Encabezado
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Número 318

8 de junio de 2022

IMPORTANTE ENCONTRAR ALTERNATIVAS PARA PRODUCIR BIOCOMBUSTIBLES

*La doctora Florina Ramírez está enfocada en producir biogás en dos biorreactores de la UAM Iztapalapa


En este momento es importante encontrar alternativas, a partir de unir aguas negras o residuales con la basura orgánica, para la producción de biogás y metano, debido a que este tipo de biocombustibles se acabarán algún día, aseguró la doctora Florina Ramírez Vives, académica de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

 

Por tanto, se requieren otras opciones para juntar aguas sucias con la basura, que al llegar a los rellenos sanitarios producen gases de efecto invernadero que contaminan la atmósfera, y es así que desde hace más de 15 años la investigadora está enfocada en la producción del biogás en dos biorreactores de la Casa abierta al tiempo.

 

Al participar en el conversatorio Tan claro como el agua, organizado por el Museo Gota de Agua, la profesora del Departamento de Biotecnología de la UAM explicó que después de observar que la basura inorgánica inhibía la producción del lixiviado –líquido de olor desagradable debido al proceso de fermentación que produce alcoholes y ácidos– decidió separarla y trabajar sólo con desechos orgánicos regados con aguas residuales.

 

“La manera de enriquecer el biogás es utilizar los lixiviados de los desperdicios, ricos en alcoholes y ácidos que fungen como precursores de este bicombustible, por lo que con mis alumnos de especialidad y maestría comenzamos a poner botecitos de desechos completamente cerrados que irrigábamos con agua residual y a la vuelta de unos días la concentración de los ácidos y alcoholes iba aumentando hasta que se estabilizaba”.

 

Ese es el momento en que la producción de ácidos y alcohol es mayor para producir gas, pues los microorganismos trabajan para desbaratar los sólidos de la basura; esto es, el líquido que desprenden los desechos que escurren en los rellenos sanitarios y van al subsuelo, al ser aprovechado, podría evitar el daño al suelo.

 

“La ventaja es cambiar las condiciones ambientales para que las bacterias fermentadoras que desbaratan la basura del lixiviado tengan mejores situaciones en el reactor, mientras que en el otro se le dan las condiciones de PH neutro apropiadas para que produzcan el gas a partir del lixiviado y el agua negra”, refirió.

 

La especialista en microbiología señaló que el proyecto es una labor multidisciplinaria, puesto que mientras unos observan los microorganismos, sus rutas metabólicas y sus condiciones ambientales, en la parte de ingeniería se estudia a gran escala los tiempos de retención, el flujo y su combinación, lo que la llevó a trabajar junto con el doctor Óscar Monroy Hermosillo, Profesor Distinguido de la UAM, en escala piloto en la planta de tratamiento de aguas que se tiene en la Unidad Iztapalapa.

 

Para continuar con la investigación, concursaron y obtuvieron el financiamiento del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y de la Secretaría de Ciencia y Tecnología del gobierno de la Ciudad de México para contar con cinco reactores para basura, aunque hasta antes de la pandemia sólo se tenían tres, dado que tarda hasta 15 días para que se produzca el lixiviado con ácidos y alcoholes para meterlos en otro reactor y obtener el biogás.

 

Finalmente, lamentó que muchas veces no cuenten con la cantidad de desechos orgánicos necesarios, sin que esto vaya a detener la indagación, por lo que hizo un llamado de conciencia a los habitantes de la capital sobre la importancia de separar la basura, tener un espacio verde y cuidar el agua, porque hay colonias con escasez del líquido.

 

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