*Los movimientos sociales son una opción para reorientar las políticas nacionales
*La tecnología no sustituye las formas de lucha o movilización, más bien complementa los movimientos sociales
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Los movimientos ciudadanos en México impactan las dinámicas social y política del país y, a partir de 2000, con el surgimiento de la alternancia en el gobierno, se demostró que son una opción para reorientar las políticas nacionales, aseveró el doctor Sergio Tamayo Flores-Alatorre, profesor-investigador de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
En la década de 1990, en el campo de las ciencias sociales el tema fue desplazado por las denominadas teorías de la transición democrática o aquellas enfocadas en la consolidación de las organizaciones civiles.
En entrevista, el docente del Departamento de Sociología aclaró que tales posiciones fueron desacreditadas; “investigadores indicaron que los movimientos surgieron, en primer lugar, en contextos de fuerte desigualdad y transición política, pero no necesariamente democrática en sus prácticas gubernamentales, como se planteaba”.
Tamayo Flores-Alatorre explicó que hubo una articulación entre los movimientos originados en 2000 y los actuales centrados en la política y la reivindicación social. Esto inició en 2001 con la enorme movilización del Ejército Zapatista de Liberación Nacional por la dignidad indígena.
“Aquello representó una confrontación al gobierno del ex presidente Vicente Fox; de alguna manera esa marcha inauguró lo que se denominaron las megamarchas, es decir, se adjetivó en el terreno de las grandes concentraciones, porque no fue solo la caravana de Chiapas hacia el centro, sino de zapatistas que marcharon de Xochimilco al Zócalo”, recordó.
En 2003 se replicarían actividades del tipo, pero de corte campesino y sindical independiente, “algo que indica que la lucha de clases sigue vigente, aunque sin perder centralidad”. Con las movilizaciones de San Salvador Atenco y de maestros encabezada por la APPO surgieron exigencias contra el despojo, pero en 2006 tuvo lugar uno de los procesos más importantes de la década: el de MORENA, encabezado por Andrés Manuel López Obrador.
El intento de desafuero a este personaje detonó un movimiento que evolucionó de la protesta contra el fraude electoral a una convención nacional; después alcanzó una etapa encaminada a la economía popular y en contra de la privatización del petróleo en 2008; al pasar a un movimiento de regeneración nacional y devino en partido político.
Todo esto ejemplifica cómo un movimiento puede adoptar un carácter político de masas por tener una participación fuerte. Tamayo Flores-Alatorre destacó que la iniciativa denominada Yo soy 132 o la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, configuran movimientos no planificados, pero que han evidenciado los graves problemas de impunidad y corrupción del sistema político mexicano.
Si bien los movimientos son responsabilizados de arrojar efectos perniciosos debido a las manifestaciones, no debe perderse de vista que constituyen un recurso que muestra la radicalización de la acción ciudadana porque las demandas no fueron atendidas o resueltas.
La utilidad de las concentraciones reside en su amplia capacidad de visibilizar los problemas que aquejan a la ciudadanía y de exponer a la luz pública el malestar social, sea por la falta de provisión de servicios básicos o de seguridad personal.
Los movimientos se dirigen a las audiencias que conforman, más tarde, la opinión pública, así como para sumar simpatizantes, porque una marcha se constituye de un repertorio de concentraciones, es decir, de una serie de movilizaciones previas que fueron ignoradas.
En cuanto a la incidencia de las redes sociales y el uso de celular en las movilizaciones ciudadanas opinó que “la tecnología ha ayudado a difundir e informar a la gente sobre las exigencias, pero no ha logrado transformar la dinámica de los propios movimientos, pues la comunicación siempre fue un aspecto fundamental que en el pasado se hizo mediante periódicos u otras fuentes”.
La tecnología no sustituye forma alguna de lucha o movilización, más bien complementa los movimientos sociales y así es como debe concebirse, como un medio de difusión por el que ahora más gente se entera de una marcha, finalizó. |