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Número 396

20 de julio de 2022

LOS OFICIOS, APRENDIZAJES FORMALES Y DE PRÁCTICA HEREDITARIA

EN AMÉRICA LATINA

*Académica de la Unidad Iztapalapa de la UAM dictó la conferencia La historia social del trabajo

en perspectiva

Durante el último tercio del siglo XIX diversos países en el continente americano y en el mundo emprendieron la tarea de apoyar proyectos educativos que aportaran a la formación de trabajadores dedicados a la producción artesanal y manufacturera o industrial; hombres y mujeres útiles que contribuyeran al progreso formaron parte del papel asignado a la formación en general, a la enseñanza de los oficios en particular, sostuvo la doctora Sonia Pérez Toledo.
 
Al dictar la conferencia La historia social del trabajo en perspectiva, afirmó que los proyectos para formar mano de obra para esos sectores tuvieron como escenario los núcleos urbanos, pues fue en las ciudades donde se discutió, legisló y se puso en marcha el establecimiento de dichas instituciones educativas, lo cual era en cierto sentido natural, ya que el pequeño taller predominó hasta bien avanzado el siglo XIX.
 
La académica del Departamento de Filosofía de la Unidad Iztapalapa indicó que en el continente americano no todos los artesanos formaron gremios, como sí fue el caso de las ciudades de México, Lima o Guatemala, en las que aquellos dedicados al ejercicio de los diversos oficios estuvieron agrupados en corporaciones legalmente reconocidas por las autoridades.
 
Los gobiernos también introdujeron en sus programas las novedades para aquellos trabajadores que se emplearían en empresas industriales y modernas en las que el uso de la tecnología requería de una calificación diferente, por ejemplo, nociones básicas sobre el funcionamiento de la electricidad, la mecánica y la electrónica.
 
En otros centros urbanos hispanoamericanos no se formaron gremios, sin embargo, en ciudades como Santa Fe de Bogotá, Cartagena de Indias, Caracas, Buenos Aires, Montevideo o Panamá, la estructura jerárquica y la diferenciación entre maestros, oficiales y aprendices también formó parte de la organización social de la producción y del trabajo en el pequeño taller, sin que existieran corporaciones constituidas en forma legal.
 
Tanto en estos talleres como en los que estuvieron organizados en gremios, el maestro artífice contribuyó a la reproducción del artesanado urbano mediante la trasmisión de los secretos de los oficios a los jóvenes –o incluso niños– que fueron recibidos en calidad de aprendices mediante contratos escritos u orales. La enseñanza de los oficios estaba ligada al mundo de las costumbres y tradiciones.
 
En el último tercio del siglo XIX, diferentes autoridades políticas legislaron en favor de la creación de instituciones para formar mano de obra, y en distintos países se establecieron escuelas de artes y oficios para hombres o para mujeres; estas escuelas reprodujeron las diferencias entre la enseñanza masculina y la femenina.
 
Los oficios tradicionales para ellas estaban relacionados con la producción textil: hilado, costura y bordados, así como las que estaban vinculadas con la atención de la familia y el hogar, aunque también se incorporaron enseñanzas que permitían una formación de capacidades en campos considerados de enseñanza técnica.
 
La educación formal para las mujeres en ciertos oficios sí constituyó una novedad importante, aunque en las instituciones de reclusión, de caridad o beneficencia –donde se impartía enseñanza– establecieron talleres para que ellas aprendieran los oficios propios del género, sobre todo los asociados con la producción textil.
 
En 1871 en la Ciudad de México se estableció la Escuela de Artes y Oficios para Mujeres, que incluía la enseñanza de relojería, bordados de todas clases, tapicería, fotografía, trabajos en cera, modelación, dibujo natural y lineal y encuadernación, además de moral, higiene y economía doméstica, entre otras cuestiones.
 
La doctora Pérez Toledo consideró relevante la construcción de una agenda de estudio que tome en cuenta la importancia del esfuerzo de búsqueda y análisis de la documentación que resguardan los acervos históricos para profundizar en la memoria de los distintos tipos de mano de obra de artesanos de diversos oficios.
 
También de albañiles, sirvientes, empleados o pequeños comerciantes, unos más calificados que otros o que adquirieron sus habilidades con la práctica y, en algunos casos, sin haber pasado por un aprendizaje formal, como el caso de la mayor parte de la mano de obra femenina.
 
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