Número 262
15 de mayo de 2023
Pandemia y falta de regulación del mercado han contribuido al encarecimiento de la vivienda
*Académico de la UAM participó en seminario organizado por la SECTEI de la CDMX
*Movimientos urbanos han permitido a población de bajos ingresos acceso a vivienda, servicios urbanos y transporte
Mientras en 2018 el vecino más pobre de la Ciudad de México dedicó 42 por ciento de sus ingresos al pago de alquiler, en 2020 el indicador subió a 51 por ciento como consecuencia de la pandemia de COVID-19 y la falta de regulación del mercado inmobiliario, señaló el doctor Jesús Morales Guzmán, investigador de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). [Minuto 25:00]
Al participar en el Seminario Movimientos Sociales de la CDMX. Siglos XX y XXI, organizado por la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (Sectei), afirmó que mientras entre 2005 y 2022 los precios promedio de la vivienda en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) han aumentado de manera constante, el salario ha disminuido en 43 por ciento durante ese periodo.
Esa situación es “realmente impresionante porque afecta en particular a los jóvenes y a las mujeres jefas de familia, ya que los altos costos inciden de manera negativa, tanto en la compra como en la renta, lo que se suma a los requisitos legales que dificultan esos procesos”, explicó al dictar la conferencia El Movimiento Inquilinario en la Ciudad de México.
“Nos encontramos frente a un panorama complejo de franca desprotección, como lo ha puntualizado la Coalición Internacional del Hábitat, de parte del Estado y de la presencia importante de fuerzas especulativas que animan al mercado, dinámica que ha permitido que los habitantes enfrenten procesos de exclusión, expulsión e incluso desplazamiento, donde la población más sensible es la de los trabajadores y estudiantes”. (Minuto 27:33)
Por tanto, la corriente inquilinaria y “de manera más genérica los movimientos sociales urbanos han tenido y tienen una gran importancia en nuestro país y en la ciudad, ya que han permitido que grandes grupos de colonos e inquilinos de bajos ingresos puedan reivindicar y conseguir viviendas, servicios urbanos y transporte, entre otros bienes que produce la capital”.
Desde El Ágora, Galería del Pueblo, en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, el académico del Departamento de Sociología de la Casa abierta al tiempo citó al doctor Pedro Moctezuma Barragán, quien ha hecho una reconstrucción de la historia puntual del Movimiento Urbano Popular (MUP) y propone una periodización en la que se distingue la de 1968-1972 como una etapa de ascenso en medio de una crisis urbana y la pérdida de legitimidad del Estado.
“Venimos de 1968, desde el cuestionamiento al poder, los valores y a lo que se entendía como provisión de servicios, época en la que ascienden las demandas y surgen las movilizaciones urbanas en varias metrópolis del país para continuar con una siguiente etapa de 1973 a 1976, momentos de expansión de las manchas urbanas a lo largo del territorio nacional y de la consolidación de las colonias, cuando aparecen figuras como las asambleas y nuevas formas de representación y participación”.
Más tarde se registra un periodo de desencuentro, endurecimiento estatal y de franca represión contra los movimientos y, es en la década de los años 90 del siglo pasado cuando se refleja un desgaste y una paradoja, porque el movimiento participa en política, “lo cual no significa que tenga mayor presencia, sino que debilita las estructuras de decisión y fragmenta las voluntades”, si bien tiene mayor presencia en procesos electorales.
Desde 1976 iniciaron desalojos masivos, se prohibieron las invasiones en terrenos urbanos, elementos que coadyuvaron a un retroceso en la agenda de la seguridad social, aunque posteriormente surge un nuevo modelo económico relacionado con la expansión de los capitales y la apertura a las inversiones externas, fenómeno que se profundizó en las ciudades, refirió.
“Con ello aumentó la precarización de las condiciones de vida, es decir, al interior de las ciudades-capitales avanzaron los proyectos urbanos que tomaron las mejores zonas y cambiaron los usos de suelo en perjuicio de las clases populares”.
En la actualidad, uno de los obstáculos fundamentales para la organización independiente y democrática es el clientelismo, constituido como instrumento de control de las prácticas urbanas, de ahí que la promoción de las prácticas autogestivas y populares responden a una tradición, pero también a innovaciones específicas y puntuales.
“Ejemplo de ello son las faenas comunitarias que permitieron zanjar y construir calles, consultorios médicos, viviendas, incluso programas de ayuda mutua, que han permitido reconstruir el propio tejido y solidaridad social, lo que indica que se ha pasado de la lucha de la confrontación a la lucha propositiva”, puntualizó Morales Guzmán.
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