Número 419
29 de julio de 2022
FUNDAMENTAL ENTENDER LOS INDICADORES ECONÓMICOS
PARA EVALUAR EL COMPORTAMIENTO ECONÓMICO
*Jonathan Heat, subgobernador del Banco de México, dictó una conferencia magistral remota
para la Unidad Iztapalapa
*Los economistas, esenciales para apuntalar el desarrollo económico y social,
señaló el Rector General de la UAM
La comprensión de las dimensiones de los distintos indicadores económicos es fundamental para saber evaluar el comportamiento de la economía en factores como los mercados financieros, los de la desigualdad, la pobreza, la economía regional, el mercado laboral y bursátil o el tipo de cambio, señaló el doctor Jonathan Heath, subgobernador del Banco de México, durante la conferencia Lo que indican los indicadores, que dictó en modalidad remota a invitación de la Maestría y el Doctorado en Ciencias Económicas de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
El especialista enfatizó la necesidad de que en las universidades se diseñen cursos para los últimos semestres de la Licenciatura en Economía, en los que después de cursar temas de finanzas públicas y política monetaria e internacional, entre otros, el estudiantado tenga “todos los pedazos del rompecabezas” para entender y analizar la economía mexicana en una forma adecuada y sin caer en la cantidad de errores “en los que típicamente lo hacemos cuando no entendemos a fondo qué es lo que señalan cada uno de los indicadores” económicos.
En el marco del seminario Retos en la formación de economistas en el siglo XXI, dijo que ya sea un seminario o un curso de análisis de coyuntura o cualquier otra denominación, “es esencial para redondear la formación de un buen profesionista en la disciplina, que éste sea capaz de analizar el quehacer” y el momento de la economía mexicana “y tratar de ver hacia dónde va”. Para ello recomendó la revisión de los tres volúmenes del libro Lecturas en lo que indican los indicadores, editado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Banco de México.
Cuando se analizan ciclos económicos hay dos indicadores que produce el INEGI. El primero es el sistema de indicadores cíclicos que “ve los ciclos de crecimiento y que toma una tendencia de largo plazo”, el problema es que cuando se analiza la economía de esta forma no se sabe si la propensión de largo plazo está subiendo o no ni cuánto.
En cambio el Sistema de indicadores compuestos, coincidente y adelantado (SICCA) –que incorpora información de diversos mercados del país que admiten adelantar la posible trayectoria de la economía nacional– permite observar las recesiones que ha habido y ver al final que la caída, cuando vino la pandemia en el segundo trimestre de 2020, “fue la más grande que hemos tenido en la actividad económica y que la recuperación, si bien muy pronunciada al principio, no ha alcanzado a regresar a los niveles previos a la crisis sanitaria”.
Por ello es muy importante observar cuál de estos dos enfoques es el que se utiliza, porque pueden dar fechas distintas para las recesiones y para los periodos de expansión y, en ese sentido, “tenemos que entender bien qué es lo que está detrás”.
En este caso muy específico “utilizamos un indicador compuesto de diferentes indicadores coincidentes, es decir, de todos los que coinciden con un comportamiento cíclico de la economía”, entre ellos el Producto Interno Bruto (PIB), las ventas al por mayor, la tasa de desempleo, la producción industrial y todos aquellos que ayudan a entender y a estudiar dicho comportamiento.
Resulta raro que sobre estas cuestiones no se enseñe en los cursos de Economía, cuando son “esenciales para concebir toda la teoría y aplicarla a la realidad al comprender cómo está funcionando la propia actividad financiera”.
Otros ejemplos son el mercado laboral y la tasa de desempleo; con la pandemia dicha tasa subió a 6.4 por ciento; sin embargo, la caída del PIB en 2020 fue de 8.4, mucho más pronunciada que la observada en la crisis de 2009, pero “¿cómo es que eso no se refleja en un incremento mayor todavía en la tasa de desocupación en el 2020 que en 2009?
La definición de tasa de empleo que utiliza el INEGI, explicó, es la misma que se usa a nivel internacional desarrollada por la Organización Internacional del Trabajo. En ésta, por ejemplo, se considera a la población como la económicamente activa y la no activa.
Dentro de la primera están las personas con un empleo o aquellas que no lo tienen, pero están activamente buscando; en la segunda están quienes no cuentan con una ocupación y no les interesa en principio tenerla, como jubilados, estudiantes, amas de casa; sin embargo, en este grupo hay mucha gente que no están buscando trabajo, pero sí quieren laborar y están disponibles para ello.
Bajo esta clasificación que utilizan todos los países, esas personas no se consideran como desempleadas y el problema es que cuando vino la pandemia hubo más de 10 millones de mexicanos que perdieron su trabajo, pero por las restricciones sanitarias no podían buscar uno; el INEGI los tuvo que reclasificar como económicamente no activos, pero esto no se refleja en la tasa de desempleo.
En cambio hay otros indicadores que sí toman en cuenta no sólo a los desempleados que están fuera de la Población Económicamente Activa (PEA), sino que también incluyen a los subempleados, como aquellas personas que perdieron su trabajo de tiempo completo y se vieron obligadas a trabajar menos horas a la semana.
Si se suman estos factores se tiene la llamada brecha laboral, y “vemos que el problema laboral en su momento llegó a ser de más del doble que en 2009 y no sólo eso, sino que al llegar a casi 53 por ciento de la PEA extendida significa que uno de cada dos mexicanos que querían un trabajo de tiempo completo no lo tenían.
“Así de grave fue la crisis, sin embargo, si se usa la tasa de desempleo tradicional esto no se refleja, de ahí la importancia de entender qué es lo que refiere cada indicador”, pues dependiendo de cada uno de ellos es que se toman decisiones de política pública que pueden ser equivocadas, señaló.
Otro aspecto interesante del mercado laboral es que muchas veces se piensa que la pobreza está asociada con la tasa de desempleo y mientras más pobreza más desocupación, “pero resulta al revés”, ya que las tasas más grandes en México se registran en la Ciudad de México, Aguascalientes, Querétaro y Nuevo León, que son los estados más industrializados, mientras que los más pobres como Chiapas, Yucatán, Oaxaca y Guerrero tienen las tasas más bajas.
“Lo que pasa es que la tasa de desempleo es un concepto de modernidad y para que pudiera existir desocupación tiene que existir un mercado laboral estructurado. En Guerrero y Oaxaca la mayor parte de las personas trabajan en el autoconsumo o en la agricultura de subsistencia, es decir, no se les considera como parte de la PEA.
En ese sentido, mientras más grande sea la localidad urbana más alta es la tasa de desempleo, hay más oportunidades, más demanda, pero también más oferta, por lo tanto, el problema laboral de estados como Guerrero o Oaxaca, no es la desocupación en sí, sino el alto nivel de informalidad y los pocos trabajos y la precariedad de los mismos, por lo tanto, la política pública que tendría que aplicarse a los estados industriales resulta muy diferente a la que podría designarse en las entidades más pobres.
Al dar la bienvenida al doctor Heath, el doctor José Antonio De los Reyes Heredia, rector general de la UAM, afirmó que los economistas son y han sido profesionales fundamentales para la evolución y consolidación de las ciencias sociales, pero también para apuntalar el desarrollo económico y social en las sociedades contemporáneas, tanto de las organizaciones públicas como privadas.
Por ello, la formación de profesionistas debe ser analizada y repensada continuamente, para que las habilidades y conocimientos que desarrollen tengan, por un lado, una sólida base científica y, por otro, un profundo compromiso social.
El panorama internacional actual se ha tornado cada vez más complejo e incierto ante las amenazas sanitarias, pero también frente a la fuerte desarticulación de las cadenas productivas a nivel mundial y un avance sin tregua de los niveles inflacionarios que ponen en riesgo la calidad de vida de las personas y la competitividad de las naciones.
Lo anterior representa un desafío para las universidades públicas mexicanas, y en particular para la UAM, porque “nos demanda no sólo adaptarnos a un escenario cambiante, sino convertirnos en líderes del cambio que estamos experimentando en estos tiempos”.
En esta tarea la formación de profesionistas deberá ser capaz de dotarles de las herramientas necesarias para entender la complejidad creciente que han experimentado los mercados y las unidades productivas recientemente, los muchos retos que enfrentan los gobiernos en materia de recaudación fiscal, así como los desafíos en calidad del gasto público, combate a la pobreza, desarrollo sustentable, y la emergencia de temas como el impulso a la economía social y solidaria que marcarán la discusión y el devenir económico de los siguientes años.
La presentación del doctor Jonathan Heat, fue comentada por el doctor Ricardo Solís Rosales, investigador del Departamento de Economía y ex secretario general de la Casa abierta al tiempo.
También estuvieron presentes la doctora Hortensia Moreno Macías, coordinadora de la Línea Economía Social de la Maestría y Doctorado en Estudios Sociales; el doctor Marco A. Pérez Méndez, coordinador de la Maestría y Doctorado en Ciencias Económicas, y la doctora Alenka Guzmán Chávez, profesora del Departamento de Economía de la Unidad Iztapalapa.
Audio.