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Número 312
19 de julio de 2016

ALIMENTOS FUNCIONALES OFRECEN MÚLTIPLES BENEFICIOS A LA SALUD: ACADÉMICA DE LA UAM

*Por sus características y la demanda por parte de los consumidores a nivel mundial constituirán la alimentación del futuro

 

*El reto para la industria del sector está en descubrir más compuestos benéficos


 

Los alimentos funcionales ofrecen múltiples beneficios a la salud, contribuyen a mejorar las condiciones de vida de la población y responden de manera eficiente a la creciente demanda de alimentos sanos, expuso la doctora Izlia Jazheel Arroyo Maya, investigadora de la Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

 

La docente del Departamento de Procesos y Tecnologías dijo que el diseño de dichos productos es una de las mejores estrategias para garantizar la calidad alimentaria de la población. “Son absolutamente seguros, brindan beneficios a la salud porque disminuyen el riesgo de padecer algunas enfermedades y son altamente nutritivos”.

 

En la Conferencia: Nanopartículas biopoliméricas en alimentos, la especialista consideró que “serán la alimentación del futuro”, tanto por sus propiedades como por el aumento en la demanda por parte de los consumidores a nivel internacional.

 

La industria global de los alimentos funcionales se ha desarrollado por la necesidad de contar con una nutrición eficiente, mejorar la dieta y conservar la salud, pues hábitos negativos producto de la vida moderna dañan al organismo y generan obesidad.

 

Ante ese panorama son requeridos alimentos bajos en calorías y con alto valor agregado en sus condiciones nutricionales.

 

Un reto para el ramo consiste en descubrir más compuestos benéficos e incorporarlos a otros productos que por su sabor, olor, textura y apariencia no se consumen como sería recomendable.

 

Durante la Semana de Ingeniería Biológica, la doctora Arroyo Maya definió los alimentos funcionales como aquellos que tienen un efecto benéfico en la salud y reducen el riesgo de contraer alguna enfermedad.

 

Diversas investigaciones han confirmado que, por ejemplo, el brócoli contiene sulforafano, que favorece la síntesis de una enzima que produce el hígado con resultados anticancerígenos.

 

La alicina, compuesto presente en el ajo y la cebolla, es un sulfoxidante que baja los niveles de colesterol malo en la sangre. Los derivados de soya, con una amplia gama de productos, entre ellos el frijol, reducen el riesgo de padecer cáncer, al igual que el té, que posee compuestos antioxidantes denominados catequinas.

 

Algunos frutos y plantas contienen antocianinas, un grupo de pigmentos de color rojo, azulado o morado con facultades anticancerígenas, cardioprotectoras y antidegenerativas utilizado para sustituir colorantes químicos.

 

Estos compuestos pueden ser incorporados a alimentos funcionales por medio de la nanotecnología.

 

Arroyo Maya explicó que la nanotecnología ha permitido, por ejemplo, el desarrollo de productos positivos para la creación de nuevos materiales; la construcción de nanoestructuras, nanocápsulas y emulsiones, y la elaboración de empaques de seguridad de productos alimenticios que detectan agentes patógenos dañinos para la salud.

 

Mediante el diseño de partículas biopoliméricas de proteínas y carbohidratos son creadas estructuras multicapa, nanopartículas y geles de alto grado alimenticio, así como otras que estabilizan emulsiones y sistemas de liberación controlada para la formulación de alimentos con bajo contenido de calorías, sabor agradable y textura.

 

La industria de alimentos –que genera al año casi seis mil millones de dólares en ventas– requiere de profesionales calificados y, al ser un sector en crecimiento, representa un campo de trabajo favorable para quienes estudian disciplinas relacionadas con el procesamiento alimenticio.