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Número 385

1 de agosto de 2023

Expansión del conservadurismo y políticas neoliberales generaron desigualdad e inestabilidad

*Ahora es necesario modificar el rumbo para cambiar la vida de las mayorías: investigador de la UAM

Ana María Lozada Xochicale

 

“La presencia de las fuerzas conservadoras de derecha y extrema derecha en Europa Occidental y Estados Unidos a finales del siglo XX se fortaleció con políticas de corte neoliberal que generaron mayores desigualdades e inestabilidad social en detrimento del humanismo”, asegura el doctor Ricardo Espinoza Toledo, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

 

En su artículo El encanto del conservadurismo, el académico del Departamento de Sociología de la Unidad Iztapalapa sostiene que el pensamiento predominantemente conservador encontró un serio impulso con las políticas que veían en el estado nivelador un problema para el libre mercado, dejando de lado que el Estado de Bienestar permitió sacar a los países de la pobreza extrema después de la crisis económica de los años 30 del siglo pasado y de la Segunda Guerra Mundial”.

 

La bonanza producida entonces sentó las bases para expandir las ganancias a través de la deslocalización de empresas en naciones con salarios muy bajos e imponer la especialización productiva, de modo que fue más barato importar que ser autosuficiente.

 

Así que el adelgazamiento del Estado era necesario para dejarle el lugar a la compañía privada, pero sin modificar su función de protector, además de facilitar y dar apoyo a las actividades de los grupos privados.

 

Esta política “presentaba a las fuerzas de izquierda y al sindicalismo como opuestos a la modernización y como amenazas a los derechos obtenidos gracias a ellos, siendo la bandera de la libertad blandida entonces la del libre mercado, la del individuo emprendedor y no la de los otros”.

 

Además, esta nueva ideología impulsada por el Estado de Bienestar prometía la conquista de un nuevo mundo, “sólo que esta vez todos tenían reservado un papel, y nadie quería quedar fuera”.

 

Esta forma de mundialización, movida por las grandes corporaciones, fue concentrando los ingresos en detrimento de las condiciones sociales y económicas de las mayorías que habitan los países desarrollados y emergentes, donde por medio de oligarquías locales, los Estados y sus respectivos gobiernos quedaron al servicio de la globalización económica sin atender las necesidades de redistribución nacional.

 

Así surgen nuevas desigualdades sumadas a las prexistentes, aunadas a otra de consecuencias nefastas, que fue la expulsión de habitantes que vinieron a nutrir grandes e interminables olas de migrantes hacia los países desarrollados, en busca de una vida mejor.

 

“En Europa surge una tensión entre los trabajadores de la economía globalizada –basada en el conocimiento- y la gente que no necesariamente se ha beneficiado de este tipo de economía, sostiene el profesor francés Jan Rovny. Al igual que en los Estados Unidos de América, existe un grupo que siente que ha sido dejado atrás, como algunos europeos y norteamericanos blancos que no tienen un nivel educativo alto y que viven en pueblos pequeños, no en áreas metropolitanas”.

 

Otras personas más se sienten resentidas por la llegada de inmigrantes con los que tienen muy poco contacto, no los entienden, los ven como extranjeros, siendo que estas grandes urbes atraen mucha más inversión, más desarrollo económico, más atención del régimen, sin embargo, estos oriundos han perdido mucho en términos de estatus, apoyo oficial e ingresos.

 

En síntesis, se observa un problema cultural que puede describirse como disparidad de estima, menciona Gasrton Ash, además de que los individuos sin educación superior, que a menudo viven en antiguas ciudades industriales en ruinas, se han sentido desatendidas, despreciadas o ignoradas por las élites gobernantes.

 

El doctor Espinoza Toledo refiere que el resentimiento de la mayoría por sentirse como una minoría fue aumentado por el neoliberalismo que llegó a ser la ideología de los ricos establecidos y poderosos.

 

“Ese gran y repentino cambio es como un temblor que genera muchos temores, y ante lo cual se buscan certezas. A su vez, el desempleo, la inflación y la inseguridad derivadas de la mundialización y la ineficacia de los gobiernos nacionales, hicieron que las fuerzas más conservadoras encontrarán el terreno adecuado para ver florecer su vieja bandera antiinmigrante, al tiempo de decirse defensores de los nativos desprotegidos, siempre explotando el explicable miedo a la transformación”, abunda.

 

Por tanto, “es preciso modificar el rumbo para renovar la vida de las personas y redistribuir el respeto, toda vez que el regreso y la expansión del conservadurismo es una muestra clara de cómo el poder del dinero extravió el objetivo del humanismo”, puntualiza en el texto el investigador de la Casa abierta al tiempo.