Número 204
14 de abril de 2022
LOS GOBIERNOS PROGRESISTAS EN AMÉRICA LATINA, RESPUESTA HISTÓRICA
AL MODELO NEOLIBERAL
*Experto dictó Conferencia convocada por Posgrado en Desarrollo Rural de la Unidad Xochimilco
de la UAM
Los gobiernos progresistas en América Latina necesariamente remiten al progresismo “con el que estamos conviviendo en la llamada Cuarta Transformación de Andrés Manuel López Obrador, es decir, en términos epistemológicos, pensamos a México desde América Latina y a ésta desde México, contrastando sendas experiencias”, señaló el doctor Massimo Modonesi.
Sin embargo, el proceso del progresismo mexicano es tardío, porque hay un desfase respecto del ciclo latinoamericano en el sentido de que al surgir de la oleada de movilización anti-neoliberal, como nacieron los regímenes progresistas en América Latina en la primera década del siglo XXI, las circunstancias cambiaron.
Al dictar la Conferencia Los gobiernos progresistas latinoamericanos del siglo XXI, organizada por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) sostuvo que en la región sí se dio un fenómeno que tuvo cierta sincronía con relativa transversalidad en diversos países que se volcaron al progresismo y que tuvieron un significativo calado histórico, pues marcaron un ciclo importante en su tradición por sus largos periodos, algunos de ellos de una década o más, con una estabilidad política notable.
Las administraciones de ese tipo no surgieron estrictamente del cambio de las clases dirigentes, sino de un impulso desde abajo, por lo que es importante observar la relación de éstos con los movimientos sociales y los actores comunitarios, es decir, entre la dimensión gubernamental y la acción colectiva de la organización social, advirtió el historiador y sociólogo.
Por ello, es necesario plantear la conexión que hay entre el ciclo de luchas anti-neoliberales iniciadas a principios de los años 90 del siglo pasado –que anteceden a esos regímenes– y la propia conformación de la política progresista. Hay una hipótesis que sostiene que ese es su origen, emanado de los movimientos populares que retomaron parte de los grandes momentos de participación y de irrupción de masas de la década de 1970 en la historia latinoamericana.
Hay algunas matrices analíticas que explican la movilización de las luchas sociales, como la nacional popular, la socialista revolucionaria, la campesina e indígena o la anarco-autonomista; la nacional popular y la socialista revolucionaria fueron las protagonistas del siglo XX, pero también las grandes derrotadas, y lo que renació a finales de ese siglo fueron los movimientos de matrices campesina e indígena y anarco-autonomista.
Empero, estas últimas no tenían tanta vocación de poder político; fueron fundamentales como el empuje desde abajo, pero no lograron cuajar como experiencia de gobierno, y entonces el relevo lo tomaron las fuerzas de lo nacional popular, con una mayor carga social demócrata, según el país latinoamericano en cuestión.
Lo cierto es que a principios del presente siglo las izquierdas se reconfiguraron de manera más tradicional, a pesar de que detrás de ellas estaban las ideologías que fortalecieron sus bases y que le imprimieron características muy novedosas, como el caso del movimiento zapatista en México que después encontró eco en prácticas como la boliviana o la ecuatoriana. No obstante, las concepciones sobre el poder político, el Estado, la participación, la relación partido-movimiento se conservaron tal como fueron ideadas en el siglo XX.
Los regímenes progresistas se definen a sí mismos como pos-neoliberales o anti-neoliberales con elementos de discontinuidad, que se fincan en la imagen de la recuperación del espacio público, cierto anti imperialismo, en una lógica de soberanía, de nacionalismo, de neo-desarrollismo, basado en cierto grado de distribución de la riqueza por lo general a través de políticas públicas con carácter universal, pero al mismo tiempo focalizadas en los sectores más desfavorecidos con un matiz relativamente asistencial, cierta movilidad social y cierto asentamiento en derechos sociales.
Modonesi afirmó que puede hacerse el recuento latinoamericano de dónde se llegó más lejos al reconfigurar un Estado de bienestar, los derechos sociales, o en términos de cómo se recolocó lo público como un elemento fundamental tanto de la dinámica económica como del resguardo de esos derechos.
Hubo una época hegemónica del progresismo, pero entre 2011 y 2014 empezaron a verse grietas, y para 2015 se vio fracturado ese predominio; en ello influyeron una serie de movilizaciones de derecha y populares ligadas a reformas sociales, a proyectos de impacto ambiental y a muchas otras causas. El progresismo se vio cercado por la derecha e izquierda, en un proceso de relativo desgaste que llevó a la caída de casi todos los gobiernos progresistas entre 2015 y 2017.
Las posturas que perviven en América Latina se sostienen entre los defensores del progresismo, las derechas, y una serie de críticas que provienen de horizontes más anti-sistémicos, los cuáles han nutrido la capacidad de reformular ciertas dinámicas de participación y movilización social. “Hoy estamos presenciando un retorno del progresismo en la región”.
La conferencia fue organizada por el Posgrado en Desarrollo Rural de la Unidad Xochimilco de la UAM.