Número 132
14 de marzo de 2022
UN DIAGNÓSTICO INTEGRAL, PARTE DEL PLAN CONTRA LA VIOLENCIA
POR RAZONES DE GÉNERO EN LA UAM
*Más de 75% de la comunidad universitaria ha sufrido, al menos una vez, un episodio de ese tipo
*Un Primer Informe sobre el tema orientará el Plan de Intervención institucional para erradicar la problemática
Más de 75 por ciento de la comunidad de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) ha vivido violencia por razones de género, al menos una vez, en el ámbito institucional y más de 46 por ciento ha sido objeto de insulto, devaluación, burla, apodo, ofensa y descalificación, revela el Primer informe sobre violencia por razones de género y discriminación en la UAM, publicado en formato digital por la Unidad Iztapalapa y la Defensoría de los Derechos Universitarios (DDU) de esta casa de estudios.
En entrevista, las doctoras María Guadalupe Huacuz Elías y Alicia Saldívar Garduño, defensora titular y defensora adjunta de la DDU, respectivamente, sostuvieron que dicho documento responde a la necesidad de contar con datos estadísticos que orienten las políticas de la Casa abierta al tiempo para “trazar el camino en el tema”.
El objetivo de una encuesta aplicada entre el 8 de marzo y el 18 de abril de 2021 fue conocer la prevalencia del fenómeno, los factores asociados a su ocurrencia y los recursos sociales e institucionales disponibles que permiten enfrentarlo.
La DDU –en colaboración con dos investigadoras de la citada sede académica– realizaron un diagnóstico integral para obtener información sobre los sucesos que se presentan en la UAM, como parte del Plan de intervención integral para prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia por razones de género, implementado desde la oficina de la Defensoría, en cumplimiento de las atribuciones establecidas en su reglamento.
La doctora Huacuz Elías resaltó que el informe remite a uno de los puntos relevantes de las Políticas Transversales para erradicar la violencia por razones de género: recabar estadísticas que sirvan, tanto de insumo a las directrices oficiales como de punto de partida al alumnado y a las y los docentes para emprender proyectos de indagación e incluso procesos de investigación-
acción participativa.
La doctora Saldívar Garduño explicó que la intención no es solamente poder describir y conocer la situación, sino también tomar decisiones a partir de los resultados de la encuesta; “nos gusta mucho pensar que esto puede ser sustancial para desarrollar acciones y políticas que tiendan a la erradicación del flagelo, que sabemos no será fácil ni rápido, pero es importante que sea clara la dirección de esta casa de estudios en ese sentido”.
En dicho ejercicio participaron dos mil 41 personas, “que no es un volumen menor en la Universidad” y cuyas respuestas reflejan las circunstancias en esos asuntos; si bien a veces “tendemos a idealizar las instituciones de educación superior como espacios libres de violencia y discriminación, la verdad es que no es así, pues los datos son muy claros”: alrededor de 75 por ciento de los consultados dijo haber tenido algún episodio y sólo 25 por ciento declaró no haberlo vivido.
Los actos más frecuentes corresponden a violencia psicológica o aquella que no deja marcas físicas y, aun cuando parecería que “si no hubo golpes o evidencia física no habrá de qué preocuparse”, sí quedarán expresiones que degradan, devalúan, ridiculizan y humillan.
La investigadora del Departamento de Sociología de la Unidad Iztapalapa indicó que esa realidad puede verse como una práctica cotidiana entre las y los jóvenes, o como parte de la cultura, por lo que nadie debería ofenderse, pero esto no debe entenderse así y “lo que queremos es evidenciar que esto está ocurriendo y que no se debería normalizar” porque es el alumnado el sector más afectado.
Ese tipo de agresiones sucede entre alumnas y alumnos, mayoritariamente entre pares, aunque también proviene de parte del profesorado: varones en primer lugar; de otros individuos que forman parte de la comunidad en segundo, y de algunas docentes en tercero, pero “es claro que los principales violentadores son los hombres”.
La Defensora adjunta observó que la encuesta evidenció la composición tan distinta que tiene la Universidad, pues ha sido la primera vez que sus integrantes declararon la identidad sexogenérica que asumen y “no la que nosotros adjudicamos por cómo los vemos”, por lo que en la muestra se encuentran hombres, mujeres, mujeres trans y una constitución de nueve categorías que es relevante visibilizar, reconocer y respetar.
Huacuz Elías destacó que “ellas, ellos y elles se están nombrando”, es decir, que hay personas de género fluido, no binarias y mujeres trans, entre otras, lo cual es importante porque son segmentos más propensos a vivir discriminación y violencia sexual, sobre todo a recibir comentarios de contenido sexista, burlas y situaciones que se dan respecto de las mujeres, pero también hacia miembros de la diversidad sexual.
También se identificó a la población que admite pertenecer a algún pueblo originario náhuatl, zapoteco, otomí, mixteco, mazahua o totonaca, entre otros, y que ha reportado actos de discriminación y violencia; de igual manera, al sector con alguna discapacidad que señaló discriminación y violencia por razones de género.
Las especialistas apuntaron que “es la primera vez que en la UAM abrimos el espectro en relación con el tipo de discapacidad y de agresión que reciben”, coincidiendo en que los resultados “podrían tomarse como base para posteriores investigaciones y profundizar” en las condiciones de las personas indígenas, “porque prácticamente están invisibilizadas”.
Otra circunstancia significativa es la violencia digital en los ámbitos psicológico y sexual, pues el confinamiento por la pandemia del COVID-19 la trasladó de lo presencial a lo virtual, por lo que la Universidad tiene que definir estrategias y recursos para contender con eso, debido a que “son las oficinas de atención a la violencia de género las que han tenido que recibir, atender y canalizar los casos”.
La doctora Huacuz Elías dijo que es altísimo un 75 por ciento de personas que han sufrido algún tipo de violencia en la UAM, además de que 46.4 por ciento expuso haber sido objeto de insultos, devaluación, burlas, apodos, ofensas y descalificaciones, y 32 por ciento recibió comentarios desagradables sobre su cuerpo a través de declaraciones y chistes de contenido sexual, entre otras ofensas.
La violencia física se da sobre todo entre el alumnado, mediante pellizcos, araños, empujones o jalones, así como la de contenido sexual sobre las mujeres y personas de la diversidad sexual.
Un dato revelador del Informe, “sobre todo para quienes ocupamos puestos de gestión y toma de decisiones respecto del tema de violencia y género”, es que no se conocen suficientemente los espacios de canalización de los casos, pues las oficinas de atención de las unidades académicas y la DDU son poco identificadas entre los universitarios; poco más de 30 por ciento contestó la encuesta, lo que revela que se requiere una campaña de difusión intensa para que la comunidad de la UAM sepa los mecanismos de atención al fenómeno en la Institución.
La doctora Huacuz Elías expuso que sería fructífero que en los próximos años se realizare la encuesta de nuevo, pues “nos permitirá hacer un ejercicio comparativo y analizar cómo estamos avanzando en materia de violencia por motivos de género en nuestra Universidad”, finalizó.