Dirección de Comunicación Social
infouam@correo.uam.mx

Número 382
Noviembre 19, 2010
ENTREGÓ EL INAH PREMIOS A ENRIQUE AYALA ALONSO Y A PEDRO CASTRO MARTÍNEZ

*Cambios arquitectónicos modificaron la vida de la gente, dijo el primero
 
*El segundo, galardonado por un trabajo sobre Álvaro Obregón
 
*La biografía del general abunda en su dualidad político-militar
 
*“También hubo cambios en los materiales de construcción”
 
*Olavarría Patiño, mención honorífica del Premio Fray Bernardino de Sahagún

El doctor Enrique Ayala Alonso y el doctor Pedro Fernando Castro Martínez, investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), fueron distinguidos con los premios Francisco de la Maza y Francisco Javier Clavijero, respectivamente, por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en ceremonia celebrada en el alcázar del Castillo de Chapultepec el pasado 16 de noviembre.
 
El premio Francisco de la Maza, otorgado en el área de Conservación del Patrimonio Arquitectónico y Urbanístico, fue concedido a Ayala Alonso por su trabajo La idea de habitar. La ciudad de México y sus casas, 1750-1900.
 
En entrevista, el académico refirió que su trabajo demuestra que la arquitectura habitacional mexicana inicia su proceso de modernización con las reformas borbónicas y concluye un siglo después con las reformas liberales.
 
El cambio en la concepción de los espacios durante estos cien años no sólo modificó la arquitectura nacional, sino también la forma de vida de los habitantes. Por ejemplo, la privacidad y la comodidad se vuelven primordiales; concepciones que aunque sí existían en la época colonial se volvieron mucha más relevantes a partir del periodo descrito.
 
Con ello –continuó González Ayala– las ideas de intimidad y de propiedad privada cobran gran relieve. La necesidad de privacidad provoca, en primera instancia, la aparición de espacios para la higiene, como las letrinas, o como los placeres, una suerte de cuarto de baño, también aparecen los estudios y las capillas privadas; todos éstos, elementos que distinguen el periodo borbónico.
 
Ya en siglo XIX aparecen los salones para fumar, los salones juego, los boliches e incluso los jardines de invierno; espacios distintivos de las casa de clase burguesa.
 
El doctor González Ayala afirmó que estos cambios en la constitución de los hogares devinieron la reducción del número de integrantes de las familias. Antes del periodo borbónico, las familias eran extendidas: se constituían de los parientes en primero, segundo y tercer grado, e incluían hasta paisanos y a la servidumbre. Después de las reformas borbónicas se cambia hacia la familia endogámica y conyugal, es decir, al tipo de organización actual.  
 
Estas mudanzas arquitectónicas van de la mano de cambios en los materiales de construcción. El estilo modernista opta por los tabiques y deja detrás la piedra; también prefiere los pisos de madera, los cuales se elevan a cierta distancia de los cimientos, dejando un espacio que se puede considerar como un sótano o semisótano.
 
Esto último significó un hito, ya que produce un desnivel entre la habitación y el patio, dejando perfectamente diferenciado el adentro del afuera, frontera antes más ambigua, concluyó el doctor Ayala Alonso.
 
Por otra parte, el premio Francisco Javier Clavijero, otorgado en el área Historia y Etnohistoria, fue entregado al doctor Castro Martínez por su trabajo Álvaro Obregón: fuego y cenizas de la Revolución Mexicana.
 
En entrevista, el académico aseguró que si bien existen buenas biografías sobre este personaje, la suya es un trabajo profundo que abunda en la dualidad militar-político de quien fue asesinado en La Bombilla.
 
Es decir, Álvaro Obregón fue una figura medular en la reconstrucción de nuestro país luego de la Revolución, pero primero vivió las glorias del caudillo triunfante. El general experimentó las dos vertientes de este conflicto; en primer término, las grescas del campo de batalla, y luego la construcción y el diseño de la instituciones.
 
“Vivió con el ardor revolucionario y luego con las brasas apagadas de quien ya no realiza una actuación militar, sino política, y tiene la misión de reconstruir el país”, agregó Castro Martínez.
 
El académico sostuvo que en el México actual no existen deudas con los postulados revolucionarios, “las deudas son mitos de las conferencias de Bucareli, es algo que se dice una y otra vez como se dicen tantas cosas. Nosotros no arrastramos ninguna deuda, ni arrastramos ningún compromiso, absolutamente. “Esto ya ocurrió hace mucho tiempo y en su momento los ciclos se cerraron, se terminaron, nosotros vivimos otro tipo de procesos, en un México muy distinto”, dijo.
 
En la misma ceremonia, la doctora María Eugenia Olavarria Patiño, profesora de la UAM, fue distinguida con la mención honorífica en la categoría de mejor investigación del Premio Fray Bernardino de Sahagún, otorgado en el área de Etnología y Antropología Social.
 
El presídium estuvo conformado por Alfonso de María y Campos Castello, director general del INAH; la maestra Iris Santracruz Fabila, secretaria general de la UAM, en representación del  doctor Enrique Fernández Fassnacht, rector general; Arturo Pascual Soto, director del Instituto de Investigaciones Escénicas de la Universidad Nacional Autónoma de México; el doctor Pablo Yankelevich Rosembaum, en representación de los galardonados; Ariel Rodríguez Kuri, director del Centro de Estudios del Colegio de México; Salvador Rueda, director del Museo Nacional de Historia, y doctora Virginia García Acosta, directora general de CIESAS.