Imprimir
Número 150
9 de abril de 2016

LOS BICHOS DE MI FAMILIA, UNA VISIÓN SUTIL Y SARCÁSTICA DE LA VIOLENCIA

*La muestra de Alicia Amador ocupará la Galería de Arte Iztapalapa hasta el 18 de abril


 

 

Desde una visión sutil y sarcástica, la artista plástica Alicia Amador traduce en Los bichos de mi familia el horror y la repulsión que provoca la violencia en el hogar, convocando a la reflexión sobre un fenómeno inaceptable.

 

La Galería de Arte de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) presentará hasta el 18 de abril una selección de óleos sobre tela en formato diverso de una serie de 30 cuadros propuesta por la autora.

 

La doctora Milagros Huerta Coria, coordinadora de Extensión Universitaria de la citada sede académica, precisó en el cartel de presentación de la muestra que casi la mitad de las mexicanas mayores de 15 años es o ha sido víctima de violencia intrafamiliar, sea como pareja, madre o hija y, en la mayoría de los casos, son hombres quienes la ejercen en forma física, psicológica o económica.

 

La propuesta estética “es de extraordinario colorido, que invade cada espacio en forma elocuente y silenciosa. Es exactamente esta calidad del arte la que nos hace llegar a través de los sentidos y la emoción un discurso en forma directa y sin transición”, señala Huerta Coria.

 

Amador no utiliza el arte como medio de denuncia social, sino plantea la visualización directa de una severa problemática del país. La artista declara su interés en el tema “por ser mujer, por ser algo que se permea en la sociedad; porque lo ve, porque está ahí siempre en forma velada, oscura (…) como si debiera vivirse de manera cotidiana, natural, normal, como si así debiera ser; porque nadie se sorprende de este tipo de violencia”.

 

En el oficio de pintar no calla: espera un cambio y sus obras reflejan un proceso formativo, creativo y evolutivo en un marco de libertad total; es innovadora e intensa al aplicar “cada capa de temple como parte de un todo, sabiendo que hay que esperar, sin prisa, el resultado de la suma de cada uno de mis impulsos”.

 

Cada obra se va transformando, cada capa aporta su propia sutileza y cada color convive, se hermana, madura hasta que llega la hora de aplicar el barniz; entonces comienza la magia: aparece lo que hay dentro, lo interior se integra y los velos caen en presencia del otro, relata la artista.

 

En el proceso creativo “me permito fluir con descaro, con curiosidad por el simple hecho de sentir, de presenciar el hecho”, todo de manera natural en empatía con los sentimientos, comparte Amador, quien descarta definirse como una pintora abstracta o figurativa, pues se proyecta entre ambos al combinar realidad con imaginación para crear una obra colorida y bella.