UNA DEMOCRACIA RADICAL ELIMINARÍA LA DESIGUALDAD
*Algunas consecuencias de la desigualdad son el individualismo, la dominación del mercado sobre lo social, la democracia limitada y la dependencia del exterior
*Necesario luchar por una democracia auténtica constituida por asociaciones civiles que permitan reestructurar el país
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| Una sociedad equitativa requiere alimentar la práctica de una democracia radical, “no como la actual,” cuyo origen reside en la distribución de la riqueza, afirmó el doctor Gabriel Vargas Lozano, profesor-investigador de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
El filósofo aseveró que el problema de la distribución de la riqueza es una condición ancestral surgida incluso antes de la época de La Colonia en el país y explicó que lo que sucedió fue que se profundizó con el proceso de Conquista.
El doctor Vargas Lozano recordó que Alexander Humboldt describió la desigualdad de México como una de las más espantosas en el mundo.
En su conferencia ¿Qué es la desigualdad social y cuáles son sus consecuencias en nuestro país?, impartida en la sala Quetzalcalli, el académico aseveró que es a partir del surgimiento del capitalismo salvaje que se produce tal desequilibrio, a causa de la injusta distribución de los bienes materiales e inmateriales, y que su agudización comenzó a experimentarse en los últimos 30 años.
La desigualdad en la sociedad civil existe debido a la implementación de la propiedad privada, una idea que rescató del pensador suizo Juan Jacobo Rosseau, ya que la distribución es inequitativa, pero además propicia situaciones de despojo producido por las guerras y las revoluciones.
“La desigualdad proviene de un hecho violento de apropiación de las cosas, por ello, la desaparición de la propiedad privada y los medios de producción son para Karl Marx y Federico Engels algo necesario para eliminar la desigualdad social básica, que es la económica”, dijo.
El investigador refirió que la democracia griega –tal y como señala La oración fúnebre de Pericles– se basó en una sociedad en la que todos tenían derecho a la palabra y mantenían las mismas garantías ante la ley, sin embargo, se trataba de una utopía porque quedaron fuera los esclavos, los extranjeros, las mujeres, entre otros sectores.
De este modo, vinculó el tema de la desigualdad con el de democracia y equidad, desde diversas perspectivas: de género, color de piel, etnia, edad, situación económica y en capacidades. Para el académico del Departamento de Filosofía, lo anterior también es resultado de la implementación del paradigma del neoliberalismo.
“Este paradigma no es solamente económico, sino político e ideológico; altamente influyente en las creencias de las personas. Sin embargo, esa tendencia dominante no se impone sin resistencia, la cual se manifiesta de forma permanente”, apuntó Vargas Lozano.
Invitado al Seminario Divisional de Ciencias Sociales y Humanidades. La desigualdad social en México: desafíos y acciones transformadoras, el docente aportó una mirada desde la filosofía política sobre las formas de legitimación política, de la relación entre ética y política; además de la incidencia del neoliberalismo en México.
Sobre este último aspecto refirió la lucha entre liberales y conservadores ocurrida en el siglo XIX, donde los primeros resultan ganadores en 1867 con Benito Juárez a la cabeza, se impone el liberalismo, y luego se agrega el positivismo, un caso contradictorio ya que el Estado propone dos visiones distintas.
“Después de la revolución y su consolidación en los años treinta, se establece el nacionalismo revolucionario con un funcionamiento corporativo, no es un Estado democrático, pues el neoliberalismo produjo un Estado débil, reducido, pues se transfieren los servicios sociales a la iniciativa privada”, enfatizó.
El doctor Gabriel Vargas Lozano señaló que el individualismo, una fuerte dominación del mercado sobre lo social, una democracia limitada, un país profundamente dependiente del exterior son algunas de las consecuencias más graves que ha producido la desigualdad.
“Me parece que el neoliberalismo llegó a un límite en los países desarrollados, por lo que necesitamos un modelo alternativo, equitativo. Inicialmente, requerimos de una renegociación del Tratado del Libre Comercio (TLC) y luchar por una democracia auténtica constituida por asociaciones civiles que permitan reestructurar el país”, finalizó. |