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Número 073

14 de febrero de 2022

EGRESADA DE LA UAM ESTUDIA LA CASA DEL MUSEO COMO CASO FUNDANTE

DE LA MUSEOLOGÍA PARTICIPATIVA

*Leticia Pérez obtuvo el Premio Miguel Covarrubias, que otorga el INAH, por su trabajo sobre el tema 

La doctora Leticia Pérez Castellanos, egresada del Posgrado en Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) obtuvo el Premio Miguel Covarrubias que otorga el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), correspondiente al área de Museografía e Investigación de Museos, a la mejor tesis de doctorado con el trabajo titulado La casa del Museo (Ciudad de México 1972-1980). Una etnografía multilocal sobre la acción cultural extramuros.

 

En su investigación la doctora Pérez Castellanos analiza la Casa del Museo como un caso fundante de la museología participativa y comunitaria en Latinoamérica, del cual, sin embargo, poco se sabía, dijo en entrevista la especialista en estudios sobre públicos en sitios patrimoniales.

 

La Casa del Museo –un proyecto experimental desarrollado por el Museo Nacional de Antropología (MNA) durante los años setenta del siglo pasado– llevó parte de sus exposiciones y actividades a colonias de la entonces periferia de la Ciudad de México y fue una vía versada de los postulados del museo integral y de los acuerdos de la Mesa Redonda de Santiago de Chile en 1972, donde se abordaron temas del desarrollo y el papel de estos espacios en el mundo contemporáneo.
 
Pese a ser un caso fundante de la museología participativa eran desconocidos aspectos sobre su historia y destino final, por lo que el hallazgo del archivo del proyecto en 2014, ahora constituido en un fondo documental, detonó una investigación doctoral para analizar esta práctica extramuros, conocer el papel de los diferentes agentes colaboradores, sus tareas cotidianas y cuáles fueron sus efectos en el largo plazo.

 

Puede entenderse la museología en México desde dos vertientes principales: la primera que corresponde a los espacios que se conforman como institución y que empezó en 1825 con la fundación del Museo Nacional, primer recinto en el que se presentaron exposiciones arqueológicas y etnográficas. A partir de entonces hubo una gran diversificación tanto de estos sitios como de colecciones y se inició su formalización a nivel nacional. 

 

La otra vertiente tiene que ver con la indagación sobre los museos y esta rama formal comienza en la década de 1940 en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, que funda una primera carrera de museografía y museología, empieza a impartir cursos y, por lo tanto, se da la profesionalización de quienes se desempeñaban en estos campos. 

 

En los años setenta del siglo pasado se abrió la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, así como una licenciatura en restauración y una maestría en Museología, que estudia estos recintos en todos sus ámbitos, el social, histórico y comunicacional, además de las prácticas que se llevan a cabo en los mil 400 museos del país. 

 

Hasta antes de esa década los lugares que se fundaron fueron manejados por el gobierno y, por tanto, era el que dictaba todos los lineamientos acerca de las colecciones, cómo se conservan y cómo se organizan las muestras; sin embargo, luego de los acontecimientos estudiantiles de 1968 empezó a flexibilizarse y a incluir la intervención de la sociedad y la atención de sus demandas. 

 

Así surgió un movimiento de museología participativa con proyectos fundantes en los que se buscó involucrar a la comunidad en las decisiones sobre qué exposiciones quieren preparar, cómo darle espacio al patrimonio que las personas consideran valioso y no sólo tener en cuenta las consideraciones desde el Estado. 

 

Posteriormente se fundó un programa de museos escolares que integra a unos 400 sitios en toda la República, donde los niños de nivel básico colectaban objetos, les daban un sentido, armaban muestras y tenían su propia galería en cada escuela. Otro proyecto fue Museo sobre rieles, que ocupaba un vagón de ferrocarril que recorría diferentes localidades y llevaba exhibiciones a esas regiones. 

 

Un proyecto más fue el de la Casa del Museo impulsado por el MNA para llevar sus labores fuera de sus muros a colonias de la periferia de la Ciudad de México, zonas donde no había este tipo de recintos y donde la gente decidía las temáticas de las exposiciones, colaborando con los especialistas en diferentes actividades.

 

Esta iniciativa –señaló Pérez Castellanos– se da en un momento donde hay una apertura de las instituciones culturales a las demandas sociales y se busca incluir a otros sectores que normalmente no visitaban los museos, con el propósito de democratizar el acceso a la cultura y a la vez transitar hacia una democracia donde la voz de esas personas tuviera también cabida en estas políticas.

 

En el ámbito internacional el proyecto La Casa del Museo ha sido importante porque es uno de los primeros que trabajó con metodologías que propiciaran la participación; sin embargo, a pesar de su relevancia no había fuentes que informaran qué fue de este programa.

 

La investigadora expresó que tuvo “la fortuna de encontrar el archivo de esta iniciativa en el MNA”, el cual no había sido catalogado ni estudiado “y esto fue lo que detonó mi interés: saber exactamente entre qué fechas estuvo vigente, en dónde se ubicó, las metodologías para ponerlo en marcha, quiénes intervinieron”, entre otros detalles de su operación. 

 

A partir de entrevistas con la gente que contribuyó “pude conocer más sobre el sitio en el que estuvo ubicado cerca de la estación del Metro Observatorio (el cual fue trasladado después de tres años al Pedregal de Santo Domingo) y que consistía en módulos armables de lámina que dieron cabida al espacio museal para que la gente pudiera acudir a las exposiciones. El proyecto terminó en 1980 por diversas causas debido a que los intereses del MNA y del INAH a quien pertenecía el museo cambiaron y se extinguió. 

 

“Con mi investigación pude ver que hay un legado vinculado a un programa de museos comunitarios que el Instituto estableció en la década de 1980 y que recuperaba toda la metodología y lo aprendido en estas experiencias previas, y que repercutió en los miembros del equipo que continuaron haciendo actividades similares”. 

 

Además, dado que este trabajo se conoció por especialistas de otros países “también se buscó replicar esta modalidad mexicana” en Brasil y Holanda, donde se retomaron ideas de proyectos participativos, pero en otros contextos. 

 

Esas resonancias, esos ecos, son cosas que el proyecto dejó y “me gustó mucho ver que las personas que trabajaron ahí dejaron una marca” en la museología mexicana. 
  
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