Encabezado
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Número 208

15 de abril de 2022

LA PSICOSIS, TRASTORNO GENERADOR DE EXCLUSIÓN

Y VULNERABILIDAD EXTREMA

*Académico de la UAM presentó avances de proyecto de trabajo con pacientes del CAIS Cuemanco


Las personas diagnosticadas e internadas con problemas de psicosis padecen una fuerte desvinculación familiar y viven en una condición de vulnerabilidad extrema, afirmó el maestro Jorge Pérez Alarcón, académico del Departamento de Educación y Comunicación de la Unidad Xochimilco y responsable de un proyecto de investigación de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) desarrollado en el Centro de Asistencia e Integración Social (CAIS) “Cuemanco”.

 

Al presentar los avances del trabajo que aborda la problemática de personas con problemas de psicosis, el académico y la socióloga y psicóloga de dicho centro María Rufina Ortega Cortez, destacaron la importancia de reestablecer el vínculo entre pacientes y sus familias.

 

Si bien la génesis del padecimiento puede detectarse con anticipación, generalmente se oculta y se asume tarde, cuando ha contribuido ya a colapsar la relación intrafamiliar y los enfermos son vistos como desadaptados y son víctimas de exclusión, en tanto sus parientes viven la culpa y la vergüenza en silencio.

 

Así, la psicosis es una condición que no sólo deja frágil a quien la sufre, sino que también quebranta el sistema familiar, pues muchas veces la persona es expulsada a la calle por no encontrar un lugar para su atención adecuada. 

 

En la ponencia Enfermedad mental, indigencia y procesos de revinculación, los especialistas explicaron que el CAIS alberga a cerca de 300 personas vulnerables por la psicosis que padecen y añadieron que debido a la pandemia se han incrementado los casos de personas en situación de calle, por lo que ahora se reciben hasta seis individuos al día, mientras antes sólo llegaban dos en promedio.

 

La gente internada viene de una miseria extrema, han sido víctimas de violencia estructural y en muchos casos no se ha podido localizar a sus familias, que si bien están presentes en sus delirios, son presencias ausentes y es muy probable que se encuentren ocultando la vergüenza que ocasiona esa situación por no haber podido acceder a atención institucional tras deambular por hospitales, “granjas”, centros de reclusión o la calle para tratar de localizar a su ser querido.

 

Las familias victimizadas por el aislamiento y excluidas por la culpa y la vergüenza de ignorar el padecimiento son descritas como descontextualizadas, mientras aquellas vinculadas mediante la desculpabilización deciden compartir historias para buscar la revinculación, proceso que debe rearticular, pues lo primero es hurgar en las historias del vínculo que emergen de él y a la vez lo configuran.

 

Las historias inician en un mundo sin lenguaje, de carácter prolingüístico, donde las acciones que hacen sentido son los grandes mediadores de la exclusión, apuntaron los investigadores.

 

El programa está basado en el diálogo abierto y la convivencia para recuperar los saberes, efectuando pocas acciones de psicoeducación, señalaron en la charla realizada en el marco del Seminario de Actualización del Área de Investigación Estudios de Familias. El trabajo con familias: salud, vínculos y significaciones.

 

Los especialistas apuntaron que en las hipótesis sobre la intervención se considera que el alejamiento de las familias no ocurre por el trastorno como tal, sino por el estigma que genera, además que su potencial vinculatorio está en función del tipo de conversaciones y de la validación que pueda darse de cada experiencia.

 

La construcción de una realidad alejada del aislamiento y el deterioro depende de la construcción de nuevas formas de relación en las que se valide la resiliencia y saberes acumulados.

 

La doctora Guadalupe Mateos Miranda, del área de Psicología, y la psicóloga Claudia Liset Esquivel Páez, del CAIS Cuemanco, coincidieron en que si bien la psicosis se trata desde varias disciplinas médicas y sociales, el trastorno también se analiza por su impacto económico y social, ya que por su estigma social sólo entre cinco y diez por ciento de los internados reciben visitas de sus familias, por lo que en muchos casos los especialistas del Centro se vuelven sus seres más cercanos.