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Número 176
23 de abril de 2016

UN IDILIO DE TEXTURAS Y COLORES EN LECTURAS DEL DESCONCIERTO

*Seis jóvenes artistas exponen en la Casa de la Primera Imprenta de América de la UAM


 

 

Seis jóvenes artistas con trayectorias diversas convergen en un idilio de textura y color, al abordar la fragmentación y el aislamiento de las sociedades contemporáneas.

 

En Lecturas del desconcierto, expuesta en la Casa de la Primera Imprenta de América de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Hazael González Castillo (1974) hace de las cajetillas metálicas de cigarros una pieza que trasciende su propio tiempo, inmortalizando objetos y personas que sin motivo aparente captura a través de la lente de una cámara.

 

Las piezas en mediano formato elaboradas en óleo sobre tela y metal, materiales con los que trabaja hace 23 años, derivan de su acercamiento a los exvotos pintados por Frida Kahlo, aunque son los contornos y las formas humanas complementadas con su historia, lo que llama la atención.

 

En los muros de la sala I del centro de extensión educativa y cultural de la UAM lucen también las piezas de Pilar Córdoba Longar (1981), artista autogestiva motivada por su propia transformación; hace ocho años que convive con los pinceles debido al interés y motivación que encontró en la ciudad de Nueva York, donde radicó un tiempo.

 

Córdoba Longar comenzó creando obras que rinden culto al cuerpo, una inquietud que pronto abandonó para entregarse a un arte más gráfico en el que encuentra la comodidad para proyectar las transformaciones de su propio ser.

 

El milenario arte de bordar en punto de cruz la seduce por su maleabilidad, textura y relieve y es una técnica que utiliza para ordenar la saturación mental en coloridos cuadros, entre ellos Las cien mil y una puntadas, uno de los que estarán en exhibición hasta el cuatro de junio.

 

Ricardo Cuevas Martínez (1978) explora el lenguaje y coloca el libro como vehículo central de comunicación. Con este soporte artístico evidencia una pieza preciada pero imprecisa, una paradoja que resalta con el arte.

 

“Del libro contemplo la estructura misma y la historia de quien lo posee” para llegar a un tercer sentido, en el que no sólo se lee el mensaje sino la escritura, incluso de aquellos espacios que existen entre las palabras, indicó.

 

El artista con más de 30 exposiciones nacionales e internacionales distinguido en 2003 por el Programa de Residencias Artísticas del Banff Centre de Canadá es autor de Walking with the ghost, una caja en forma de libro con un texto en papel fotográfico –impreso y revelado, pero no fijado– por lo que al ser abierto para su lectura, el escrito desaparece, invitando a la reflexión.

 

En la muestra participa también Rodrigo Ímaz (1982), artista multidisciplinario interesado en la concepción de piezas en dos y tres dimensiones alentadas por los desafíos y colisiones de los sistemas humano y natural, y vinculadas al aspecto social.

 

La presencia de este autor es notoria con tres cuadros en escala uno a uno, técnica que le permite un acercamiento al espectador casi real. En Casa huacal recupera la tradición de las cajas de madera que en México tienen múltiples usos. En Iconos urbanos hace referencia a las estructuras sociales frágiles.

 

Y La nave de los locos remite a la tradición del ropavejero, personaje que va de calle en calle recolectando objetos inservibles, pero al mismo tiempo invita a reflexionar en torno al paradero de aquella basura que se desecha.

 

Lorena Gómez Mostajo (1979) presenta fotografías que exploran el vínculo hombre-naturaleza y Alejandra Contreras Estopier (1980) ofrece en seis collages enfoques diferentes desde un mismo punto de partida: la habitación de su casa, en una proyección de ángulos diversos que reflejan transformaciones a las que involuntariamente está sometida.