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Número 426
19 de octubre de 2016

NECESARIO CONCEBIR LOS MOVIMIENTOS SOCIALES COMO OTRAS FORMAS

DE PENSAR EL MUNDO

*Los años 1994 y 2001 fueron parteaguas en el cambio de paradigmas, pues desde entonces se han estudiado protestas con gran impacto social y político

 

*Los acontecimientos de Ayotzinapa han generado una escalada de protestas y la formación de un gran movimiento social inédito en la historia reciente del país


 

Es necesario repensar los movimientos sociales más allá de la protesta y concebirlos como procesos donde tienen lugar “otras formas de pensar el mundo” coincidieron en señalar especialistas participantes en el Primer Congreso Nacional de Estudios de los Movimientos Sociales, que se lleva a cabo en la Rectoría General de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

 

Al dar la bienvenida a los más de 800 congresistas, 100 de ellos provenientes del extranjero, el doctor Sergio Tamayo Flores-Alatorre, investigador de la Unidad Azcapotzalco de la UAM y coordinador del encuentro, señaló que el siglo XXI ha expuesto –no sin dramatismo– un cambio decisivo en las condiciones que motivaron a algunos representantes de las ciencias sociales a declarar, a mediados de la última década del siglo pasado, la muerte de los movimientos sociales y su reemplazo por medios institucionales de transición a la democracia.

 

“Como si fuera una necesidad de revertir y demostrar el error de esta visión, una ola de protestas y movimientos se extendió por todo el país y muchos de éstos fueron estudiados y testimoniados por académicos, especialistas y jóvenes estudiantes adscritos a diversas universidades e instituciones de educación superior, así como de asociaciones civiles.

 

Los años 1994 y 2001 fueron parteaguas en el cambio de paradigmas, pues desde entonces se han estudiado protestas que han tenido gran impacto social y político, así como otras con gran significación teórica, como el movimiento zapatista y de pueblos originarios, electorales, democráticos y de regeneración nacional, ambientalistas en defensa de la tierra, estudiantiles, universitarios y educativos, contra la represión y la inseguridad, de sindicatos en resistencia a las reformas estructurales educativas, energéticas y de educación, de género y de LGBTIQ.

 

El investigador agregó que recientemente los acontecimientos de Ayotzinapa han generado una escalada de protestas y la formación de un gran movimiento social inédito en la historia reciente del país, con un impacto político sin precedentes, así
como lo han sido las movilizaciones en los últimos tres años de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación con la reforma educativa.

 

La atención de los movimientos sociales en México se ha diversificado por los enfoques, pues se han estudiado desde perspectivas de tipo cultural, cambio político, formación de identidades colectivas, construcción de subjetividades políticas, entre otras.

 

En el nivel internacional, dijo, se ha reconocido la importancia de los movimientos sociales como un campo de estudio a partir de la evidencia de su impacto sobre acontecimientos trascendentales políticos y sociales que tienen lugar en América Latina, Asia, África, Medio y Lejano oriente, Europa y Estados Unidos.

 

Tamayo Flores-Alatorre se refirió finalmente a la necesidad de pensar a las ciencias sociales en movimiento, con la finalidad de dinamizar y promover la investigación sobre los movimientos sociales en el país.

 

Durante el conversatorio magistral Realidades y retos de los movimientos sociales en México, el doctor Armando Bartra Vergés, investigador del Posgrado en Desarrollo Rural de la Unidad Xochimilco de la UAM, señaló que en las casi cinco décadas de estudiar los movimientos sociales en México “puedo decir que la historia la escriben los triunfadores, pero la hacen los vencidos”.

 

Luego de recordar movilizaciones como la estudiantil de 1968, el especialista afirmó que la historia del país está adoquinada de “fracasos que terminaron siendo triunfos”; por ejemplo, el radicalismo campesino de la Revolución Mexicana fue derrotado por el “tibio reformismo del grupo de Sonora”, pero “Zapata vive y la lucha sigue”.

 

Se trata, dijo, de sucesos singulares, fechados, localizados, pero a la vez son momentos trascendentales que convocan a la humanidad, “todos fulguraciones que iluminan el porvenir, acontecimientos puros que marcan el curso de la historia tanto o más que las gestas exitosas”.

 

Las derrotas de hoy marcan los derroteros del mañana, ¿por qué? ¿Cómo es que los perdedores acaban ganando? Según el doctor Bartra Vergés hay en los grandes movimientos sociales, aún “provisionalmente” vencidos, se tornan faros y guías de futuros navegantes.

 

Una respuesta más sugerente y explicativa de lo que es la historia y la sociedad, sostuvo el investigador, es una lectura, no pétrea sino airosa del devenir humano, una versión en la que quepan las interrupciones, las rupturas, los altos y detrás de ellos la imaginación y la creatividad, potencias inauditas que, sin negar estructuras y racionalidades, remiten no a la necesidad sino a la libertad.

 

“Lo que necesitamos es iluminar en la historia la irrupción de lo imposible, la súbita emergencia de lo que no se había pensado antes simplemente porque hasta que sucedió era impensable” y esta deslumbrante irrupción ocurre preferentemente, no públicamente, en los movimientos sociales.

 

Este primer congreso fue inaugurado por el maestro Víctor Sosa Godínez, coordinador general de Vinculación y Desarrollo Institucional de la UAM, quien estuvo acompañado por los doctores Romualdo López Zárate, rector de la Unidad Azcapotzalco, y Geoffrey Pleyers, investigador de la Universidad de Lovaina y presidente de la Comisión de Investigación 47 Clases Sociales y Movimientos Sociales de la Asociación Internacional de Sociología, entre otros.