Dirección de Comunicación Social

Número 156
Mayo 20, 2009

PONE EN JAQUE A LA INDUSTRIA PORCINA MEXICANA LA ERRÓNEA DENOMINACIÓN DEL BROTE DE INFLUENZA, ASEGURA ACADÉMICA DE LA UAM

*Esta acción repercutió en el ingreso económico de más de tres mil familias y la no comercialización de unas 108 mil toneladas de este producto
La errónea denominación –por parte de autoridades sanitarias mundiales y los medios de comunicación– para el brote de influenza registrado en México puso en “jaque” a la industria porcina mexicana, pues la psicosis generada entre la población originó tan sólo en el Distrito Federal el desplome de 80 por ciento en el consumo de carne de cerdo.

Así lo aseveró la doctora María de Lourdes Alonso Spilsbury, profesora-investigadora del Departamento de Producción Agrícola y Animal de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), al dictar la conferencia La influenza en México, el punto de vista veterinario.
 
La académica de la Unidad Xochimilco refirió que lo anterior repercutió a su vez en el ingreso económico de más de tres mil familias y la no comercialización de unas 108 mil toneladas de este producto.

La especialista acotó que otro de los efectos negativos provocados por la equivocada designación para la influenza que finalmente se denominó A/H1N1 fue la cancelación de la oportunidad de comercializar este producto a China, país que consume 60 mil toneladas de carne de cerdo al día, cantidad similar a la que los porcicultores mexicanos exportan al año (68 mil toneladas).

Dicha comercialización estaba a punto de establecerse una vez que en enero del presente año el país fue declarado libre de fiebre porcina clásica por el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria, lo que implicaba la apertura de mercados, entre ellos China.
 
Sin embargo, dijo, con el brote de influenza se han interrumpido las gestiones que los productores mexicanos llevaban a cabo, con la finalidad de abastecer de esta especie a otros países para su alimentación. Esto significaría incrementar la producción en 300 mil toneladas.
 
La especialista en Ecodesarrollo de la producción animal, principalmente en cerdos, expuso que en México el sector porcino genera 350 mil empleos directos. Con un inventario de 15 millones de cabezas de ganado porcino se producen 1.2 millones de toneladas de carne anuales, las cuales están valuadas en 30 mil millones de pesos al año.
 
Explicó que el sector porcícola mexicano estaba emergiendo de una crítica situación debido al alza de insumos, las importaciones que desplazaron la producción nacional, la caída del precio en los últimos años y el incremento en los costos de producción al derivar los granos a la producción de etanol.
 
Debido al brote de influenza, cuyo origen se atribuyó al cerdo, el consumo de la carne de este animal se desplomó dado el impacto psicológico que se generó, lo que dio lugar a que el precio del kilo de cerdo en pie cayera de 20 a 17 pesos, con expectativa de continuar a la baja hasta llegar a 13 pesos.
 
Esto –afirmó Alonso Spilsbury– representa una merma considerable para el sector porcicultor, que tan sólo en la capital del país está perdiendo más de 700 mil pesos diarios y se estima que los quebrantos de los porcicultores en el nivel nacional alcanzan ya los mil millones de pesos.
 
Otro problema cuyos efectos están por manifestarse es la falta de capacidad de almacenamiento de nuestro país, ya que produce unas 100 mil toneladas de cerdo al mes, pero sólo tiene espacio para guardar unas cinco mil toneladas.
 
Advirtió que al día 28 de abril se encontraban disponibles para la venta, sin comprador 300 mil cerdos y cada día de restricción de comercialización, por efecto de la campaña mediática de desprestigio, significa 50 mil cerdos estacionados en las granjas mexicanas.
 
Esta presión sanitaria secundaria en corrales sobresaturados y con una elevada densidad de kilogramos de cerdo por corral y por espacio cúbico de las instalaciones, los convierte en blanco fácil de enfermedades respiratorias, entre ellas la influenza clásica de cerdo, la actinobacilosis y la pasteurelosis, además de otras patologías como la salmonelosis.
 
La investigadora subrayó que a la fecha no hay bases científicas que señalen que el consumo de carne de cerdo o sus productos transmitan el virus de la influenza al hombre, y que mientras en el mundo se habla de “influenza porcina”, los cerdos permanecen sin enfermarse.
 
La doctora Alonso Spilsbury advirtió que el futuro para el sector porcicultor es incierto, ya que con esta contingencia es necesario establecer medidas para evitar desastres sanitarios y económicos como el actual, y evaluar cuáles son los apoyos logísticos y económicos con los que se cuenta en los niveles estatal y federal, para superar los efectos de la mal llamada influenza porcina.
 
La investigadora sugiere que tal vez la estructura de la población animal tendrá que modificarse, retornando a unidades pequeñas que eviten la magnificación de problemas sanitarios propios de las grandes concentraciones ganaderas.

La doctora María de Lourdes Alonso Spilsbury es profesora-investigadora del Departamento de Producción Agrícola y Animal de la Unidad Xochimilco (Teléfono: 5483-7535).