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Número 146

18 de marzo de 2022

LA COMUNICACIÓN DEL CONOCIMIENTO ABONA A RENOVAR VÍNCULOS ENTRE LAS Y LOS UNIVERSITARIOS

*Expertos participaron en la jornada Astronomía y danza en primavera Midiendo la circunferencia de la Tierra

 

*Jesús Galindo dictó la conferencia La observación del equinoccio como práctica cultural mesoamericana

La comunicación del conocimiento debe convertirse en una actividad sustantiva, más visible, dentro y fuera de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), lo cual abona a renovar vínculos y a crear otros nuevos entre las y los universitarios, pero también con el entorno; de esta forma se crean identidad y ciudadanía, señaló el doctor José Antonio De los Reyes Heredia, rector general de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), durante la inauguración de la jornada Astronomía y danza en primavera Midiendo la circunferencia de la Tierra. 

 

La difusión cultural y la comunicación del conocimiento, científico y humanístico, “son elementos que nos permiten integrarnos de mejor manera, al interior de la Universidad y con “nuestros entornos, mediante la construcción de una identidad y de un sentido de pertenencia, en la que, con inclusión y respeto a nuestras diferencias, quepamos todas y todos”.

 

El Rector General de la Casa abierta al tiempo enfatizó que pese a las distintas maneras de ser, de pensar y entender el mundo, “hay una cosa que compartimos: la curiosidad que nos orilla a escuchar y a aprender cosas nuevas como comunidad”. 

 

El doctor De los Reyes Heredia reconoció la visita del doctor Jesús Galindo Trejo, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la universidad Nacional Autónoma de México, quien dictó la conferencia magistral de esta celebración “justo en el equinoccio de primavera; justo cuando el día y la noche duran exactamente lo mismo, dando paso a jornadas de luz más largas y cálidas: todo eso que implica un nuevo comienzo; un nuevo ciclo de vida, de crecimiento y de prosperidad”, expresó. 

 

En la conferencia titulada La observación del equinoccio como práctica cultural mesoamericana, el académico de la UNAM expuso que los movimientos astronómicos fueron identificados por muchas culturas en el mundo, donde se levantaron grandes estructuras, pirámides, palacios, señalando la salida del sol, y Mesoamérica no fue la excepción. 

 

El astrónomo, quien se definió como “exótico” porque “no sólo veo para el cielo, sino también para el suelo”, dijo que gracias a la investigación arquiastronómica de las últimas décadas se ha encontrado que la mayoría de las estructuras arquitectónicas prehispánicas en México está orientada a salidas y puestas del sol. 

 

Galindo Trejo mostró algunas imágenes de diferentes representaciones de códices prehispánicos y coloniales, por ejemplo, un códice mixteco en el que aparece un observador mixteco en un edificio desde donde ve las estrellas; o en el siglo XVI, la imagen de un sacerdote mayor que mira al cielo para calcular la hora.  

 

El observar el sol “nos habilita a poder ver el tiempo y los mesoamericanos durante más de tres mil años tuvieron un sistema de cuenta basado en dos subcuentas, una solar apoyada en el movimiento del astro de 365 días y otra ritual y religiosa de sólo 260 días, “de manera que un día tenía doble fecha en uno y en otro sistema.  Empezaban a la vez, pero al llegar a los primeros 260 días se desfasaban y cada uno seguía su camino, y había que esperar 52 años para que volvieran a coincidir, entonces se hacían grandes ceremonias y empezaban de nuevo”. 

 

Estos números calendáricos son fundamentales para entender muchos aspectos de la cultura prehispánica, en particular la orientación de las grandes pirámides, subrayó. 

 

Ejemplificó que si una persona se sitúa en la Plaza de la Estela, en Xochicalco, Morelos, y observa durante todo el año la salida hacia el oriente, verá que el sol surge en el día del equinoccio en el centro del edificio; unos tres meses antes de esos momentos alcanza los solsticios y desde ahí sale de las esquinas de la construcción.

 

También mencionó el descenso de Kukulkan, en Chichen Itzá, cuya edificación tiene la particularidad de que a través de sus elementos arquitectónicos señala muchas propiedades que tienen que ver con el calendario, por ejemplo, sus cuatro escalinatas con 91 escalones (91 por cuatro dan 364) y si se considera la plataforma superior común, da el número de días que tiene un año solar.

 

Como en otras culturas antiguas, en Mesoamérica importantes estructuras arquitectónicas fueron también orientadas hacia los solsticios, equinoccios y salidas y puestas solares en las fechas del paso cenital del astro, las cuales dependen de la latitud geográfica de cada sitio. 

 

La orientación solar de la mayoría de las más importantes estructuras arquitectónicas en Mesoamérica privilegia fechas que se eligieron a partir de las características del calendario prehispánico.

 

Esta práctica cultural alcanzó la mayor jerarquía religiosa en Mesoamérica, por lo tanto, al elegir las fechas de alineación solar de un edificio, según tal criterio calendárico, se le añadía un valor de trascendencia sagrada. 

 

En la actividad –organizada por la Dirección de Comunicación del Conocimiento de esta casa de estudios– también se llevaron a cabo talleres astronómicos y observaciones solares con telescopios, coordinadas por las agrupaciones astronómicas AstroUAMI y Sian Ka'an, además de una clase de zapateado de son jarocho, con la participación del Taller de Danza Folklórica Xochipilli, de la Unidad Iztapalapa de la Casa abierta al tiempo.

 

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