Número 339
22 de junio de 2022
LA SIGNIFICACIÓN DE UN ESPACIO ARQUITECTÓNICO
ES UN RECONOCIMIENTO SOCIAL TEMPORAL
*Expertos participaron en el Coloquio Nacional de la Dimensión Simbólica del Patrimonio,
organizado por la UAM
La significación de un espacio arquitectónico es un reconocimiento social temporal que cambia irremediable o afortunadamente con el transcurso del tiempo, convirtiéndolo en un patrimonio cultural resultado de un conjunto de objetos y manifestaciones acumuladas que pueden resultar disimiles y aun contradictorias, explicó el doctor Carlos Alberto Mercado Limón, investigador del Departamento de Teoría y Análisis de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Durante el Coloquio Nacional de la Dimensión Simbólica del Patrimonio II, el maestro en restauración y doctor en arquitectura y urbanismo mesoamericano señaló que al ser la significación una representación de diversos momentos pasados y presentes, ésta pone en una situación azarosa la conservación de los inmuebles patrimoniales, aunado a que además depende de los intereses del gobierno en turno.
Tal es el caso de la colonia Roma, que al término de la revolución se asoció con la plutocracia y con las clases opresoras de ese periodo, de modo que sin que hubiera un decreto se autorizaba las intervención sobre aquel territorio, de tal forma que la élite local construyó y remodeló cuanto quiso, resultando en un caos en el que permanecieron elementos viejos y muchos nuevos que no acababan de ser o consolidarse cuando ya se destruían por otros.
A la colonia Polanco, que surgió a partir de la revolución y se edificó bajo estos ideales sobre un estilo nacionalista que otros llaman californiano, poco a poco la han ido destruyendo los grandes consorcios y compañías que ahí se han establecido.
El también egresado de la Casa abierta al tiempo indicó que las legislaciones federales y estatales no se han ocupado de la significación, lo que ha generado que la preservación dependa de lo rentable que como atracción turística resulte y del albedrío de las autoridades, que han respaldado usos e intervenciones abusivas no acordes con su salvaguarda y conservación.
Por ejemplo, la librería Elena Garro –que tomó como base la casa de la escritora– sólo conservó la fachada y lo demás se demolió; peor aún es la situación de la Casa España donde aparecieron los restos arqueológicos del Calmecac o casa de estudio más importante de los mexicas y cuyos restos fueron puestos sobre la loza de un piso que es ahora el techo del estacionamiento de este edificio.
El patrimonio no es algo dado ni un acervo prexistente, sino una construcción social en el tiempo, dijo el doctor Víctor Delgadillo Polanco, profesor de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, durante esta actividad organizada por la División de Ciencias y Artes para el Diseño de la UAM.
Cada generación decide qué es patrimonio y qué espacios vale la pena preservar, sin embargo, no suele ser en forma democrática, ya que en su mayoría se trata de edificaciones, barrios o ciudades construidas con un objeto utilitario que sirvieron como viviendas, templos o conventos, y posteriormente se les asignaron valores históricos y estéticos.
En el pasado el patrimonio era un asunto exclusivo de gobiernos y élites, pero en el siglo XX y XXI se ha democratizado a través de disputas y resistencias donde distintos colectivos sociales emergen en muchas ciudades latinoamericanas para defenderlo, al asociar distintos significados y valoraciones de un mismo objeto o edificio.
En el pasado los gobiernos construían monumentos con la intención de formar memorias colectivas y en el presente lo hacen para legitimarse, edificar un capital político y para hacer negocios; los actores sociales a menudo defienden el patrimonio, es decir, formas de vida opuestas al avasallamiento de políticas públicas y proyectos privados que impactan los barrios y los grupos sociales, y en otras ocasiones también lo hacen por una cuestión de orgullo local.
Por ello, la dimensión simbólica del patrimonio está vinculada no sólo a los intereses de los habitantes locales, sino sobre todo a las personas que han tenido la posibilidad de elegir sobre el destino, uso y disfrute de los mismos.