Número 046
28 de enero de 2022
EL PAPEL DEL ARTE EN LA DENUNCIA SOCIAL PUEDE SER UNA INVITACIÓN PERPETUA A CONVOCAR A LA ACCIÓN
*Expertas participaron en Mujeres y huellas. Conversatorio en la Galería Metropolitana de la UAM
*Zahara Gómez, coautora del Recetario para la memoria, habló de este proyecto realizado junto con Las Rastreadoras del Fuerte
El papel del arte en la denuncia social no se restringe a la interpretación del hecho o tiempo en cuestión, sino en sí mismo puede ser una invitación perpetua que convoca a la acción –sea cual sea– para motivar al espectador a salir de un estado de quietud e indiferencia, dijo la fotógrafa Zahara Gómez Lucini durante el conversatorio Mujeres y huellas, realizado en la Galería Metropolitana de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
La coautora del Recetario para la memoria refirió que este proyecto, realizado en colaboración con Las Rastreadoras del Fuerte –un grupo de madres y familiares de desaparecidos de Los Mochis, Sinaloa, quienes buscan a sus seres queridos desde 2014– contiene los platillos favoritos de las víctimas con la intención de traerlos a la mesa a través de la memoria.
“Que la cocina sea pretexto para hablar de lo indecible, para hacer presentes a los que se llevaron, para tejer acciones contra la ausencia, un recetario para alimentar la memoria, resistirnos al olvido, para nutrir la resistencia, para que lo individual sea colectivo en una mesa puesta para sentarse a compartir, apuntó Gómez Lucini, quien realizó un trabajo fotográfico que da imagen y narrativa al libro.
Ninguna había vuelto a cocinar esa comida favorita de su tesoro y se convirtió en una experiencia profundamente vívida, pues el libro terminó siendo una huella y testimonio de esa acción de volver a cocinar y compartir “esa comida que no era para mí”.
La fotógrafa creció queriendo ser reportera gráfica de guerra, y en una cuna argentina donde la palabra “desaparecido fue el pan de cada día” decidió acercarse al equipo forense tanto argentino como guatemalteco, colombiano y mexicano para hacer fotografías de los hallazgos en la búsqueda de desaparecidos y descubrió en esa gran misión que en el macro de cada foto se escondían paisajes de fibra que unió con sigilo y respeto a las imágenes satelitales que daban cuenta de las zonas territoriales.
Luego de conocer a las Abuelas de Plaza de Mayo, a Las Flores del Desierto de Atacama y a Las Rastreadoras del Fuerte, todas ellas mujeres en búsqueda de sus familiares, puso en diálogo las instantáneas de los restos óseos con los paisajes aéreos de la ubicación de los cuerpos, intentando entender las particularidades de cada uno, pero sobre todo buscando una respuesta a la terrible metodología de terror que ha atravesado al continente entero durante décadas.
La responsabilidad como artistas es también tener un posicionamiento sobre los asuntos y quizá una de sus funciones es “dar cuenta del tiempo en el que vivimos y las circunstancias para hilar y transformar los espacios de silencio en acciones meditativas que ayudan a confrontar los problemas mientras se trata de entenderlos”, subrayó la artista Gina Arizpe, quien ha buscado alejarse del estudio como plataforma de trabajo y reflexión para explorar contextos sociales diversos y producir acciones.
Así fue que en 2014 –luego de visitar por más de ocho años Ciudad Juárez– viendo desde el avión una urbe nevada por los restos de fibra de algodón depositados en techos y árboles, decidió homenajear a las mujeres asesinadas de este lugar fronterizo.
Arizpe consiguió dos pacas de fibra de algodón que transformó en carretes de hilo, quitándole las semillas y cardando el hilo artesanalmente, mientras contó una a una –desde 1993 hasta 2014– las mujeres asesinadas por feminicidio, proceso durante el cual descubrió que algunas de ellas habían sido declaradas muertas bajo esta causa, pero muchas otras tenían cualquier tipo de atenuante que evitaba a toda costa otorgar esa causal a pesar de la clara evidencia.
Así nació Cultivo social, una pieza compuesta por dos carretes de hilo tejidos por ella misma que dan cuenta de las dos masas numéricas en tensión provocadas por un feminicidio o bien por una verdad que se quedará sin develar.
Tiempo después, cuando fue invitada a la Sala de Arte Público Siqueiros, realizó una pieza de larga duración en la que había dos mujeres trabajando una jornada completa, mientras tejían hilo en una acción que sucediera en vivo. Este hilo se sostenía por una estructura colocada en la fachada de cristal de la Sala Siqueiros e iba colocándose de un lado a otro y de arriba a abajo sin ser tejido, con la mera intención de que el producto de su trabajo provocara su desaparición a modo de veladura.
El hilo sin la estructura que lo sostenía caería al suelo, lo que daba sentido a la idea de que aquellos feminicidios y desapariciones de mujeres eran sostenidas por una estructura del Estado y una social cargada de misoginia y odio. La pieza se llamó Cuestión de Tiempo, porque parecía que todo era cuestión de tiempo para que una situación como esa alcanzara a cualquier mujer en México.
Arizpe también ha trabajado con los nombres de las mujeres asesinadas en cada estado de la república, escribiendo en líneas rectas su identidad y atravesándolas una y otra vez por más y más nombres de mujeres en impunidad.
El resultado son cientos de líneas paralelas y perpendiculares que forman un tejido que da cuenta del grado atroz al que esta situación ha llegado. Recientemente terminó los 32 tejidos de las 32 entidades federativas, dejando ver la ola de crímenes que hay en cada rincón del país, algunos más alarmantes que otros, pero quizá no porque ahí no se cometan crímenes, sino porque el miedo existe incluso para denunciar.