Número 187
30 de marzo de 2023
Posgrado en Medicina Social de la UAM ofrece una visión alternativa de salud pública
*La salud no es una mercancía, sino un derecho, señala Sergio López, coordinador de esta maestría
*Actualmente se encuentra abierta la Convocatoria 2023 para el ingreso a este programa de estudios
Con casi medio siglo de existencia la Maestría en Medicina Social de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) se ha consolidado como un posgrado con un enfoque alternativo a la atención tradicional de los servicios de salud pública, señaló el doctor Sergio López Moreno, coordinador de este programa de estudios.
Esta opción educativa –que se imparte en la Unidad Xochimilco– es pionera de una corriente de pensamiento en América Latina que propone analizar la situación de salud de los diversos colectivos y la forma en que deben atenderse las problemáticas asociadas con la enfermedad.
El profesor afirmó que el tema “no tiene un origen exclusivamente biológico y está vinculado a la forma en que las sociedades se organizan”. Así, en las más justas la mayoría de la población tiene buenas condiciones de vida y su nivel de salud es adecuado; en cambio, en aquellas en las que la repartición de la riqueza es más desigual los grupos vulnerables presentan más padecimientos y la esperanza de vida es menor.
Esta visión “nos ha llevado a definir dos grandes campos de trabajo: uno denominado Distribución y determinantes de salud, dedicado a investigar la manera en que las comunidades enferman, sus causas y los grupos que sufren más, y otro, llamado Respuesta social, que examina las soluciones que ofrecen los estados frente a las afecciones; “nos interesa saber cómo se organizan y proporcionan los servicios sanitarios y quién tiene derecho a utilizarlos”.
En el posgrado “pensamos que el detonante es social y, desde su creación, nos ha interesado estudiar la relación que tiene la salud con el trabajo, las carencias o con la falta de acceso a los servicios, por ejemplo, en fechas recientes se han abordado nuevos problemas en la materia –como los trastornos crónico-degenerativos y los mentales, así como la violencia y las reformas al sistema– siempre en función de las raíces que subyacen”, subrayó.
“Debido a que sostenemos una perspectiva diferente del ramo público convencional, nuestros métodos de trabajo no se limitan a la disertación de los aspectos biológicos o las herramientas técnicas, sino que consideramos de manera destacada los componentes sociales que influyen sobre el bienestar de la población”, precisó el académico del Departamento de Atención a la Salud.
Otros aportes de la maestría se encuentran en el campo de la generación de ideas y conceptos, en virtud de que “la medicina social definió hace décadas la salud como un fenómeno dinámico y complejo que se manifiesta en distintos niveles de la realidad y al que denomina proceso salud-enfermedad. Este concepto se reconoce como una categoría científica totalmente legítima”.
Desde hace más de 40 años “hemos propuesto que ese esquema está determinado por la forma que adoptan la política, la economía y la cultura”. Estas esferas tienen una combinación específica en cada sociedad y momento histórico, y explican que haya comunidades que tienen padecimientos derivados de la pobreza –desnutrición y malestares carenciales– y otras con afecciones que resultan del sedentarismo, el trabajo precario y el desgaste corporal –la obesidad, el sobrepeso, el estrés o distintos tipos de cáncer–.
La idea sobre la Determinación Social de la Salud fue propuesta como marco general de análisis latinoamericano varias décadas atrás. La Organización Mundial de la Salud lo ha adoptado y con él ha respondido a problemas tan complejos como la pandemia de COVID-19, cuya evolución no tuvo que ver sólo con la presencia de un virus muy contagioso, sino con la distribución desigual de los recursos sanitarios, el acceso diferencial a las vacunas, la posibilidad de no trabajar para guardar confinamiento y las condiciones sanitarias previas de la gente infectada, entre otras.
La comprensión de que la salud no es una mercancía, sino un derecho, da una posición distintiva a la maestría. Sus egresados tienen habilidades para ejercer la docencia, comprender los problemas sanitarios en relación con su contexto económico, político y cultural, y operar acciones con un enfoque social.
En años recientes el posgrado ha alcanzado una eficiencia terminal cercana a 70 por ciento y se han titulado alrededor de 520 profesionales que han logrado insertarse con éxito en el campo laboral, coordinando planes de estudio en salud pública, colectiva y medicina social. Algunos han sido responsables de los ministerios del ramo de sus países y otros han ocupado altos cargos en instituciones internacionales, entre ellas la Organización Panamericana de la Salud. La actual secretaria del sector de la Ciudad de México es ex alumna de este programa.
Las personas graduadas se desempeñan con una perspectiva clara frente a los valores de justicia, equidad e igualdad que deben regir el saber y el actuar en la materia. La convocatoria 2023 tiene como fecha de publicación de resultados el 12 de junio y el 25 de septiembre para el inicio de cursos.
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