Número 070
11 de febrero de 2022
EGRESADA DE LA UAM INVESTIGÓ LA DESPERSONALIZACIÓN DE VÍCTIMAS
DE FEMINICIDIO EN CHIMALHUACÁN
*Ese es el tema de su tesis de maestría por la que obtuvo el Premio Fray Bernardino de Sahagún 2021
Por su tesis La (des)personalización de las mujeres víctimas de feminicidio en Chimalhuacán, Estado de México. Narrativas desde las familias, Claudia Itzel Pérez Rodríguez, egresada del Posgrado en Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), obtuvo el Premio Fray Bernardino de Sahagún 2021, que otorga el Instituto Nacional de Antropología e Historia a la mejores tesis de maestría en los campos de etnología y antropología social.
La también egresada de la Licenciatura en Antropología de la Unidad Iztapalapa narra los casos de feminicidio de cuatro mujeres asesinadas en Chimalhuacán entre los años 2017 y 2019, con el objetivo de conocer sus procesos de búsqueda, identificación y reconocimiento desde las experiencias de sus familias.
En entrevista subrayó que las familias fueron centrales en esta investigación porque permitieron profundizar en las características de las relaciones sociales que se gestaron entre los propios parientes, la persona y las autoridades, en el proceso médico-legal, forense y doméstico de estos feminicidios.
Desde esa óptica el estudio se basa en distintas técnicas de indagación como la etnografía visual, la entrevista a profundidad, la observación, el diario de campo, y a su vez, “un diario de emociones y etnografía a través de medios digitales”.
El análisis de los datos obtenidos en el trabajo de campo permite profundizar e invitar a comprender la (des)personalización de las mujeres víctimas de feminicidio, por eso “propongo concebir este fenómeno como una red de relaciones entre actores”, quienes están insertos en un sistema socio-cultural androcéntrico y que provienen de espacios muy específicos: médico-legal, forense y familiar.
La (des)personalización necesariamente se presenta en las disputas por el poder entre dichos actores en tres momentos clave que son en primer lugar la búsqueda y desaparición; en segundo, la identificación y, finalmente, el reconocimiento de la persona muerta.
Pérez Rodríguez explicó que decidió hacer su trabajo en el municipio de Chimalhuacán, en el Estado de México, porque tiene una serie de características muy particulares, como los altos índices de violencia, insuficiencia de servicios básicos, un alto número de habitantes con una baja calidad de vida y poco acceso a la educación y a la salud, entre otras carencias y además es un sitio que “no era tan visibilizado en cuanto al tema del feminicidio”.
En un principio resultó muy difícil establecer redes para tener acceso a algunos sucesos y “empecé a buscar a las madres de cuatro víctimas que estuvieron de acuerdo en que les acompañara en sus procesos”, relató.
“Poco a poco fui construyendo la narrativa sobre estos cuatro casos y me enfoqué en analizar cómo las familias interactúan con abogados, fiscales y personal médico cuando están en la búsqueda, identificación y reconocimiento de la mujer que ha muerto y cómo recuperan el cuerpo”.
De acuerdo con estos testimonios, “había un proceso en el que se desdibujaba la identidad femenina” dadas las dificultades para interactuar con estos actores, quienes “tratan de manera muy fría los cuerpos”, cuando para las familias se trata de una hija o una hermana.
En este contexto “logré conceptualizar estas situaciones como una (des)personalización, porque para mí fue una constante ver una especie de procesos de disputa sobre quién es persona y quién no lo es” en ese municipio y con estos cuatro casos.
Cuando una mujer es asesinada y encontrada en la calle o en algún otro lugar se inician protocolos institucionalizados que gestionan su muerte, los cuales son respaldados por ciertas jurisprudencias practicadas por abogados, médicos, forenses y especialistas que se vinculan con el asunto.
En esa estandarización de los protocolos hay una burocratización a la que se enfrentan las familias que inician su búsqueda pasando por etapas de aprendizaje que no les son cercanas, por lo que deben aprender ciertos lenguajes que ponen en práctica porque están ante una “situación de poder que no les beneficia”, porque están frente a los actores del Estado”.
Además deben enfrentar procesos en los que a veces “se les despersonaliza, se les quita esa característica de ser humano” y “se vuelve una cuestión que queda bajo la tutela del Estado”.
En el caso de Chimalhuacán hay falta de personal, de capacitación del mismo e incluso de instalaciones adecuadas y por mucho que los médicos forenses quisieran trabajar no tienen las condiciones adecuadas para el mantenimiento de los cuerpos de las víctimas de feminicidio.
La maestra Pérez Rodríguez consideró que ese tema ha adquirido mucha visibilidad y eso es benéfico, porque la población en general empieza a tener conocimiento o a hacer ciertas distinciones sobre qué significado tienen la muerte de una mujer y cuáles son las agravantes.
Por otro lado con esta investigación “me di cuenta de las dificultades para que los servidores públicos tipifiquen como tal un feminicidio y en el camino me encontré con muchas personas que en la trinchera donde estaban trataron de visibilizar estas diferencias entre un asesinato de una mujer por motivos de género”, finalizó.
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