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Número 210
Junio 8, 2010
INVESTIGADORES DE LA UAM ENCABEZAN EN MÉXICO EL PROGRAMA DE CONSERVACIÓN DEL LOBO MEXICANO *El proyecto fue creado con el objeto de evitar la extinción de esta especie, mantener una población genéticamente sana en cautiverio y después reintroducirla en sus áreas originales Investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) encabezan en el país el Programa de Conservación Binacional del Lobo Mexicano (Canis lupus baileyi), que se realiza en colaboración con científicos de Estados Unidos.
El proyecto fue creado en 1976 con el objeto de evitar la extinción de esta especie, inicialmente a través de la reproducción en cautiverio de sus últimos miembros, para luego reintroducirlos en su hábitat natural original en los bosques templados del norte de México y del sur de la Unión Americana.
Habrá que recordar que durante la década de 1950 –a petición de asociaciones ganaderas de algunos estados del norte del país– el lobo mexicano sufrió una intensa campaña de exterminio por parte del gobierno federal mexicano apoyado por el Grupo de Control de Depredadores de US Fish & Wildlife Service.Cuando en 1976 el gobierno estadounidense aprobó el Acta Norteamericana de Especies en Peligro, aportando recursos económicos para restablecer géneros nativos en riesgo de extinción, el lobo mexicano fue incluido en ésta para su conservación. Entre 1978 y 1980 fueron capturados siete lobos en la Sierra Madre Occidental y trasladados al Sonora-Arizona Desert Museum para iniciar el Programa Binacional de Reproducción en Cautiverio.
Para 1988 un grupo de científicos mexicanos y estadounidenses había logrado una población de cerca de 200 ejemplares, número suficiente para iniciar el proceso de reintroducción en el medio silvestre, éste se llevó a cabo en parques nacionales de Arizona y Nuevo México, donde a la fecha existe una población de aproximadamente 60 lobos mexicanos.
El doctor Jorge Servín Martínez, investigador del Departamento del Hombre y su Ambiente en la Unidad Xochimilco, ha coordinado en los últimos 10 años al grupo de especialistas mexicanos que participa en el programa binacional, equipo que se encarga de llevar a cabo los trabajos científicos y técnicos dirigidos a reproducir y mantener una población genéticamente sana en cautiverio y en una siguiente fase a reintroducirlos en sus áreas originales de distribución histórica.
El profesor informó que la meta de mantener una población de lobo mexicano genéticamente sana se logra por medio del intercambio de ejemplares México-Estados Unidos, al formar parejas reproductivas cuyos descendientes tengan una alta variabilidad genética, cuidando así que la población cautiva no caiga en la endogamia.
Los zoológicos, albergues y reservas naturales (55 centros en ambos países) donde se protege, reproduce y maneja al lobo mexicano son la piedra angular para el éxito del Programa Binacional de Conservación.
Estos espacios poseen lobos genéticamente valiosos, por lo cual todos los años los responsables de cada centro se reúnen para decidir la conformación de las parejas reproductivas, seleccionando especímenes que aseguren la preservación de las características genotípicas y fenotípicas de la especie nativa dentro de la población cautiva y se tengan individuos aptos para su futura reintroducción al medio silvestre.
En los últimos años el equipo de científicos mexicanos centra su trabajo en la elección de áreas que tengan las características ecológicas y sociales adecuadas para la reintroducción de grupos reproductivos de lobos mexicanos, asegurándose que cuenten con oportunidades de sobrevivir y establecerse como poblaciones silvestres.
En estos estudios, iniciados en el 2000, el equipo científico nacional que conduce Servín Martínez realizó prospecciones de campo para determinar las áreas de distribución histórica de esta especie, para efectuar una evaluación sobre la abundancia de poblaciones de especies que sean presas potenciales para el lobo mexicano (venados, pecaríes y guajolotes silvestres, entre otros) y una valoración acerca de la percepción de las comunidades rurales ante la posibilidad de reintroducir lobos en sus tierras.
Las investigaciones (financiadas por las comisiones nacionales de Áreas Naturales Protegidas y la para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad) revelaron que la distribución histórica del lobo mexicano en el país se dio en los bosques templados. Tomando en consideración esta información se indagó la cantidad y calidad de este tipo de bosques en el país, ya que los planes y necesidades de la reintroducción exigen superficies de no menos de 10 mil kilómetros cuadrados poco fragmentadas.
Los estudios determinaron que aún existe el hábitat adecuado para que el lobo mexicano regrese a la naturaleza, pero estas áreas se están deteriorando rápidamente: se calculó una pérdida de 60 por ciento de su extensión y se advirtió que sólo en la Sierra Madre Occidental se conservan grandes extensiones, pues los otros sistemas montañosos de México se han fragmentado, fundamentalmente por los cambios de suelo hacia las actividades agropecuarias.
Por lo que parte de las recomendaciones de los expertos para lograr el éxito de este programa será solicitar a las autoridades ambientales que los bosques templados se consideren áreas prioritarias de conservación.
Con base en el análisis espacial efectuado se identificaron seis áreas que cubrían los requerimientos para la reintroducción exitosa del lobo (topografía, altitud, tipos de vegetación, abundancia de fauna y baja densidad de población humana), cuatro de ellas en la Sierra Madre Occidental (Chihuahua, Durango, Sonora y Zacatecas) y dos en la Sierra Madre Oriental (Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas).
Los polígonos definidos son ya del conocimiento de las autoridades de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), institución federal que deberá autorizar el programa de reintroducción y dar continuidad al establecimiento de poblaciones silvestres de lobos mexicanos en los años subsecuentes.
En el mismo tenor y para incrementar las posibilidades de éxito del programa de conservación, se propone establecer programas de educación ambiental para que las comunidades perciban la vida silvestre como un valor natural que les puede ayudar a tener una mejor calidad de vida a través del pago por servicios ambientales y el desarrollo de proyectos productivos centrados en la conservación y el manejo de la fauna silvestre.