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Número 149

21 de marzo de 2022

LOS DERECHOS HUMANOS SON UNA CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO ADMINISTRADA EN FORMA CLIENTELAR

*El Departamento de Estudios Institucionales de la UAM organizó el ciclo Derechos Humanos 2022

Los derechos humanos se presentan como una parafernalia que se construyó en el Estado moderno del siglo XX y que legitima un orden jurídico, pero deslegitima otros más, como un salvoconducto frente a los bienes comunes concebido como un sistema prefabricado que se inserta en la organización social, sostuvo el doctor José Ramón Narváez Hernández. 

 

En el ciclo Derechos Humanos 2022, organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el profesor de la Escuela Judicial Electoral afirmó que “aunque se diga que gozamos de garantías humanas en realidad las tenemos que pedir, ya que son otorgadas por alguien, por lo que en realidad no son para todos, pues cuestan”.

 

En México y en otras latitudes los derechos humanos se distribuyen en forma clientelar, pues al no alcanzar para todos se generan paraísos legales para su otorgamiento, reconoció. 

 

Incluso, “depende de la zona donde vivas para acceder a las prerrogativas legales, considerando que hay comunidades exigentes a las que el Estado atiende de manera prioritaria para conseguir estabilidad social. Otorgar viviendas o vacunas tiene un costo y siempre se toman decisiones para definir a quiénes les corresponde esa garantía”, dijo en el ciclo organizado por el Departamento de Estudios Institucionales de la Unidad Cuajimalpa.

 

Esa situación lleva a la pregunta planteada por el politólogo y filósofo Norberto Bobbio respecto de dónde y cuándo surgen los derechos humanos, pues resultan del Estado moderno. 

 

El jurista italiano Paolo Grossi señala que el Estado “surge como un engaño a la sociedad, que el derecho genera un aparato burocrático que monopoliza los esquemas y estructuras legales, y de ahí nace la idea de que al ceder parte de tu libertad el Estado genera una contraprestación y es el origen del contrato social”, planteó.

 

“El Estado es impune porque no indemniza y es difícil que resulte responsable, por lo que se torna en un profesional de tomar mucho a cambio de nada, idea retomada por Michel Foucault, quien indica que el Estado encuentra un enemigo aquí y otro allá, incluso crea el enemigo y el otorgamiento de esos derechos se posterga con el argumento de atender contingencias con otros grupos sociales”.

 

El Estado moderno “nunca da derechos, lo que hace es prometerlos, al crear un instrumento procesal para otorgarlo y es por medio de esos instrumentos sofisticados y caros que pospone y dosifica su acceso”.

 

En la actualidad los derechos se van fabricando como un proceso de marketing. En América Latina están en crisis por su occidentalidad, por su individualidad y por la forma en que los administra el Estado.

 

“Ahora estamos viviendo el sueño de señores del siglo XVIII que se imaginaron un Estado, unas leyes, los principios de representación, pero lo pensaron desde su cultura occidental, desde su clasismo, racismo y colonialismo”, agregó. 

 

Por ello, abundó, “es necesario crear un esquema para el futuro, pues así como está construido no funciona y sólo genera cárceles llenas, esquemas corruptos; más allá de rectificar la plana se requiere una propuesta diferente”.

 

En la conferencia magistral Los derechos humanos, una institución occidental en crisis, el docente de la Escuela Judicial Electoral criticó la imposición de una forma de ver las garantías humanas “que establece que debemos cumplir con ciertos criterios para acceder y entenderlos”.

 

Desde una filosofía crítica se propone emancipar a la sociedad y al individuo, pero el actual esquema aliena los derechos y los otorga a cuentagotas. 

 

“Debemos vencer ideas como que la población es inculta y que sólo los que estamos en las universidades podemos desarrollar una propuesta alternativa; por el contrario, se debe hacer desde una sociedad real y no imaginada”, añadió.

 

“En el sistema que vivimos los derechos humanos funcionan como control social, aunque en algunos casos han servido para mejorar las condiciones de las minorías. Una alternativa viable es tener una filosofía latinoamericana del buen vivir, que rompa el modelo rígido occidental, que se nutra de la cultura popular y de las culturas indígenas”, finalizó.