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Número 361
Noviembre 8, 2010
ESCASEZ E INUNDACIONES, SIGNOS DE LA PRÓXIMA CRISIS DEL AGUA, ADVIERTE JORGE LEGORRETA *Nuestra riqueza hídrica, desperdiciada por desconocimiento científico
*Destaca que otro problema grave es la mezcla de aguas blancas y negras
*Que la basura sea causante de anegaciones, mito mediático
La zona donde se ubica la ciudad de México transita hacia una crisis del agua que se expresa en una paradoja: sufre escasez y al mismo tiempo inundaciones. Esta contradictoria situación es resultado de políticas públicas que han conducido a edificar infraestructuras hidráulicas insuficientes para aprovechar la abundancia del agua que realmente posee la región, señaló el arquitecto Jorge Legorreta Gutiérrez, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
En el coloquio Universidad y Sustentabilidad en la Cuenca de México, que organizó la UAM en el vigésimo aniversario de actividades del Programa de Investigación Sierra Nevada de esta casa de estudios, el doctor en urbanismo sostuvo que en dicha área no hay crisis de escasez de agua, sino de abundancia, y enfatizó que esta riqueza hídrica ha sido desperdiciada históricamente debido a limitaciones y desconocimiento científico y tecnológico.
Lamentó que la discusión sobre el problema del agua esté velado por grandes mitos mediáticos, como que la basura es causante de las inundaciones y que el agua pronto se va a acabar, cuando se requiere de un debate serio, crítico, amplio, plural y respetuoso para evaluar con visión institucional y académica las concepciones, decisiones y políticas públicas sobre el agua.
Para fundamentar su dicho sobre la abundancia de agua en la cuenca de México, indicó que de las cumbres de las 60 montañas que delimitan esta comarca desciende de forma permanente agua a la ciudad, así como de los 14 ríos perennes que nacen de manantiales en las partes altas y medias de dichas montañas; a esta derrama se suman los aportes temporales provenientes de 31 ríos más, formados de mayo a octubre durante época de lluvias.
Agregó que 760 milímetros cúbicos (mm3) de agua pluvial se registran como promedio anual sólo en la parte sur-poniente, y desde la sierra del Ajusco hasta las Cruces llueve mil 200 mm3 en promedio; ambas cifras rebasan la media anual para las grandes ciudades del mundo, sin olvidar que la parte más baja de la cuenca fue un antiguo lago de mil 100 kilómetros cuadrados, cuyo subsuelo es uno de los más grandes reservorios de agua que tenga una ciudad bajo sus pies.
Por otra parte, a la cuenca de México la rodean siete más: Lerma, Cutzamala, Atoyac, Temazcaltepec, Amacuzac, Tula y Tecolutla; de las dos primeras se importa agua actualmente y se preparan proyectos para traer líquido de las dos últimas mencionadas.
Al hablar sobre el panorama hidráulico de la cuenca de México, calificó de errónea la política pública que ha prevalecido desde el siglo XVII de construir grandes túneles cada vez más largos y anchos para captar y desalojar agua, con el propósito de “terminar con las inundaciones” (el último es el llamado Emisor Oriente, que estará concluido en 2012, y se prepara la construcción del Emisor Poniente II), sin que hayan logrado detener las 25 grandes inundaciones que ha padecido la ciudad de México, la más reciente acaecida en 1951.
Recordó que en 2008 y 2009 las anegaciones alcanzaron 250 puntos simultáneos en la ciudad de México, lo que demuestra la insuficiencia de este tipo de infraestructura y el riesgo cada vez más cercano de otra gran inundación, por lo que esta política pública debe ser evaluada más crítica y objetivamente por la academia, insistió el investigador.
Otro problema grave que se añade a la infraestructura de túneles es la mezcla de agua pluvial con aguas residuales, como será el caso del futuro Emisor Oriente, cuando lo correcto sería la introducción de nuevas tecnologías hidráulicas para aprovechar el agua pluvial y probablemente más túneles, pero que separasen las aguas blancas de las negras, con el propósito de aminorar riegos de inundaciones y aprovechar 80 por ciento de agua limpia que conducen.
El especialista llamó también la atención hacia la iniquidad de la infraestructura hidráulica en la ciudad: pozos, tuberías y almacenamientos generales sirven para dotar a unos pocos con 800 litros por habitante al día y a otros muchos con sólo 14 litros, cuando la norma internacional es de 150 litros por habitante al día.
Informó que 50 por ciento de los tanques generales de almacenamiento se concentran en el poniente de la ciudad, donde se ubican las colonias de más altos ingresos –Lomas, Interlomas, Santa Fe, Huixquilucan, Polanco y otras– y el porcentaje restante a los demás territorios de la ciudad; destaca el caso de la delegación Iztapalapa, donde sólo existen cuatro depósitos generales que reciben volúmenes mínimos de agua.
Para remontar lo que denominó urbanismo de la desigualdad hidráulica, señaló que se requiere dotar a aquellas zonas de escasez con más tuberías generales de distribución, más tanques de almacenamiento e incorporar tecnologías a cada casa para que, además del ahorro, se incremente el almacenamiento doméstico de agua potable cuando llegue y de agua pluvial cuando se dé el caso.
Legorreta denunció una de las peores agresiones del urbanismo contemporáneo contra la naturaleza: convertir un río limpio en drenaje. Tomar los ríos como desagües es una práctica de muchas inmobiliarias que no consideran necesario destinar parte de sus ganancias en la construcción de redes para el tratamiento o desalojo de aguas negras; lo anterior es posible debido a que no existen leyes o acciones estrictas que los obliguen a la restauración ambiental de los ríos contaminados, como se hace en otras ciudades del mundo.
Reiteró la necesidad de un cambio de ruta hacia nuevos paradigmas hidráulicos que vayan más allá de las campañas de ahorro doméstico y el incremento de tarifas, que no han servido para modificar la injusta infraestructura hidráulica que causa escasez en amplios sectores de la población.
Advirtió que hacia el año 2040 la ciudad de México se conurbará con Pachuca, Toluca, Cuernavaca y Cuautla para crear una megalópolis de 36 millones de habitantes que consumirán ya no 72 milímetros cúbicos por segundo, sino 115, y aclaró que tal volumen no podrá provenir, como hasta ahora, de la extracción del suelo y de las cuencas externas, por las limitaciones y riesgos ya anotados, por lo que será necesario recurrir a nuevas formas de abastecimiento basadas en el aprovechamiento de agua de lluvia y la de los ríos limpios que existen en la cuenca de México.
Bajo este escenario prospectivo consideró conveniente construir en las partes altas de la cuenca de México, donde todavía existen ríos limpios, presas de diferente tamaño; almacenamientos de agua pluvial en parques, calles y plazas y demás espacios abiertos; promover la adaptación de sistemas domésticos de almacenamiento de agua pluvial e incrementar el tratamiento y el reuso del agua.
Asimismo, diseñar un plan hidráulico de largo plazo que comprenda toda la cuenca de México y la creación de una sola empresa de agua, de carácter público, paraestatal o descentralizado, con un solo mando, donde participen los distintos sistemas de gobierno y pueda eliminarse la dispersión de enfoques y decisiones hidráulicas existentes.
Vaticinó que de no contar con nuevas políticas hidráulicas, en un futuro no lejano se presentarán mayores inundaciones, disputas violentas por el agua y hundimientos, desastres que podrían ser evitados si las instancias legislativas asumen su vocación y función principal, que es diseñar y elaborar nuevas políticas públicas para ser ejecutadas por los organismos gubernamentales.