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Número 211
Junio 8, 2010
NEGLIGENCIA EN PLANEACIÓN DE FRACCIONAMIENTOS EN LA PERIFERIA CONTRIBUYE AL HACINAMIENTO POBLACIONAL, DESTACA INVESTIGADOR DE LA UAM *Los conjuntos habitacionales se caracterizan por su lejanía respecto al área urbana consolidada, donde se localizan los centros de trabajo y estudio, así como los servicios Las negligencias en la planeación de los fraccionamientos habitacionales construidos en la periferia de las ciudades mexicanas en la última década contribuye al hacinamiento poblacional, al incremento de los tiempos de traslado hacia los centros de estudio y de trabajo, la carestía de servicios y el deterioro en la calidad de vida familiar.
Estas conclusiones se extraen del Estudio de la Integración Urbana y Social en la Expansión Reciente de las Ciudades en México 1996-2006, producto de un convenio entre la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y la Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Ordenación del Territorio de la Secretaría de Desarrollo Social, coordinado por el maestro Roberto Eibenschutz Hartman.El especialista explicó en entrevista que a la par del acelerado crecimiento poblacional ha tenido lugar un progresivo aumento de la oferta habitacional, que se expresa en el surgimiento de grandes desarrollos o fraccionamientos en las periferias de las ciudades, que comparten como característica su lejanía respecto al área urbana consolidada, donde se localizan los centros de trabajo y estudio, así como los servicios.
Según el estudio, el promedio de distancias de los conjuntos habitacionales al centro urbano, por tipo de urbe, es para las megaciudades (más de tres millones de habitantes) de más de 21 kilómetros; de 12.6 para las metrópolis grandes (uno a tres millones de habitantes); de 6.16 para las medianas (100 mil a un millón) y de 4.8 para las pequeñas (15 mil a 100 mil habitantes).
Un aspecto fundamental es que se incrementan las distancias sin que aumente la densidad de población, lo que refleja el rompimiento de la continuidad de la ciudad generando “espacios libres” que entran en la lógica de especulación del mercado de suelo.
En el estudio también se analiza la vinculación del gobierno municipal con la prestación de los servicios, de acuerdo con el investigador dicha instancia no asume la responsabilidad del mantenimiento y operación de los conjuntos, mientras que el promotor lo mantiene en condiciones adecuadas hasta que se vende la última vivienda, desentendiéndose posteriormente.
Las edificaciones se deterioran paulatinamente y los vecinos no están organizados o no aportan recursos para el mantenimiento de los conjuntos. “Si las cosas se hicieran bien” esa responsabilidad correspondería al municipio, pero por lo general no tienen recursos y difícilmente pueden atender a la población que ya está radicada en sus jurisdicciones, aseguró Eibenschutz Hartman.
El investigador del Departamento de Teoría y Análisis de la Unidad Xochimilco sostuvo que en el fondo se encuentra la corrupción entre autoridades y desarrolladores, ya que éstos suelen comprar a precio muy bajo grandes extensiones de terreno que originalmente fueron de uso agrícola, tanto ejidales como pequeñas propiedades, para posteriormente promover ante el municipio el cambio del uso de suelo y construir miles de viviendas.
Como resultado de lo anterior es frecuente encontrar municipios donde originalmente había tres mil habitantes, de pronto llega “un monstruo” habitacional para 10 mil viviendas, sin considerar que el ayuntamiento no tiene la capacidad técnica ni los recursos para atender a la nueva población.
Además son conjuntos que con un equivocado afán de seguridad y supuesta protección se convierten en espacios “amurallados” sin conexión con el resto de la ciudad.
Al interior de las familias los impactos también son graves, pues por lo general son familias jóvenes en las que trabajaban ambos padres, al mudarse a estos lugares uno de los dos tiene que hacerse cargo de la casa y de los hijos, con lo que se pierde uno de los ingresos; por su parte el proveedor ocupa una gran parte de su tiempo en transportarse, lo que le impide la convivencia familiar y todo ello significa un claro deterioro de la calidad de vida de todos los integrantes.
El maestro Eibenschutz Hartman hizo referencia también a los problemas de delincuencia a que se enfrenta la población de estos fraccionamientos, al no contar con espacios adecuados para el desarrollo integral de los jóvenes.
Lo más grave de toda esta problemática, apunta el investigador, es que teóricamente sí hay límites para detener esta expansión, ya que a nivel nacional hay una Ley General de Asentamientos Humanos; sin embargo, “las autoridades son negligentes y están fallando en sus responsabilidades”.
El problema lo representan las condiciones que impone el mercado inmobiliario, pues no hay oferta de espacios equipados y la única posibilidad para la gente –sobre todo de escasos recursos– es comprar en el mercado informal, por ejemplo cañadas, cerros y barrancas.
El especialista propone la creación de instrumentos para actuar sobre el suelo, como ocurre en otros países, y en este sentido sugiere el apoyo institucional para los procesos sociales de producción de vivienda, ya que es una realidad que entre 50 y 60 por ciento de ella es producida por la gente con sus propios recursos y sin ninguna asesoría técnica.
De acuerdo con el análisis de resultados –aseveró Eibenschutz Hartman– otra de las hipótesis que se confirman es la suposición de hacinamiento, en la comparación sobre cómo vivía la gente antes y después de haber adquirido su vivienda en estos conjuntos, una gran mayoría refiere que contaba con un mayor espacio anteriormente y que los acabados de la vivienda eran mejores que los actuales.
El reto, advirtió por último, es que el gobierno identifique las zonas adecuadas dentro de la ciudad, donde la gente pueda tener acceso a un área habitacional. El espacio existe, pero no se aplican los mecanismos legales y fiscales para propiciar la utilización de estos sitios de manera más adecuada.