Encabezado
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Número 310

2 de junio de 2022

EL MODELO NEOLIBERAL MODIFICÓ LEYES Y NORMAS EN PERJUICIO

DE LOS TRABAJADORES 

*El Departamento de Administración de la Unidad Azcapotzalco le homenajeó a un año

de su fallecimiento

 

*Prevalecen contratos temporales, tiempo parcial y trabajos sin prestaciones ni seguridad social


En la economía mexicana fue implantado en toda la era neoliberal un proceso de flexibilización creciente del trabajo, lo que significó una modificación de las leyes y normas que protegían a los empleados, aseguró la doctora Anahí Gallardo Velázquez, investigadora del Departamento de Administración de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

 

Durante el homenaje al doctor Enrique de la Garza Toledo a un año de su fallecimiento, Gallardo Velázquez reconoció que “sus contribuciones teóricas tienen aplicaciones en las investigaciones sobre la sociología del trabajo, destacando una serie de elementos que se emplean como el toyotismo, el outsourcing y las tensiones entre lo laboral y el capital en la era del neoliberalismo”.

 

En el acto organizado por el Departamento de Administración de la sede Azcapotzalco, la investigadora abundó que De la Garza Toledo, quien nació en un pueblito del estado de Coahuila en 1947, estudió ingeniería química en la Universidad Autónoma de Nuevo León; en la Universidad Nacional Autónoma de México cursó la maestría en Ingeniería Química y en El Colegio de México se graduó como doctor en Sociología, para posteriormente realizar estancias de investigación en Italia, Francia e Inglaterra.

 

También obtuvo los premios Nacional de Economía en 1982, Anual de Investigación Económica; en dos ocasiones el Nacional de Investigación Laboral y en 2009 obtuvo el Nacional de Ciencias y Artes en el área de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía.

 

En la conferencia Las tensiones en la relación laboral: análisis y perspectivas en México, la investigadora expuso que las complicaciones principales son los desequilibrios entre el capital y el trabajo, donde el capitalista busca la mayor ganancia a costa del empleado, en tanto que el asalariado demanda un ingreso reparador de su fuerza laboral física, mental y social.

 

En años recientes “hemos padecido un fenómeno estructural en el que las contrataciones atípicas suceden con regularidad, es decir, que prevalecen los contratos temporales, el tiempo parcial, trabajos que no tienen prestaciones, como tampoco seguridad social en el mercado laboral formal”.

 

“La ley laboral reformada en la era neoliberal llevó a generar problemas para los trabajadores, cuyas condiciones fueron empeoradas por las instituciones garantes del empleo. En México los patrones incorporaron la figura de la subcontratación que se plasmó en la reforma laboral de 2012, adecuada a las pretensiones de las grandes empresas, a las que se sumaron otros cambios para favorecer al capital”.

 

En su visión, el empleo formal se concreta con tener seguridad social, acceso al aguinaldo, vacaciones y participación en las utilidades, pero los patrones han anexado la subcontratación con la pretensión de reducir los derechos laborales y colectivos.

 

Cifras oficiales de 2016 indicaban que la población ocupada en el sector informal ascendía a 13 millones de personas, pero a ese registro habría que sumar el 42 por ciento de trabajadores del sector formal que se encontraba en condiciones de informalidad.

 

“A julio de 2016 la población en la informalidad sumó 32 millones de personas, o sea 62 por ciento del total ocupado en condiciones deplorables. Aunque en los últimos años esas realidades han bajado y ha aumentado la cantidad de gente ocupada, la subcontratación sigue, pues la ley actual permite que todavía se acentúen esas prácticas de no pagar las prestaciones en las grandes empresas nacionales o internacionales”.

 

La investigadora admitió la necesidad en el país de aplicar una política económica que fortalezca la demanda agregada y también la oferta, que no precarice al trabajador, pues ello redunda en la disminución del mercado interno, además de que limita el desarrollo económico nacional.

 

Sin embargo, “las grandes corporaciones beneficiarias de los procesos desregulatorios no ofrecen la posibilidad de cambios que favorezcan a los empleados, por lo que corresponde a la ciudadanía identificar alternativas para trascender la actual crisis”, añadió.

 

“Los sindicatos son una fuerza importante para cambiar la situación laboral y salarial, ya que no todos están corporativizados y están en posición de demandar una mejora en las condiciones de vida de los trabajadores”, puntualizó la académica.