Número 183
15 de abril de 2021
BLANCA HEREDIA RUBIO, NUEVA INTEGRANTE DE LA JUNTA DIRECTIVA DE LA UAM
*Fue elegida en la sesión 494 del Colegio Académico de esta casa de estudios
El Colegio Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) eligió hoy –en su sesión 494– a la doctora Blanca Heredia Rubio como nueva integrante de la Junta Directiva de esta casa de estudios, en sustitución del doctor José Luis Valdés Ugalde, quien concluyó su periodo por ministerio de ley.
Heredia Rubio es licenciada en Relaciones Internacionales por el Colegio de México y doctora en Ciencia Política por la Universidad de Columbia en Nueva York. Escribe y hace indagación sobre política mexicana y pedagógica, así como sobre promoción del talento intelectual joven.
La académica y directora fundadora de la Unidad de Investigación Especializada sobre Educación y Política Educativa en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) se ha desempeñado como comisionada para el desarrollo político en la Secretaría de Gobernación; representante de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en México para América Latina; vicerrectora académica de la Universidad Americana en París, y secretaria académica del CIDE durante la época de refundación.
También como consultora senior en los bancos Mundial e Interamericano de Desarrollo; la Agencia Noruega de Desarrollo (NORAD) y, en México, en las secretarías de Educación Pública, de la Defensa Nacional y del Trabajo y Previsión Social, entre otras.
En la Universidad Hebrea de Jerusalén ocupó la Cátedra Rosario Castellanos y ha sido profesora visitante en las universidades Georgetown, Northwestern, Notre Dame, de Salamanca y Complutense de Madrid.
Entre las numerosas publicaciones académicas y de divulgación con que cuenta destacan sus libros Tiempo de cambio, transparencia y educación de calidad y Reinventing Leviathan: The politics of administrative reform in developing countries.
En la entrevista con los miembros del Colegio Académico señaló que los retos que enfrentan las instituciones mexicanas son enormes, pues los preexistentes relativos al financiamiento insuficiente; la necesidad de atender a estudiantes con crecientes rezagos e incompetencias básicas, y las dificultades planteadas por un mercado laboral poco dinámico –con todo el impacto que esto tiene sobre las trayectorias posuniversitarias– se han agudizado por los cambios en el entorno político, el estallido del COVID-19 y la gran crisis económica vinculada a la contención de la pandemia.
A esos desafíos se han sumado, entre otros y muy en especial, la transición hacia la enseñanza a distancia y a todas las actividades de las escuelas de educación superior a distancia; la exacerbación de los costos de la desigualdad social expresada en la permanencia y el aprendizaje asociados a la inmensa brecha digital que caracteriza a la población estudiantil mexicana, así como los múltiples efectos de una efectación económica muy honda que ha repercutido en la vida de estudiantes, profesores y trabajadores que integran las comunidades.
En este mundo de demasiadas contradicciones, a las universidades “no hacer nada o seguir haciendo lo mismo” no parece ser una opción, pero “insistir en reinvenciones completas tampoco me parece muy viable”.
La investigadora del CIDE consideró que para navegar estos tiempos tan complejos, las universidades precisan de elementos de dos tipos: en primer lugar ser fieles a lo que les dio origen, a su ADN y al mismo tiempo estar abiertos al cambio de manera creativa, inteligente, sensible y también pragmática; por otro lado son necesarias capacidades institucionales y directivas excepcionales, a fin de gestionar una operación regular y llevar a cabo las transformaciones y los ajustes para adaptarse con éxito a un entorno con múltiples quiebres y altísimas dosis de incertidumbre.
En este contexto, algunos de los principales escollos que enfrentan los centros educativos, en particular los públicos, están en la insuficiencia del presupuesto, que se ha visto exacerbado por cambios en las prioridades y en las crecientes restricciones normativas introducidas por el gobierno federal, así como con la crisis económica y los requerimientos no previstos impuestos por la emergencia sanitaria.
Otros problemas radican en la mudanza del conjunto de las operaciones de la Universidad a modalidades a distancia; los costos educativos y la desigualdad social que han sido visibilizados por la pandemia, y un mercado de trabajo en plena transformación que se ha acelerado con la emergencia sanitaria, lo que va a acarrear secuelas muy importantes y, por desgracia, “hasta donde alcanzo a ver, en el corto plazo, muy negativas para las perspectivas laborales de los egresados”.
El reto mayor de cara a este cambio de época consiste en “plantearse de frente la necesidad de combinar lo singular con lo general, lo individual y lo colectivo y dejar de pensar que gracias al mercado esta combinación se producirá por sí sola”. Esto pasa por buscar en modo consciente e inteligente la mejor manera de conciliar lo que sirve y es bueno para una universidad en particular, con lo que es benévolo para la sociedad de la que forma parte, apuntó.