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Número 438
26 de octubre de 2016

MAYORES TENSIONES, CONFLICTOS Y PROBLEMAS,

QUE RIQUEZA Y BENEFICIOS CON LOS TLC

*Los Tratados de Libre Comercio han fomentado la desintegración económica, la pauperización y la desigualdad social

 

*Con los acuerdos comerciales, las transnacionales buscan imponer una constitución mundial de los derechos del capital


 

Los Tratados de Libre Comercio (TLC) y de inversión bilateral en México y en las naciones de América Latina (AL), como en otras zonas del mundo, han generado mayores tensiones, conflictos y problemas, que riqueza y beneficios, expuso el doctor Alberto Arroyo Picard.

 

El profesor-investigador del Departamento de Sociología de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) sostuvo que los TLC han fomentado la desintegración económica, la pauperización y la desigualdad social, así como la precariedad laboral, además de haber vulnerado derechos humanos, indígenas, sociales, políticos y económicos de la población, entre otros.

 

El especialista del Área de Investigación Estado y Movimientos Sociales dijo que un pequeño sector empresarial ligado con el capital global de las grandes transnacionales, particularmente en los sectores bancario-financiero, automotriz y minero, es el que se ha enriquecido.

 

Los tratados internacionales comerciales vulneran todo tipo de derechos, entre ellos, la capacidad del Estado de conducir un proyecto nacional; trasgreden la soberanía nacional y la independencia legislativa, porque obligan a modificar leyes locales para imponer sus derechos de inversión y de ganancia, aseguró.

 

Es decir, prácticamente el único derecho de los países frente al capital globalizado “es aceptar y respetar lo que firmaron”, sentenció.

 

En el Coloquio de Movimientos Sociales y Organizaciones Sociales –convocado por el Departamento de Sociología, el Área de Investigación Estado y Movimientos Sociales y la Licenciatura en Ciencia Política de la Unidad Iztapalapa de la UAM– resaltó que con los TLC, las transnacionales buscan imponer “una constitución mundial de los derechos del capital”, que sólo garantiza derechos absolutos para los inversionistas.

 

Los acuerdos construyen un marco legal supranacional por encima de las constituciones nacionales, que en los hechos impide que los estados nacionales regulen la economía en función de los intereses de la reproducción económica nacional, apuntó.

 

El doctor en Ciencias Sociales subrayó que “los tratados no sólo abren las fronteras para el libre flujo de mercancías, se imponen al papel del Estado y crean organismos públicos y privados unilaterales internacionales para la solución de controversias que protegen sólo sus concesiones e inversiones”.

 

De esta forma, aseveró, las empresas pueden demandar al Estado por medidas que atenten sus intereses, dejando a los países en una casi total indefensión.

 

“La inversión extranjera ofrecería efectivos beneficios para las naciones, si fuera regulada”; pero se carece de mecanismos que permitan orientarla hacia sectores necesarios para el crecimiento de las naciones.

 

Tampoco, añadió, se les puede obligar a las empresas a capacitar personal, transferir tecnología o comprar los insumos requeridos en el país para impulsar la economía.

 

El capital globalizado construye condiciones mundiales de gobernanza de la economía con el apoyo de los estados nacionales que garantizan, junto con un conjunto de instituciones –Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, entre otros– y organismos informales públicos y privados –Foro Económico Mundial de Davos, el G7 y el G20– mantener las condiciones generales del sistema, proteger sus inversiones y asumir el derecho de regular globalmente la economía.

 

En la ponencia El tratado transpacífico y los movimientos sociales en las Américas, el doctor Arroyo Picard recordó que antes de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, “el sector exportador de manufacturas tenía 85 por ciento de contenido mexicano; hoy no llega al 30 por ciento, incluida la mano de obra, porque todo se importa”.

 

Los tratados comerciales de México con 58 naciones sólo benefician a un sector pequeño ligado al exportador, y si bien los gobiernos en turno pregonan que desde entonces se exporta cinco veces más y se capta casi seis veces más inversión extranjera, se oculta que este país es el que menos crece en toda América Latina.

 

“El promedio de crecimiento en las últimas tres décadas de neoliberalismo es menor al uno por ciento del producto interno bruto”; entonces “¿de qué sirve exportar más si importas mucho más? El comercio es salida de dinero para el país y se multiplicó pero no da más divisas. No son empresas mexicanas las que exportan, sino las trasnacionales establecidas aquí”.

 

En sentido opuesto todas las naciones del continente han disminuido la pobreza, menos México, y se sostiene el salario mínimo más bajo del mundo, expuso.

 

El investigador indicó que han resurgido movimientos sociales globales como mecanismo de defensa ante una nueva oleada de TLCs porque los nuevos acuerdos asumen compromisos “más profundos y graves” que los anteriores, es el caso del Transpacífico de Cooperación Económica (TTP), los tratados Europa-Estados Unidos, Europa-Canadá y Europa-Mercosur, entre otros.

 

El doctor Alberto Arroyo Picard dijo que los movimientos globales sociales conformados como redes nacionales y mundiales frenaron el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), en el cono sur.

 

Ahora, afirmó, los esfuerzos se encaminan a conjuntar diversos sectores sociales, trabajadores sindicalizados, campesinos, indígenas, ambientalistas, defensores de derechos humanos, organizaciones que agrupan redes de multisectores nacionales e internacionales, ONGs, entre otros, para enfrentar al neoliberalismo con una agenda común.