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| El compromiso de los científicos sociales con los procesos, tanto de transformación de la realidad como de mejoramiento de las condiciones de vida de millones de seres humanos obliga a reflexionar de manera constante acerca de la dimensión ética de la práctica profesional, declaró el doctor Antonio Zirión Pérez.
El profesor-investigador del Departamento de Antropología participó en la Mesa: Un desafío para las ciencias sociales y las humanidades, organizada como parte del programa de lectura en voz alta de los artículos del libro Alzando la voz por Ayotzinapa, presentado en la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
El doctor en Ciencias Antropológicas por la UAM y maestro en Antropología Visual por la Universidad de Manchester, Gran Bretaña, sugirió que las ciencias sociales aplicadas se destinen a resolver los grandes problemas y a hacer suyas –sin reservas– las causas, luchas y movimientos colectivos.
“Es tiempo de promover ciencias sociales críticas, solidarias, subversivas y militantes que cuestionen, desmientan, denuncien, contrarresten o al menos hagan visibles las profundas fallas del sistema”.
El académico dijo que no basta con indignarse y protestar, la responsabilidad profesional como científicos sociales exige hacer algo más, tanto en las aulas con los alumnos como en los proyectos de investigación, sumando esfuerzos desde diferentes disciplinas humanas.
El doctor Gabriel Vargas Lozano, profesor del Departamento de Filosofía –en su artículo Los hechos de Iguala y la caja de pandora– considera necesario responder a una serie de interrogantes respecto del ancestral rezago económico y social, la violencia y la ausencia de justicia en Guerrero.
Otra dimensión del problema consiste en el creciente narcotráfico y la identificación de los responsables de este flagelo, es decir, ir a la fuente del problema en Estados Unidos, donde está el mercado de consumidores y la provisión de armas para los cárteles de las drogas.
El filósofo propuso preguntarse por qué y cómo la corrupción de las autoridades desarrolló una simbiosis entre el Estado y los narcotraficantes; los politólogos y economistas deben explicar por qué el ejército no puede vencer el comercio de estupefacientes.
El doctor Esteban Krotz manifestó que se requieren especialistas formados en el conocimiento de la dimensión social y cultural de la realidad sensible y en el conocimiento de ciertos grupos, regiones y épocas de la humanidad y/o de ciertas temáticas socioculturales.
En los casos de Tlatlaya y Ayotzinapa los investigadores deben estar mejor informados y actualizados para adquirir la capacidad de distinguir datos falsos e irrelevantes, con el fin de realizar el análisis y su difusión.
En ese sentido deben disponer de información válida para la construcción del conocimiento social objetivo e incluir el punto de vista de las víctimas y de las personas y organizaciones cercanas a ellos.
Para lograrlo debieran participar en foros y grupos de discusión con otros especialistas y ciudadanos para reconocer continuidades y rupturas estructurales que construyan argumentos probables sobre causas y efectos de los conflictos. |