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Con un modelo de industrialización intensa que logró sacar de la pobreza a 600 millones de chinos, crecer a un ritmo de diez por ciento anual y alcanzar un Producto Interno Bruto per cápita de 7 mil 594 dólares al año –que le convirtió en un nuevo miembro “cómodo” en el club de los ingresos medios de las naciones emergentes– el patrón de desarrollo de China “ya no da para más”, afirmó el doctor José Cruz Roa Hernández, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
En su participación en la Mesa: Asia Pacífico y Eurasia: nuevo centro de la geopolítica mundial, dentro del Coloquio: La geopolítica del siglo XXI, que se llevó a cabo en la Unidad Xochimilco de esta casa de estudios, el investigador dijo que el modelo de industrialización chino estaría agotado.
A partir de las medidas económicas y de contención a los efectos de la crisis de 2009, China promueve un fuerte mecanismo crediticio al interior del país y a la vez invierte en infraestructura para poder sustentar los embates del desequilibrio económico, pero esto provoca un problema interno para la población.
De acuerdo con las gráficas sobre las tendencias de importaciones y exportaciones de productos y servicios en el periodo 1980-2014 mostradas durante su exposición, China, en lugar de ser un gran vendedor, se convirtió en un “gran comprador compulsivo” dentro de ese proceso de industrialización.
Cuando desde 2011 el gobierno toma la decisión de desacelerar la economía “da al traste con todas aquellas economías que son proveedores de insumos y materias primas para China”, como las del Cono Sur, en particular Brasil, que sufrió una caída importante en su economía.
En la actualidad, la economía china sigue una tendencia errática que después de venir hasta 2007 con una tasa de crecimiento de diez por ciento, en promedio, para 2014 cae a siete por ciento, lo que tuvo una repercusión “muy interesante” en el resto del mundo.
Al referirse a los retos y desafíos de la economía china, el investigador del Departamento de Administración de la Unidad Azcapotzalco explicó que la lenta recuperación mundial y los efectos negativos de la política de estímulos en 2008 generaron un exceso de inversión y de capacidad, y “ese será un problema con el que el país asiático tendrá que lidiar”.
Un segundo problema es su modelo de crecimiento, que si bien en los tiempos de bonanza no atendió los problemas de desigualdad en el ingreso –dada la gran brecha entre las poblaciones citadina y rural, por ejemplo– aquélla se ha abierto cada vez más y es otro tema que deberá atenderse.
Además China ya no tiene ese “ejército de fuerza de trabajo” que se decía en las décadas de 1980 y 1990. La tendencia de la demografía del país asiático indica que para 2025 la mayoría de la población habrá envejecido y difícilmente podrá atender los problemas de mercado laboral, aun cuando la economía china pudiera “terciarizarse” completamente.
China busca abandonar el modelo de desarrollo industrial y entrar al de innovación empresarial; en el futuro ya no quiere ser “la fábrica del mundo”, sino convertirse en un centro de oportunidades de inversión e innovación.
En su objetivo de alcanzar una mayor integración internacional busca la internacionalización de su moneda y “ha dado grandes pasos”; el problema de devaluación del yuan en meses pasados obedeció a una especie de presión para que el resto del mundo firme convenios de comercialización con China y que esas facturas sean pagadas en yuanes en lugar de dólares.
Una vez que esto llegue a concretarse, “China estaría a un paso ya de formar parte de la canasta de monedas que controla el Fondo Monetario Internacional y una vez que esté ahí habrá una batalla muy interesante con el dólar, toda vez que sigue fijado a la paridad cambiaria internacional de la moneda estadounidense”.
Finalmente en términos de geopolítica, el dominio de China en Asia “es total y va por mucho más”, y por supuesto que será un gran obstáculo para el desarrollo del Tratado de Asociación Transpacífico, que hasta ahora “no se sabe bien en qué consiste”, sostuvo el investigador.
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