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Número 362

14 de julio de 2023

Investigadora propone otras formas de acceder al conocimiento más allá de la ciencia

*Dictó la conferencia Había una vez una ciencia que surgió en mi cocina, en la Unidad Cuajimalpa de la UAM

Teresa Cedillo Nolasco

 

La exploración de otras maneras de acceder al conocimiento, más allá de los protocolos que brinda la ciencia, propuso la doctora Mayra Citlall Rojo Gómez, creadora e investigadora interdisciplinar en artes visuales y discursos del cuerpo, quien impartió la conferencia Había una vez una ciencia que surgió en mi cocina, en la Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

 

La especialista, quien desarrolla un trabajo posdoctoral en el Área de Estudios Culturales y Crítica poscolonial en la Unidad Xochimilco de la Casa abierta al tiempo, sostuvo que “hay toda una interacción del adentro y del afuera que más bien es un tejido permanente de lo viviente, de lo cual formamos parte y además, es posible imaginar lo que no vemos”.

 

La doctora Rojo Gómez ha realizado diversos proyectos de investigación artística y teórica que incluyen (de acuerdo con su semblanza) “asociaciones críticas entre ficción e historia, evolución y teratología e identidades fluidas e híbridas, que interrogan los límites entre lo humano y lo no humano en los universos vegetal, bacteriano y fúngico”.

 

En una charla interactiva con el alumnado de la Institución, la doctora en Historia del Arte con énfasis en América Latina invitó a algunas de las alumnas a observar, mediante un pequeño microscopio digital y una computadora, partes de su cuerpo, que el público pudo ver aumentadas en pantalla; las expresiones fueron diversas; sorprendieron las texturas y los colores de los ojos, pero no agradaron otras zonas como las uñas.

 

En un ejercicio anterior ocurrió que ver lunares o una nariz produjo sensaciones de asco y, en ese sentido, es interesante “observar qué sensación puede causar el ver otro ángulo del organismo” y en esto los instrumentos tecnológicos son una maravilla; sin embargo, “aunque no estoy en contra de ellos, hay que pensar también en el equilibrio de los procesos imaginativos, de curiosidad, y en qué es lo que nos va a permitir romper protocolos para vivir el mundo que nos toca”.

 

Rojo Gómez expuso también algunas imágenes de los procesos de crecimiento y desecación de la celulosa bacteriana, en las cuales con el microscopio “pude ver más de cerca cómo está esa relación de continuidades o seriaciones de la multiplicidad de las pieles que se pueden articular”.

 

En esta configuración “lúdica”, la pregunta es ¿cómo podemos repensar y ver de otra manera, desde nuestras casas, nuestros jardines, nuestros instrumentos cotidianos la idea del microscopio y mirar y reinventar diferentes universos?

 

En una práctica que hizo en el Laboratorio de Bioprocesos, sobre la flor del vinagre: crecimiento y producción comparativa entre la madre o flor del vinagre y el Kombucha, fuentes de celulosa bacteriana para uso textil y artístico, “aprendí ese nuevo cosmos que me parece fascinante”, porque “me permitió, en un contraste, revalorar lo que había encontrado en mi cocina”, es decir, lo que hallaba en mis propios experimentos en casa, así como los protocolos que podía ir rompiendo, ajustando y transformando de manera permanente” y que también permiten acceder al conocimiento.

 

Sin lugar a dudas, sin la exploración previa en la casa, “no hubiera disfrutado tanto el encuentro con el laboratorio científico, lo que ha dado lugar a otra vivencia en la que “estamos haciendo crecer hongos o zetas en libros”, y esto se asocia a la pregunta de para qué sirve el arte vinculado a la ciencia, que siempre “me ha perseguido”.

 

Rojo Gómez consideró que no habría podido vincularse con el área de la ciencia si le hubieran limitado por no ser científica (lo que ocurre con frecuencia), pero las interrogantes se van generando también desde otros territorios y ahí está la importancia de los grupos, la colaboración y el intercambio de saberes “para repensar cómo estamos haciendo las artes, la ciencia y cómo propiciamos desde las observaciones científicas y artísticas el intercambio de experiencias para convertir los contextos y situaciones que vivimos”.

 

La artista finalizó recordando la recomendación de su mamá: “pon una pizca de bicarbonato o una cáscara de tomate al agua y echa los nopales para que se mantengan verdecitos”.