, que posteriormente serían delineadas y rellenadas con pintura azul turquesa.
Este megaproyecto se realizó de domingo a jueves en un horario de 22:00 a 05:00 horas, con el apoyo de artistas, estudiantes y voluntarios, quienes cubrían una jornada de trabajo que les permitía un avance de 250 metros por noche.
“En el performance de ejecución, el ánimo era su inspiración, la musa del esfuerzo y el objetivo intercambiar un bien común con la ciudadanía, la ecoestética urbana: la conciencia del agua desaparecida”.
Finalmente, el creador –cuya obra ha sido expuesta en Colombia, Cuba, República Dominicana, Brasil, Reino Unido, Italia, Bélgica, Japón, Hungría y Grecia– apuntó que se trató de un ejercicio de responsabilidad artística, pues los creadores son como interruptores capaces de accionar nuevas sensaciones, promocionar ideas y hacer del espacio público un lugar de diálogo con la ciudadanía.