Dirección de Comunicación Social

Número 182
Junio 9, 2009

EXISTE UN MAYOR DESENCANTO HACIA LA INSTITUCIONALIDAD POLÍTICA EN PAÍSES DE AMÉRICA LATINA, ASEGURAN ACADÉMICOS DE LA UAM

*La mayor parte de la población opina que ser político o desempeñarse en la administración pública es sinónimo de corrupción y abuso de poder
 
*Es necesario tener presente, en la inconclusa reforma del Estado, el tema de la ética política
El desencanto hacia la institucionalidad política por el agravio de la población ante las falsas promesas, se reporta en mayor medida en los países latinoamericanos, señalan los maestros Juan Mora Heredia y Raúl Rodríguez Guillén, profesores-investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Los académicos del Departamento de Sociología de la Unidad Azcapotzalco advierten que los escándalos políticos en materia de dinero y poder –mancuerna disociada de cualquier principio básico de servicio– es un síndrome que se padece a nivel mundial, pero se registra más en Latinoamérica.
 
En el artículo titulado “Gestión pública y moral política” publicado en el número 153 de la Revista El Cotidiano, editada por la citada sede universitaria, los especialistas realizan un acercamiento al fenómeno mundial de los escándalos políticos en las nacientes democracias.

Con esta investigación, los docentes posibilitan un conocimiento más profundo de las representaciones que los gobernados hacen de sus gobernantes y del poder político mismo, examen que coadyuva a comprender mejor el nexo entre cultura política y entramado institucional.

Aunque los escándalos políticos no son una generalidad, indican, la mayor parte de la población opina que ser político o desempeñarse en la administración pública es sinónimo de corrupción y abuso de poder.
 
En este fenómeno mundial que se presenta sin distinción de afiliación, los profesionales de la política son asiduos actores de escándalos, con la constante de inspirar una imagen profesional mezquina y llena de ambiciones personales, aseveraron los investigadores.
 
El desplome de la institucionalidad política, labor vital en la construcción de la coexistencia social, se debe principalmente al vacío de legitimidad respecto a los límites y alcances de los actores participantes en la esfera política.
 
Quizá también, añaden, a la existencia de dos tipos de políticos, como lo afirma Max Weber, “los que viven para la política –haciendo de este oficio su vida– y los que viven de la política, valiéndose de la profesión para convertirla en fuente permanente de ingresos”.
 
Para la sanación de este mal, sostienen Mora Heredia y Rodríguez Guillén, es necesario tener presente, en la inconclusa reforma del Estado, el tema de la ética política.
 
La correcta utilización de esta disciplina coadyuvará a estabilizar los márgenes de gobernabilidad de las incipientes democracias, de lo contrario, la animadversión hacia las instituciones políticas y quienes forman parte de ellas, fomentará la continuidad de vocaciones autoritarias o liderazgos de dudosa calidad moral.
 
A la ética, acotan, le corresponde determinar la categoría de hombre que se requiere para merecer el derecho a poner la mano en la Historia. Otro aspecto consiste en poseer una condición económica holgada que posibilite un claro distanciamiento entre los objetos de largo alcance y los dividendos inmediatos.
 
Las anteriores son condiciones esenciales pero no determinantes, pues el problema no se erradica con la simple ecuación a mayor prosperidad más integridad política, sino con la existencia de un proyecto social que incluya en la política el conjunto de mecanismos y maniobras para su concreción.
 
Los modos de hacer política en términos técnicos, hoy como en ninguna otra época, ofrecen altos rangos de especialización, de los que destacan mecanismos de organización política cada vez más diversos y complejos; sin embargo, es perceptible también la disposición a independizarse de una concepción de largo alcance.
 
Lo anterior es motivo de la actual discrepancia entre pugnar por una nueva correspondencia entre lo público y lo privado, asociada a un reajuste en la unidad Estado-Sociedad.
 
El tema central por el que de manera ineludible transitará la discusión política de los próximos años, radicará en definir los fundamentos a los actos políticos, con el fin de que adquieran sentido y no queden expresados como meras actitudes personales carentes de un origen y un fin.

Los maestros Juan Mora Heredia y Raúl Rodríguez Guillén son profesores-investigadores del Departamento de Sociología de la Unidad Azcapotzalco (Teléfono: 5318-9139 Ext. 131).