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Número 310
29 de octubre de 2015
ANALIZA EGRESADA DE LA UAM LA IMPOSICIÓN DE CÁNONES DE BELLEZA A LAS MUJERES

*Por el trabajo titulado Belleza, nueva feminidad y género: consecuencias políticas, gana segundo lugar en el Primer Concurso de Ensayo Género, Educación Cívica y Democracia

 

*Karla Huerta estudia las sanciones por la transgresión de las mujeres a lo público, la imposición de cánones de belleza y feminidad, y los intentos de regresarlas al ámbito de lo doméstico

 

Con un ensayo en torno a las sanciones por la transgresión de las mujeres a lo público, la imposición de cánones de belleza y feminidad, las consecuencias políticas de este hecho y los intentos de regresarlas al ámbito de lo doméstico, Karla Dinorah Huerta Ortega, pasante de la licenciatura en Sociología de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana, ganó el segundo lugar del Primer Concurso de Ensayo Género, Educación Cívica y Democracia, convocado por el Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF).

 

El trabajo titulado Belleza, nueva feminidad y género: consecuencias políticas tiene como una de sus premisas centrales la crítica a los cánones de belleza, en un contexto en el que a las mujeres “se nos imponen ciertas conductas que se justifican por medio de argumentaciones biológicas”, pero que en realidad se sustentan en construcciones sociales, señaló en entrevista.

 

Las mujeres que hemos decidido ejercer una vida pública y con ello, transgredir los espacios antes reservados a los hombres, “tenemos, ciertamente una sanción”, misma que se manifiesta en exigencias específicas de comportamiento e imagen.

 

“Por ello hablo de nueva feminidad, pues la anterior se quedaba en el papel de ser buena esposa, buena madre y ama de casa”, mientras que la nueva exige, además, ser buenas profesionistas, exitosas y bellas, es decir, tener un aspecto físico que se guíe por la delgadez, la exacerbación del maquillaje, la manera de vestir, la eterna juventud, entre muchos otros elementos.

 

En ese sentido “no se trata de una crítica a la belleza en sí, sino a la imposición social” de estos cánones sobre las mujeres”, aclaró.

 

La egresada de la UAM señaló que el cumplimiento de estas exigencias “nos resta tiempo valioso” y que muchas veces no lo hacemos por estar cómodas, sino porque se nos “invita” a hacerlo así para poder ser aceptadas en estructuras ampliamente dominadas por hombres, pues “mientras más bellas nos mostremos, más aceptadas seremos”.

 

Para Huerta Ortega, las consecuencias políticas de lo anterior, tienen que ver con el tiempo que “se nos resta para poder ser activas” en otros ámbitos, como el de la política.

 

Subrayó que el hecho de que a las mujeres se nos exija una “excelente presentación” para ser contratadas en algún empleo, “tiene consecuencias políticas, porque ya no estamos hablando de igualdad”, pues aunque en términos jurídicos exista, en términos simbólicos, no.

 

Por lo tanto “ese tipo de imposiciones tiene repercusiones sobre nosotras, porque para hacer uso de espacios públicos se nos exige una imagen y conductas específicas”, haciendo que las capacidades y aptitudes se vean cuestionadas por el aspecto físico.

 

La pasante de Sociología señaló que existe un esfuerzo constante “por regresarnos a nuestro papel” en el ámbito de lo privado con argumentaciones como “la supuesta debilidad física, la menstruación, la maternidad y la emocionalidad”, de manera que aunque haya normas y discursos respecto a la igualdad, éstas aún no logran integrarse al ámbito simbólico, lo que nos haría cuestionar dichas normas y discursos.

 

En su ensayo Huerta Ortega rescata la idea de que la importancia de la crítica al ideal de belleza o a la supuesta masculinización de la feminidad, comienza cuando entendemos que éstas son exigencias construidas socialmente mediante argumentaciones sustentadas en la naturaleza del ser.

 

Lo importante de esta temática, subraya, radica en desentramar las relaciones sociales que se gestan alrededor de exigencias simbólicas, pero que tienen consecuencias importantes a la hora de evaluar la calidad de la democracia en el país.