Número 334
20 de junio de 2022
EL DISEÑADOR DE ILUMINACIÓN, UN TRANSFORMADOR DE REALIDADES
*Académico de la Unidad Azcapotzalco dictó la conferencia La importancia de la luz en la Arquitectura
*Como parte del Festival de la Luz, organizado por la Dirección de Comunicación del Conocimiento
de la Rectoría General
El diseñador de iluminación debe ser “un transformador de realidades naturales o cotidianas en sublimadas o subjetivas, impregnadas de una interpretación sensorial al servicio de la arquitectura, la escena y la misión del proyecto”, expresó el maestro Salvador Ulises Islas Barajas, director de la División de Ciencias y Artes para el Diseño de la Unidad Azcapotzalco de la universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Durante la conferencia La importancia de la luz en la Arquitectura que dictó en el marco del Festival de la Luz, organizado por la Dirección de Comunicación del Conocimiento de la Rectoría General, dijo que el Diseño de Iluminación crea ambientes y diseña para la gente y su ciudad, para la misión de la arquitectura y usa racionalmente la energía.
El especialista en Arquitectura Bioclimática expuso que la luz se ha definido como un agente físico que hace visibles los objetos; sin embargo, hay descripciones más complejas como la que establece que es una energía radiante capaz de excitar la retina y producir sensaciones y esta es “la que nos gusta a los arquitectos y a los diseñadores porque se habla de emoción”.
Eso “nos permite o nos lleva a crear en nosotros un juicio estético de lo que estamos viendo. Así es que podemos dividir la luz y considerarla como energía radiante, partículas y un espectro electromagnético en la parte física y fría, y del lado cálido, los diseñadores queremos entender lo que implica la sensación visual, que tiene la particularidad de poder crear ambientes”.
En tal sentido, se podría decir que “tenemos proyectos de dos tipos en el diseño: unos dedicados a la parte visual, y aunque ambas tienen un poco de la otra y a veces es más poderoso el mensaje que queremos dar, reforzar o comunicar” con la iluminación.
La Asociación Internacional de Diseñadores de Iluminación (IALD, por sus siglas en inglés) con sede en Estados Unidos, sugiere que exista el concepto de calidad de iluminación para quienes se dedican a investigaciones en esta área y divide dicha propuesta en tres esferas, la primera son las necesidades humanas, que incluyen la visibilidad, el desempeño de tarea, el confort visual, la comunicación social, el ambiente y la atmósfera.
Si lo anterior se cumple quiere decir que “estamos generando ambientes luminosos atendiendo la condición de que lo que alumbramos nos permite estar confortables y, por tanto, esto abona a la salud”.
Una segunda esfera se refiere a aspectos intrínsecos del diseño que deben considerarse para el cuidado del medio ambiente, por ejemplo, características de las instalaciones, entre ellas mantenimiento, operación y gasto energético.
La tercera esfera corresponde a las particularidades arquitectónicas, desde su forma, composición, estilo, normas y estándares, hasta la seguridad y protección provistas, así como el diseño de la luz natural, es decir, cómo está diseñada la disciplina para que tenga mejores peculiaridades en cuanto al diseño de iluminación natural.
Además de las propuestas de la IALD existen normas en las que se habla de montos o de luz que llega y que toca los planos (los muros, por ejemplo) y los elementos que van a recibir las cantidades de ésta, aunque son cuestiones que no suelen considerarse como principales.
También hay otros aspectos que tienen que ver con la energía, como la eficacia y la eficiencia; al respecto comentó que al hacer un estudio en el Edificio L de la Unidad Azcapotzalco se encontró que éste rebasa la densidad de potencia eléctrica debido a la cantidad de luminarias instaladas. “Revisamos varias veces lo que indica norma”, por lo que es importante tener lámparas, pero también pensar en qué implica en términos de las atmósferas y la conformación del espacio”.
El investigador sostuvo que las temperaturas “que llamamos cálidas son utilizadas para espacios residenciales, domésticos y restaurantes, y estimulan la interacción entre las personas, mientras que si inundamos un espacio con luz fría lo hacemos lúgubre”.
Al destacar algunas tendencias de esta rama de la Arquitectura, el académico subrayó lo dicho por el francés Roger Narboni, quien señala que la oscuridad es un material no un vacío, que la sombra, la sutileza y el contraste están a la par que la iluminación y que la “infraestructura nocturna” es una herramienta poderosa para crear relaciones entre la gente y su metrópoli, priorizar entre peatones y autos, creando ciudadanos sensibles y disminuyendo el consumo energético de las ciudades.