Número 235
12 de mayo de 2021
LABORATORIO DE FARMACIA MOLECULAR DE LA UAM
PRESENTA AVANCES RELEVANTES EN NANOCIENCIAS
*Experto de la UAM habló del tema al ser entrevistado en portal de Extensión Universitaria
de la Unidad Xochimilco
Si bien todavía no se llega al control absoluto respecto de cómo ocurre la liberación de productos desde su forma farmacéutica –tabletas, cápsulas e inyectables– de las sustancias activas para que pasen a través de membranas biológicas y lleguen al torrente circulatorio y a los órganos, tejidos o células donde van a hacer su función, en el Laboratorio de Farmacia Molecular y Liberación Controlada de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) se han tenido avances relevantes en el ámbito de las nanociencias.
El doctor Tomás Quirino Barreda, investigador del Departamento de Sistemas Biológicos de la Unidad Xochimilco de la UAM, informó que en esta instancia se estudia –desde hace varias décadas– desde cómo se libera el activo y cómo interacciona con las estructuras anatómicas del organismo y posteriormente a un nivel molecular con las constituciones químicas que componen las moléculas que crean las células.
Desde su creación, este espacio universitario ha tratado de contribuir al desarrollo de productos, pero ahora existen los dispositivos médicos que pueden colocarse en el cuerpo, los cuales están elaborados con base en partículas y “ahí se encuentra el origen de la explicación de lo que va a suceder con esos materiales para consolidar la forma farmacéutica”.
Para conocer y construir estos productos se requiere de equipos multidisciplinarios en los que se conjuntan la fisicoquímica, la estadística, la biología y la fisiología, entre otras áreas, y por ello la unión de distintos profesionales, dijo el investigador entrevistado en el portal de la Coordinación de Extensión Universitaria de esa sede académica.
Lo anterior tiene que ver con la nanociencia, disciplina que estudia los materiales desde su composición atómica y molecular y eso hace que el conocimiento llegue a esas dimensiones de las estructuras químicas “que conocemos como moléculas, átomos o iones”.
La segunda parte la constituye la nanotecnología que implica la aplicación de la nanociencia para generar este tipo de productos que –en el caso de la medicina y de la farmacia– van a ejercer una acción en los individuos.
Por lo tanto “transformamos la materia a la escala nanométrica para obtener esas estructuras que luego, llevadas al plano macroscópico, se ven como tabletas, cápsulas o inyectables, pero esas soluciones que en apariencia son líquidos transparentes podrían ser un sistema coloidal en el que hay nanopartículas que van a desplegar la actividad farmacológica o terapéutica”.
En particular en este laboratorio se han desarrollado emulsiones que pueden ser administradas en el ojo, las cuales son aparentes, porque están integradas por partículas “que no observamos a simple vista, pero que con técnicas instrumentales, que son como una prolongación de nuestra visión podemos ver que se han juntado átomos de una manera organizada”.
Como laboratorio “preparamos acuasomas, que son cuerpos que han sido diseñados para comportarse como moléculas acuosas que en el medio agua no se van a observar” y, sin embargo, están ahí y tienen una solubilidad aparente y dentro de ellas está la sustancia activa.
Lo anterior parte de un conocimiento previo en el ámbito internacional que “nosotros llevamos a una necesidad individual para tratar de crear un producto con tecnología mexicana con el fin de introducir dentro de esas partículas compuestos que tengan actividad farmacológica.
En este caso fue elaborada indometacina, un antinflamatorio que es utilizado vía oral en tabletas para aliviar el dolor y que reduce la presión intraocular, por lo que la idea era obtener una solución que administrara en el ojo una acción más local y redujera la presión, “sin que tuviéramos que introducir un fármaco que antes de llegar al glóbulo ocular deba transitar por todo el organismo”.
Mediante la nanotecnología se busca generar moléculas con marcadores que puedan inyectarse por la vía venosa, pero que estarán enmascaradas para el sistema inmune, que defiende al organismo de elementos extraños, las cuales tienen una composición química que las hace poseer ciertas partículas que les impide ser reconocidas como agentes atacantes por parte de los macrófagos. Esas son las ventajas de esta disciplina.
El propósito es originar moléculas nanométricas que traten de direccionarse a un órgano o célula blanca, que por su mismo tamaño tienen una potencia mucho más alta, es decir, “cuando pasamos de transformar materiales de la escala micro a la nano se potencia la actividad de esas sustancias”, señaló el doctor Quirino Barreda.