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Número 148

21 de marzo de 2022

LA UAM BUSCA DETECTAR EN ALUMNOS ESTADO DE LANGUIDEZ, DERIVADO DEL COVID-19

*Matriculados en la MADIC crearon una aplicación para identificar ese padecimiento

 

*El trabajo que realizaron fue inscrito en el sitio de la OMS sobre temas asociados al coronavirus

El trabajo Herramienta digital para detectar el estado de languidez en los estudiantes durante la pandemia de COVID-19 –desarrollado por alumnas y alumnos de la Maestría en Diseño, Información y Comunicación (MADIC) de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)– quedó inscrito en el sitio Web de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que almacena indagaciones relacionadas con la enfermedad causada por el SARS-CoV-2.

 

Jessica Martínez Herrera, Paola Areli Manzanilla Yuit, Tania Tapia de la Rosa y Marco Antonio Guzmán Garnica, quienes cursan dicho programa de posgrado de la Unidad Cuajimalpa, crearon un prototipo de aplicación móvil con el que se busca identificar el estado de languidez en los jóvenes que mantuvieron distanciamiento social debido a la crisis sanitaria. 

 

La investigación fue propuesta ante la Conferencia Internacional Humano Computadora (HCI, por sus siglas en inglés) –en su edición 23– y publicada en Springer, donde ha registrado más de 300 descargas y, gracias a esto, posteriormente logró su incorporación al catálogo de la OMS.

 

En entrevista explicaron que “nadie está libre de sufrir un problema emocional”, por lo que el objetivo de esta App es hacer visible la importancia que pueden tener los desarrollos electrónicos para alentar a la gente a comprender sus sentimientos, así como a buscar mantener una buena salud mental, con el acompañamiento de especialistas. 

 

Las indagaciones sobre los efectos del distanciamiento social en la salud por la pandemia del COVID-19 han reportado depresión, estrés, apatía, irritabilidad, insomnio, estrés postraumático, enojo, cansancio emocional y estado de languidez, entre otros; este último se concibe a partir de “una sensación de vacío y estancamiento” que si no se detecta podría derivar en algo más grave: depresión, ansiedad o estrés.

 

Una de las dificultades es que las personas no conocen el término ni saben que lo padecen, ante lo cual las y los autores pretenden que el alumnado pueda reconocer sus emociones, nombrándolas y optando –junto con profesionales en la materia– por los cuidados idóneos para afrontar una situación compleja. 

 

Además consideran “necesario establecer un vínculo entre la tecnología y las actividades cotidianas, pero con responsabilidad social, pues estas herramientas pueden ayudar a reducir la impresión de distanciamiento social”. 

 

El trabajo hace énfasis en los instrumentos con los que el sujeto cuenta antes de caer en ese estado y que pueden servir a salir de él, por lo que “retomamos un término de la psicología que es el de granularidad emocional, que implica la capacidad de reconocer y verbalizar las emociones”, distinguiendo entre “estoy aburrido o me siento triste”. 

 

El desarrollo de granularidad emocional no deja que alguien salga solo de un problema, sino que, al admitir lo que siente, puede buscar respaldo con mayor facilidad y en un momento oportuno. Esta acción previene el agravamiento de la situación, por ejemplo, con la depresión.

 

Si el individuo tiene granularidad superará por sí mismo el estado de languidez, a diferencia de quienes por sus contextos lo prolongan.

 

Las y los alumnos diseñaron una metodología de interacción humano-computadora que consiste en una interfaz basada en métodos y equipo para diagnosticar un posible estado de languidez. 

 

Al ser descargada se accede a un video para conocer cómo navegar en ella a partir de tres opciones: una para saber cómo están sus emociones, basándose en un círculo en el que aparecen las seis principales y las que pueden ramificarse de éstas para entender cómo nombrar lo que siente y en qué nivel está; otra conduce a información sobre qué son los estados de languidez y de florecer, que corresponde a una salud mental equilibrada; el intermedio es la frontera entre ambos y representa depresión y melancolía, entre otras enfermedades. 

 

La tercera lleva a un cuestionario para que el usuario identifique u obtenga un diagnóstico inicial de florecer, languidecer o de otro padecimiento. Según el resultado serán las posibilidades de solicitar ayuda, que consistiría en una base de datos de redes de psicólogos, correos electrónicos y quizá el vínculo con el área especializada de la Universidad en el ámbito, así como un número telefónico en el que conocerán las ventajas de que sean atendidos.

 

En la aplicación se propone un personaje que funcione como guía y propicie una interacción amable; por el momento “tenemos una primera aproximación de creación de la interfaz” con una evaluación en la que ya es posible hacer ajustes o cambios de elementos, entre ellos los personajes, el color y la forma como se navega en el sistema.

 

“Prevemos que este proyecto abra las puertas a posibles estimaciones y a un esquema, cuyo objetivo es que la gente tenga una herramienta de apoyo para identificar el problema de languidecer”. Los datos obtenidos podrán ser empleados por la UAM para tomar las medidas oportunas y planear el regreso integral a clases, más allá de las medidas sanitarias, atendiendo las circunstancias emocionales de los jóvenes, de la mano con especialistas.

 

Hasta ahora “contamos con la primera evaluación del prototipo, a partir de la problematización y el análisis del perfil y detectamos necesidades particulares, por lo que construimos una primera interfaz, la valoramos y realizamos ajustes, previo a un segundo proceso iterativo”. 

 

En general, las pruebas arrojaron que se trata de un producto relevante y útil, en especial para aquellos que, tras la pandemia y el distanciamiento social que implicó, pudieron ver el valor de la salud emocional y su cuidado.

 

“Podemos asegurar que si los jóvenes son capaces de reconocer su estado de languidez a través de la granularidad emocional, así como de instrumentos –tal como propone este estudio– es posible reaccionar a tiempo y tomar medidas, siempre guiadas por las autoridades universitarias, quienes podrían apoyarlos a conseguir una salud emocional equilibrada, evitando así enfermedades psicológicas graves”.

 

Las y los alumnos de la Maestría se congratularon por la inclusión de su trabajo en el catálogo de la OMS y coincidieron en su convicción de que la tecnología puede tener un impacto social destacado en la solución de asuntos reales complejos. También aseguraron que la labor interdisciplinaria que llevan a cabo en la MADIC, así como la perspectiva social de la UAM les permitió plantear una propuesta de innovación comprometida con la sociedad.