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| La dolencia civilizatoria que desde hace rato acongoja no se agota en las recurrentes recesiones económicas por sobreproducción, ya que se trata en realidad de una crisis de escasez, señala Armando Bartra Vergés.
En su libro Goethe y el despojo. Los costos del progreso, el Sur, la incertidumbre, los demonios…, presentado hoy en la XXX Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el docente del Departamento de Relaciones Sociales de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) considera que la escasez es de tierra fértil, agua dulce, alimentos, combustibles, minerales, climas benignos, paisajes amigables y espacios estratégicos.
El Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Córdoba, en Argentina, desmiente la idea de que el despojo ecocida y genocida es un mal necesario de este tiempo.
Presentada por Gerardo Ávalos y el autor y moderada por Miguel Ángel Hinojosa, la obra fue introducida como un texto que retoma a los clásicos para volverlos vigentes; “Goethe es hoy más que nunca nuestro contemporáneo, pues desde su Fausto logra testimoniar el desasosiego de la obscena crueldad”.
La experiencia de la modernidad es descrita desde sus claroscuros y los versos de Goethe que en conjunto son la primera tragedia escrita del desarrollo, y puntualiza tres premisas por las cuales resulta imprescindible detener o replantear los actuales modos de producción y extensión de la vida industrial.
En primer lugar, el sentido ético pues Bartra considera que bajo ninguna circunstancia puede justificarse la violencia en contra de la dignidad de las personas; “podemos ubicarla en su contexto y hasta tratar de comprender la lógica de los procesos de los que forma parte, pero no tenemos derecho a trivializarla”.
Por otro lado, señala la cuestión filosófica, pues considera que “si rechazamos la idea de la historia como un curso lineal, fatal y progresivo, sujeto a una razón trascendente veríamos que ninguno de sus episodios son necesarios”.
Bartra Vergés refiere que el dolor humano causado por motivos personales es debido a los impulsos destructivos surgidos, quizá, del inconsciente.
Un tercer punto es el histórico al cual identifica como aquel despojo violento justificado como el episodio inaugural y transitorio de la modernidad, un recurso más de la acumulación capitalista. Es disculpar, sostiene, los crímenes que cometen a diario el gobierno, los narcotraficantes y otros megaproyectos depredadores.
El investigador del Posgrado en Desarrollo Rural de la UAM considera esto último como “un mal que nos sacude por resultar del choque entre la presunta razón histórica y los principios éticos”.
Un mal, apunta, que aterra por su transparencia y ausencia de misterio, “es como toparnos con los abismos de la psique humana individual o colectiva, un pathos”.
El texto concluye con una frase que Goethe hizo con el afán de entender el sentido de la existencia humana y es un párrafo desolador: “¿Quién sabe a dónde vamos? Si a duras penas recuerda nadie de dónde viene”.
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