*La lección de los caricaturistas es que su insolencia y ruptura de protocolos son necesarias para mostrar el ridículo de las posiciones extremas, ese es el valor de la tolerancia moderna
*El último conflicto en torno a Charlie Hedbo no es aislado, sino que se presenta en un contexto problemático respecto a la inserción de la población islámica en Francia
*Alrededor del conflicto hay “dos lenguajes que no se están hablando”: por un lado un tipo de laicidad agresiva y por otro un fundamentalismo
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El holocausto, el racismo, la xenofobia y la discriminación son hechos verificables; en contraste, las figuras divinas y sus emisarios en la Tierra son creencias metafísicas, por lo que “difícilmente se les debiera proteger como si fueran principios humanos equivalentes”, señaló el doctor Jesús Rodríguez Zepeda, coordinador de la línea Filosofía moral y política del posgrado en Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Durante su participación en el Foro Charlie Hebdo, entre el terrorismo, la diversidad cultural y la libertad de expresión, el investigador del Departamento de Filosofía de la Unidad Iztapalapa sostuvo que las leyes europeas prohíben argumentos como la negación del holocausto, la incitación del odio racial o el escarnio de las víctimas porque existe una base real e histórica para ello.
Al citar un ensayo del periodista David Brooks dijo que si la tragedia de Charlie Hebdo nos ha hecho conscientes de que esas voces extremas son necesarias para una democracia, es necesario replantear los términos de la conversación social, eso que los filósofos “pomposamente” llaman la razón pública.
En ella, añadió, se expresa el conjunto de las voces serias, dialogantes y comedidas que son las deseables de intervención pública; “sería como la mesa de los adultos que mantiene una corriente de civilización en la vida pública y nos permite comunicarnos, pero en esta conversación también es necesaria la mesa de los niños, de esos adolescentes provocadores y hasta ofensivos, que con sus burlas exhiben la ridiculez de los poderes públicos y privados y las miserias intelectuales y morales de los fundamentalistas de todo tipo, no sólo religiosos”.
La lección de los caricaturistas es que su insolencia y ruptura de protocolos son necesarias para mostrar el ridículo de las posiciones extremas. Eso y no otra cosa es el valor de la tolerancia moderna, afirmó.
Advirtió sin embargo que una sociedad democrática debe proteger a los que llevan la expresión al extremo porque de no hacerlo significaría caer bajo el peso de los poderes públicos, privados o religiosos que se sienten lastimados por las dudas sobre su grandeza, verdad y certidumbres.
El doctor Carlos Garma Navarro, del Departamento de Antropología y especialista en el estudio de temas religiosos, abordó el tema de los fundamentalismos y las distintas formas de laicidades, y señaló que el fundamentalismo se da dentro de las religiones que consideran que hay un libro sagrado que contiene las normas que deben seguir los creyentes y que expresan verdades únicas, como el cristianismo y la biblia, el judaísmo y la Torá, así como el islam y el Corán.
Lo anterior implica que hay una verdad absoluta que se debe de seguir porque fue develada desde la divinidad; de ahí la importancia que se da a los símbolos religiosos, porque implican un linaje directo de los creyentes con su mito de fundación.
La laicidad, por otra parte, es un término que se refiere a la separación de la religión y el Estado, pero en Francia fue utilizada de manera agresiva para actuar contra grupos religiosos no mayoritarios.
En ese sentido es necesario entender que el último conflicto en torno a Charlie Hebdo no es aislado, sino que se presenta en un contexto problemático respecto a la inserción de la población islámica en Francia, que representa alrededor de cinco millones en el país y entre quienes hay una gran diversidad de posiciones desde moderados hasta islamistas fundamentalistas.
El investigador dijo que alrededor del conflicto hay “dos lenguajes que no se están hablando”: por un lado un tipo de laicidad agresiva y por otro un fundamentalismo. “Una laicidad que señala la existencia de la libertad de expresión, pero en el fundamentalismo no hay libertad de expresión para agredir a la fe única”. Es decir, no se permite la libertad para atacar aquellos elementos que son parte de una tradición sagrada.
Para los fundamentalistas es lícita la violencia física contra los infieles y lo justifican, pero el laicismo agresivo señala que es lícita la violencia simbólica contra los creyentes y entonces se cierran las posibilidades de diálogo.
En ese contexto un sector de la población que “preocupa” es la islámica moderada, porque ellos quieren vivir en esa sociedad pero no sentirse discriminados. “Habría que crear situaciones donde pudiera haber mayor aceptación de los islámicos moderados y pudieran encontrar espacios, pero con los últimos acontecimientos no veo que pudiera ocurrir”. |