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Número 340
Octubre 22, 2010
DAÑAN A LOS CAPITALINOS LAS CONFRONTACIONES ENTRE LOS GOBIERNOS FEDERAL Y DEL DF

*Hace falta avanzar en la cultura política, enfatizó Legorreta Gutiérrez
 
*Conflictos por el “doble poder” renacieron a partir de 1997, señaló
 
*Abordó las consecuencias de si la capital se convierte en un estado
 
*“Pareciera ser que el país no tiene un proyecto político definido”
 
*En México se confunde partido con gobierno, dijo

Acentuar confrontaciones políticas entre los gobiernos federal y del Distrito Federal sólo ha provocado daños a los ciudadanos de la capital del país, que se traducen en menos ingresos para resolver problemas de salud, basura, seguridad pública, abasto de agua potable, desalojo de aguas negras y la posibilidad de concluir la construcción de la nueva línea del Metro, entre muchos otros, expuso el doctor Jorge Legorreta Gutiérrez, profesor de la Unidad Azcapotzalco. 
   
Durante su participación en el segundo Coloquio de historia, diseño y bibliotecas. Los arcos del tiempo: la historia y el diseño (realizado del 4 al 7 de octubre, en el Recinto Homenaje a Benito Juárez, en Palacio Nacional) dictó la ponencia Distrito Federal confrontado, herencia  de la Independencia.
 
Ahí abordó, en un esbozo histórico, constitucional, jurídico y territorial, la visión  sobre la creación y evolución del Distrito Federal como sede de los poderes federales y la relación del debate actual sobre la propuesta del gobierno capitalino de la autonomía y la promulgación de una constitución propia.
 
Al respecto, enfatizó que “hace falta avanzar en la cultura política” para que los gobernantes incluyan en sus programas las propuestas ciudadanas de quienes no votaron por ellos, además de que se debe “pasar a la institucionalización de las funciones de gobierno”, a fin de garantizar los beneficios a la gente.
 
El académico opinó que convertir a la capital del país en un estado tiene elementos en  favor y en contra; entre estos últimos, puntualizó: “habría que constituir municipios donde sólo delegaciones como Cuauhtémoc, Cuajimalpa y Miguel Hidalgo estarían en condiciones de generar sus recursos económicos, al contrario de otras, como Milpa Alta y Xochimilco”.
 
Legorreta Gutiérrez calificó a nuestra democracia de rupestre y endeble, pues “pareciera ser que el país no tiene un proyecto político definido”. Además mencionó que en “las naciones democráticas los políticos tienen muy claro que una cosa es el gobierno y otra los partidos”, pero aquí se “está confundiendo gobierno con partido político”.
 
Al hacer comparaciones entre Washington DC y el DF, indicó que el primero (creado en 1790) tuvo una extensión de 260 kilómetros cuadrados y que durante la mayor parte de su historia las autoridades locales fueron sometidas a la autoridad del presidente y del Congreso. La relativa escasa población y la dimensión de la ciudad capital son factores para que sus alcaldes no compitan electoralmente con otros de grandes urbes o incluso con el mismo presidente.       
 
En cambio, el segundo (fundado el 18 de noviembre de 1824) se conformó con su territorio en forma de circunferencia con radio equivalente a 8 mil 400 metros y extensión de 222 kilómetros cuadrados. La diferencia fundamental fue que nuestro DF se constituyó sobre una ciudad existente, la de México, e integró otros pueblos y demarcaciones municipales con sus respectivos ayuntamientos, provocando un doble poder político; por un lado, el federal, cuya cabeza sería el presidente de la República y un gobernador designado por aquel; y por otro, los presidentes municipales electos directamente, entre los que destacaba por su dimensión e importancia el de la ciudad de México.
 
Con el paso del tiempo, el crecimiento y la expansión de la ciudad de México, este presidente municipal fortalecería su poder y se convertiría en real competidor político del presidente de la República.    
       
Además, mientras el Distrito Federal de Estados Unidos redujo su tamaño, el nuestro, por decisión de Antonio López de Santa, pasó de 222 a mil 700 kilómetros cuadrados. Luego, en tiempos de Porfirio Díaz, disminuyó su territorio a los actuales mil 500 kilómetros cuadrados.
 
A consecuencia de esto no hubo derecho a elegir gobernador durante 173 años (de 1824 a 1997), se expandió el doble poder político y se fortaleció la confrontación por disputas electorales, que fueron creciendo a partir de la Constitución de 1917.
 
Dichos conflictos, derivados de la existencia de ese “doble poder”, el municipal y el federal, se diluyeron en 1928 con la desaparición de los municipios, pero renacieron a partir de 1997 y 2000, con la elección directa del jefe de Gobierno y los 16 delegados del DF.
 
Señaló que de convertirse la capital en un estado con una constitución propia, la sede de los poderes federales podría reducir su tamaño, por ejemplo, a los tres kilómetros cuadrados del perímetro A del Centro Histórico, anexando un corredor hasta Los Pinos.
 
En el coloquio también presentó su tesis el doctor Óscar Mata Juárez, con el tema Apolinar C. Juárez, coronel del Ejército constitucionalista, en el cual hizo una semblanza histórica de su abuelo, un hombre acaudalado que se convirtió en maestro y con sus propios recursos ayudó a la causa revolucionaria.
 
El doctor Alejandro Ortiz Bullé Goyri trató el tema Censura y teatro en la Revolución Mexicana: dos casos particulares, San Miguel de las espinas (1933) y Cubos de Noria (1934). Explicó que ambas puestas en escena, obras de Juan Bustillo Oro y Amalia Caballero Castillo Ledón, respectivamente, sufrieron censura por cuestionar los logros revolucionarios del Estado mexicano.