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| El concierto Voyage Música para Piano del Siglo XX, a cargo del pianista mexicano Bruno Iturria Abrego, inauguró con un repertorio latinoamericano y flamenco las actividades de la Fundación de Egresados de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)
La presentación, realizada en el Centro de Difusión Cultural Casa del Tiempo con el propósito de recabar fondos para el equipamiento de cómputo del Bufete Jurídico de la Unidad Azcapotzalco, incluyó piezas del siglo XX, discordes a la estética de la música clásica.
El concertista inició con El olor de la guayaba, compuesta por él en Francia en 1993 e inspirada en la novela del escritor Gabriel García Márquez del mismo nombre.
También interpretó Un tango: Altagracia, de la autoría del cubano Carlos Fariñas en alusión al pueblo argentino donde nació Ernesto Guevara. Una pieza que retrata la vida del famoso guerrillero conocido como El Che y el sentimiento contenido, que deriva en movimientos pianísticos bruscos, atmósferas secas y fantasmales, “lento como un tango poco flexible” es la frase con la que se pensó esta obra, sostuvo el intérprete.
Iturria Abrego mostró entusiasmo por la participación de las mujeres en la música clásica y lamentó que las composiciones nacionales femeninas sufran discriminación por parte de las orquestas, por lo que afirmó que su deber como pianista es darle eco durante sus presentaciones e interpretó Canción sin palabras, de Gina Enríquez, quien siguió la corriente de la melodía popular inspirada en el jazz y los boleros.
Dentro del repertorio europeo de la noche figuró Notturno de Ottorino Respighi, maestro italiano que continuó siempre la línea romántica de los grandes operistas y autores melódicos, combinando su legado con un lenguaje impresionista francés.
De Arno Babajanian considerado uno de los artistas armenios más nacionalistas ofreció Elegía, pieza sencilla y corta cargada de gran fuerza emocional.
Entre las últimas tres melodías entregó Cancó i dansa nom.6 de Federico Mompou, un autor catalán con fuertes influencias flamencas y gitanas que ilustra a la perfección su influencia por los suburbios de Barcelona, y Jeux D’eau, de Maurice Ravel, conocida por haber sido escrita en el auge del impresionismo francés.
El también egresado del Conservatorio Nacional de Música deleitó al público con el Danzón número 2, una obra que se ha vuelto mundialmente aclamada al posicionarse entre les tres mejores piezas nacionales junto al Huapango de Moncayo y la Conga del Fuego, esta última también escrita por Arturo Márquez.
El maestro cerró diciendo la joie de vivre á la mexicaine, la alegría de vivir a la mexicana, motivando con ello a la audiencia a sentirse identificada con esta canción sinfónica de repertorio.
Bruno Iturria realizó su formación en las mejores escuelas de México y Francia, situación que le confieren ser considerado uno de los intérpretes más jóvenes y talentosos del repertorio pianístico mexicano, cuyo trabajo y talento lo han llevado a presentarse en diversos escenarios de México, Brasil, Francia e Indonesia.
Celia Mellado García, presidenta de la Fundación de Egresados de la UAM, subrayó que ésta se creó en 2012 a partir del interés de los graduados por mejorar a la institución, conformándose como una asociación civil con personalidad jurídica cuyos objetivos son vigilar el fortalecimiento y el desarrollo integral de la UAM, además de servir como vínculo entre egresados e institución.
La Fundación inició una serie de acciones que busca la obtención de recursos destinados al apoyo de las funciones sustantivas de la universidad, desarrollando diversos proyectos en las cinco unidades universitarias –Azcapotzalco, Cuajimalpa, Iztapalapa, Lerma y Xochimilco– y los Centros de Difusión Cultural de la Casa abierta al tiempo. |