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Número 139

23 de marzo de 2021

SOCORRO DAMIÁN OBTUVO LA MEDALLA EMILIO KRIEGER VÁZQUEZ

*En reconocimiento a su labor como defensora del derecho de mujeres y niñas a una vida libre

de violencia

 

*La UAM ha mostrado gran compromiso por atender esta problemática”, señaló la responsable

de la Unigénero 

En México “vivimos un momento de emergencia y grave crisis en relación con el respeto a los derechos humanos de las mujeres y las niñas, pero también pasamos por una etapa en la que las mujeres han roto el silencio y salimos cada vez más a las calles para luchar y manifestar nuestro hartazgo y rechazo a las distintas expresiones de violencia de las que somos objeto”, afirmó Socorro Damián Escobar, quien obtuvo la Medalla Emilio Krieger Vázquez. 

 

Con esta presea, la Asociación Nacional de Abogados Democráticos reconoce su labor como defensora del derecho de mujeres y niñas a una vida libre de violencia, en respuesta a la postulación en este sentido presentada por la Red Internacional de Feministas del Mundo Académico (RIFEMA). 

 

En entrevista, la responsable de la Unidad de Acción para la Prevención y Erradicación de la Violencia de Género, la Inclusión con Equidad y el Respeto a las Diversidades (Unigénero) de la sede Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) sostuvo que esta distinción significa un logro, “no sólo para mí como abogada, sino a todas aquellas que desde distintas trincheras están evidenciando las desigualdades estructurales que persisten en diversos espacios, incluido el universitario”.

 

La galardonada agradeció la iniciativa de RIFEMA –integrada por una mayoría de catedráticas de distintas escuelas nacionales y extranjeras– al destacar su participación en los procesos de diseño y reforma de protocolos de atención en instancias de educación superior cuya aprobación e implementación efectiva es urgente. 

 

En el sector “vivimos una situación de violencia generalizada y una demanda por parte de las estudiantes por que existan mecanismos efectivos para resolver y sancionarla”. En el país, antes de la pandemia se expresaron grupos y colectivas –por ejemplo, de las facultades de Filosofía y Letras y de Economía; preparatorias y Colegios de Ciencias y Humanidades de la UNAM– que exigían un alto al acoso y al hostigamiento sexual pero, sobre todo, denunciaron que a pesar de los instrumentos habidos, no se aplicaban sanciones a los agresores o imperaba cierta discrecionalidad en esto.

 

“Creo que hubo un antes y un después en las movilizaciones de mujeres, sobre todo a partir del indignante feminicidio de Lesvy Berlín Rivera Osorio en Ciudad Universitaria, porque a partir de ese año, 2017, empezaron a surgir por todos lados organizaciones, sobre todo de alumnas que demandaban espacios libres de violencia en las universidades”. 

 

Además se realizaron tomas, paros y manifestaciones en distintos planteles solicitando terminar con la simulación y la impunidad, así como hacer efectivo el acceso a la justicia de las víctimas de ese flagelo y, aunque la pandemia del COVID-19 complicó que la lucha se sostuviera, muchos de los cambios que se gestaron –los registrados a la legislación y la creación de unidades de género– fueron gracias a las protestas de mujeres organizadas.

 

En la UAM –a la que la licenciada Damián Escobar se sumó en 2019 en la Unidad Iztapalapa como asesora de la comisión encargada de diseñar y aprobar un dictamen, que después pasó al Consejo Académico– surgió la Unigénero el 14 de febrero del año siguiente, desarrollando “un trabajo muy comprometido” para lograr un protocolo que incluyera a las personas LGBTTTIQ, quienes también se ven violentadas. 

 

La Casa abierta al tiempo cuenta con una unidad del tipo en cada una de sus sedes; aprobó recientemente las Políticas Transversales para la Erradicación de esta problemática y “tenemos cambios muy importantes en la normatividad, incluida la reforma de 2020 del Reglamento del Alumnado, en el cual se instaura un lenguaje inclusivo, reconociendo la violencia de género como una falta grave, sea física, psicológica, sexual, de acoso y otras conductas que atenten contra la intimidad”.

 

Esto ha permitido que la UAM juegue un papel protagónico para atender de manera estructural las desigualdades, ya que el problema no se ataca sólo con la aprobación de un protocolo, sino que se requiere de respuestas integrales y políticas como las ya aprobadas en materia de legislación universitaria.

 

La Defensoría de los Derechos Universitarios trabaja en la reflexión y el análisis para proponer un protocolo único que homologue los mecanismos, las rutas y las directrices respectivas, e implementó un taller sin precedente en “formación profesional del manejo de casos por motivo de género en el ámbito universitario”, inaugurado el 25 de noviembre del año pasado dirigido a personas clave de la comunidad de la UAM: académicos, administrativos, estudiantes y miembros de la oficina del Abogado General y la Coordinación General de Difusión. 

 

En ese sentido “quiero destacar la sensibilidad que la UAM ha demostrado con las y los estudiantes, que son los que en forma mayoritaria se ven vulnerados, sin dejar de lado otros sectores, con las acciones que ha llevado a cabo hasta este momento”.

 

A pesar de los avances registrados en las universidades en los últimos años, “cuando hablamos de obstáculos a la atención de los casos podemos destacar la falta de reformas integrales a las legislaciones para que se armonicen  con las normatividades nacional e internacional; la no aplicación de los estándares mundiales la ausencia de voluntad política en algunas instituciones, pues “podemos tener leyes y normas que sancionen las conductas”, pero si no se cuenta con el compromiso, difícilmente aquellas que denuncien accederán a la justicia. 

 

Otro impedimento para avanzar es que “cuando no denuncian es por la falta de confianza a la respuesta y en ocasiones hasta por la violencia institucional a la que se enfrentan durante los procedimientos, ya que cuando no se sanciona y se les revictimiza”. 

 

Las universidades afrontan el reto de realizar un abordaje integral que incluya necesariamente el acompañamiento psicológico a las víctimas, por profesionales con experiencia que cuenten con perspectiva de género y derechos humanos, ya que debe dotarse de herramientas emocionales a quienes van a encarar una acción legal. 

 

Con la pandemia y el confinamiento, la violencia contra ellas se ha agudizado e incluso se trasladó al ámbito digital, de manera que en el contexto actual “nos invita a tener nuevos paradigmas y modelos” para brindar la atención en estas circunstancias”. 

 

Damián Escobar es licenciada en Derecho por la Universidad Veracruzana; cuenta con una Especialidad en Derecho Civil por la Universidad Nacional Autónoma de México y terminó la Maestría en Derecho en esa misma casa de estudios.

 

En la carta de postulación ante la ANAD, la RIFEMA sustenta que Damián Escobar ha estructurado y desarrollado un importante trabajo para prevenir, investigar, sancionar y erradicar la discriminación y la violencia de género en las universidades, con una activa participación en la elaboración de políticas de igualdad sustantiva y protocolos, así como acompañamiento a casos de feminicidio, coadyuvando en complejos procesos ciudadanos de búsqueda de desaparecidos en la Ciudad de México y apoyando con sus conocimientos técnicos y empatía a familias agraviadas. 

 

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